martes, 17 de diciembre de 2019

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (XLIX) - De Belén al Calvario (AAB) - (IV)



Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XLVIII)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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De Belén al Calvario -AAB- (1937)


“Los cuatro signos Tauro, Leo, Escorpio y Acuario, constituyen preeminentemente la cruz del alma, la cruz sobre la cual la segunda Persona de la divina Trinidad es crucificada. Cristo personificó en Su misión esos cuatro aspectos, y como Cristo cósmico, ejemplificó en Su persona las cualidades que cada uno de esos signos representa. Hasta el hombre primitivo, poco evolucionado e ignorante, tenía conciencia de la significación del espíritu cósmico inmolado en la materia y crucificado en la cruz de cuatro brazos. Se dice que los primitivos seres humanos.

“...aceptaban, tras largos años de creencia, que el sol moría anualmente y era llevado a través de las grandes aguas hasta el sur, y sepultado en la tiniebla del solsticio de invierno, lo que ahora se conoce como el 22 de diciembre. Observaron que siglo tras siglo desde el 22 al 25 de diciembre los días no se acortaban ni se alargaban, pero que desde el 25 de diciembre comenzaban anualmente a aumentar leve y progresivamente la luz, cada día algo más, el frío disminuía y retornaba el calor, la luz y la alegría, así la naturaleza entera se liberaba de lo que parecía muerte y dolor. (*)” (499)

(*) Astrology of de Old Testament,de Anderson.

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““El cristianismo de Jesucristo no resalta la ira de Dios, ni la imposición de Su castigo, sino que ve, sobre todo, Su amor y Su ilimitado perdón de las flaquezas humanas. Las supuestas referencias directas sobre el infierno, expuestas por Nuestro Señor en el Evangelio de San Mateo, el último y menos digno de confianza de los Sinópticos, no están corroboradas en ninguno de los registros anteriores de las palabras de Cristo, mientras que la ‘ira de Dios’ sólo se menciona en un comentario editorial en el último Evangelio, el de San Juan. Ciertamente, la entera concepción de un Lugar de Tormentos donde los malvados serán castigados con sufrimientos físicos y por un Dios iracundo, una especie de mezcla de policía, magistrado, carcelero y verdugo, no pueden encontrarse en las ideas de Jesús, sino que corresponden a una era primitiva, y es indigno de nuestra moderna inteligencia.” Lo subrayado me pertenece. A.A.B. (*)” (500)

(*) Arthur Weigall, The Paganism in Our Christianity, págs. 247, 248.

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““Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora, y no sólo ella, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción de la redención de nuestros cuerpos.”(*)” (501)

(*) Ro. 8:16, 24.

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“El actual cristianismo ha heredado la mayoría de sus interpretaciones de los primitivos tiempos, y los instructores e intérpretes de entonces estaban tan esclavizados por las antiguas creencias, como nosotros por las interpretaciones dadas al cristianismo durante los últimos dos mil años. Cristo enseñó que debemos morir para vivir como Dioses, por eso murió. Sintetizó en Sí Mismo todas las tradiciones del pasado, porque “no sólo cumplió lo establecido en las Escrituras judaicas, sino también las del mundo pagano, y ahí radicó la gran atracción ejercida por el cristianismo primitivo. En Él se condensaba, en una aparente realidad, una docena de Dioses indefinidos, y en Su crucifixión, las antiguas leyendas de Sus sufrimientos expiatorios y muertes sacrificadas, se actualizaron y tuvieron un sentido directo”.(*) Pero Su muerte fue también el acto de consumación de una vida de sacrificio y de servicio y el resultado lógico de Su enseñanza. Los precursores y quienes revelan a los hombres el siguiente paso, los que se presentan como intérpretes del Plan divino, son inevitablemente repudiados y generalmente mueren como resultado de su valeroso pronunciamiento. Cristo no constituyó una excepción a esta regla. “Los pensadores cristianos avanzados de hoy, consideran la Crucifixión de nuestro Señor, el sacrificio supremo realizado por Cristo en pro de los principios de Su enseñanza. Fue el acto culminante de Su heroica vida y proporciona un ejemplo tan sublime al género humano, que la meditación sobre Él produce una unificación con la Fuente de origen de todo lo bueno”.(**)” (502)

(*) The Paganism in Our Christianity, de Arthur Weigall, pág. 158
(**) The Paganism in Our Christianity, de Arthur Weigall, pág. 166

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“Esto es lo que vino a hacer Cristo, mostrarnos la naturaleza de la vida “salva”, demostrarnos la cualidad del Yo eterno, que reside en todo hombre; ésta es la lección de la Crucifixión y la Resurrección: la naturaleza inferior debe morir para que la superior pueda manifestarse y el alma inmortal y eterna que reside en todo hombre, resucite de la tumba de la materia. Es interesante buscar el origen de la idea de que los hombres deben sufrir en este mundo cómo consecuencia del pecado. En Oriente, donde prevalecen las doctrinas de la reencarnación y del karma, el hombre sufre como consecuencia de sus propios actos y pecados, y se “ocupa de su salvación con temor y temblor”.(*) Según las enseñanzas hebreas, el hombre sufre por los pecados de sus antepasados y de su país, dando así asidero a una verdad que recién ahora empieza a ser una realidad establecida, la verdad de la herencia física. Bajo la enseñanza cristiana, Cristo, el hombre perfecto, sufre con Dios, porque Dios amó tanto al mundo que, inmanente en éste, como lo está, no podía disociarse de las consecuencias de la flaqueza y de la ignorancia humanas. De este modo la humanidad adjudica un propósito al dolor y eventualmente es vencido el mal.” (503)

(*) Fil., 2:12.

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“Aprendemos que esa Presencia puede ser liberada en nosotros únicamente por la muerte de la naturaleza inferior, y esto es lo que siempre ha proclamado Cristo desde Su Cruz. Comprendemos cada vez más que la “fraternidad de Sus sufrimientos”, significa ascender a la Cruz con Él y compartir constantemente la experiencia de la Crucifixión. Vamos alcanzando el conocimiento de que el factor determinante de la vida humana es el amor, y que “Dios es amor”.(*) Cristo vino a demostrar que el amor es el poder motivador del universo. Sufrió y murió porque amó, y tanto Se preocupó por los seres humanos, que les mostró el Camino que debían seguir, desde la caverna del Nacimiento al Monte de la Transfiguración, y de allí a la agonía de la Crucifixión, para poder participar también de la vida de la humanidad y transformarse a su vez en salvadores de sus semejantes.

“El instinto general de un Dios benévolo a Quien el sufrimiento por causa nuestra no le es desconocido, es natural y está de acuerdo con la realidad. Más de una vez en el Calvario, tiene lugar esta ineludible comunión de sufrimientos. Porque todo ser sufriente y todo pecador es análogo a un nervio enfermo o herido del cuerpo de Dios. No en una sola crucifixión, considerada excepcional, sino en toda la triste historia de la infidelidad humana, hallamos sufrientes vicarios, cuyo sufrimiento es parte del sufrimiento de Dios.”(**)” (504)

(*) I Jn., 4:8.
(**) The Divinity in Man, de J. W. Graham, pág. 62.

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““Después de todo, nos damos cuenta ahora que el sacrificio es la esencia misma de la vida social. ‘Es conveniente que un hombre muera por el pueblo’: no solamente que un hombre muera, sino (lo que es más importante) que cada hombre debe estar preparado y dispuesto a morir por esa causa cuando surja la ocasión y la necesidad. Tomado en su significación e implicaciones más amplias, el sacrificio tal como se lo concebía en el mundo antiguo, era algo perfectamente razonable. Debería compenetrar más nuestra vida moderna, de lo que lo hace. Todo lo que tenemos o disfrutamos, fluye o está implicado en el dolor y sufrimiento de los demás, y si es que hay justicia en la naturaleza o en la humanidad, exige, de nuestra parte, una disposición equivalente para sufrir.”(*)” (505)

(*) Pagan and Christian Creeds, de Edward Carpenter, pág. 45.

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“La tarea principal de Cristo fue establecer el reino de Dios en la tierra. Él enseñó el camino por el cual la humanidad podría entrar en ese reino, sometiendo la naturaleza inferior a la muerte en la cruz y resucitándola por el poder del Cristo que mora en nosotros. Cada uno debe hallar solo el camino de la cruz y entrar en el reino de Dios por derecho de realización. Pero el camino se descubre sirviendo a nuestros semejantes, y la muerte de Cristo, vista desde cierto ángulo, fue la lógica consecuencia del servicio que había prestado. Servicio, dolor, dificultad y cruz —tales son las recompensas del hombre que antepone la humanidad a todo, y él mismo se pone en segundo término. Pero al hacerlo, descubre que la puerta del reino se ha abierto de par en par y puede entrar en él. Primero debe sufrir. Es el Camino. Hermann Keyserling (*) dice:

“... la ética cristiana fue la primera en percibir que el pecado y el sufrimiento no son simplemente cualidades negativas, sino medios de salvación; ... la relación personal hacia nuestro semejante es de mayor importancia que toda la justicia objetiva. Sin duda sólo lo que Jesucristo llama Amor es la religión personal con nuestro hermano que responde a la idea del bien. A esto debe agregarse un conocimiento posterior que llevará a resultados más profundos: el ‘yo’ no debe constituir su aspiración ultérrima. En realidad no la constituye, porque aquel que no puede extender su vida más allá de sus límites egoístas, encadena su naturaleza.”

Mediante el servicio y el sacrificio supremos nos convertimos en seguidores de Cristo y obtenemos el derecho de penetrar en Su reino, puesto que no entramos solos. Éste es el elemento subjetivo en toda aspiración religiosa y lo han comprendido y enseñado todos los hijos de Dios. El hombre triunfa por la muerte y el sacrificio. El párrafo siguiente aclara la idea:

“¿Y qué decir de la tercera categoría básica de la naturaleza, el elemento específicamente humano? ¿Cuál es la base trascendental del humanismo? ¿En qué consiste la marca característica de la humanidad?

“El elemento espiritual en el hombre ¿no es el que le revela su clara, triple y autosacrificada responsabilidad para el bienestar de todos los seres, de acuerdo a la íntima relación que tienen con él? ¿No es un sentido de deber universal, de compasión hacia el que sufre, de felicidad por quienes gozan, que hace que todo hombre trascienda su propia naturaleza humana?

“Al participar del sufrimiento y el goce de los demás, todo hombre es capaz de sufrir y gozar expiatoriamente. Tal es el elemento superhumano en el hombre, y allí llega al nivel ético y comprende su deber hacia el amor y su amor hacia el deber...

“Todas las grandes religiones del mundo, las más elevadas (islamismo, confucionismo, judaísmo, cristianismo, budismo, helenismo, hinduismo y zoroastrismo), proclaman por igual, que mediante el ‘sacrificio’ se ‘hace sagrado’ su yo finito, que el hombre afirma su Yo eterno, su espíritu superhumano.”(**)” (506)

(*) The Recovery of Truth, pág. 548.
(**) Eros arsd Psyche, de Benchara Branford, pág. 318.

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“Hemos hecho una tragedia de la Crucifixión, siendo que la tragedia real está en nuestro fracaso en reconocer su verdadera significación. La agonía en el Huerto de Getsemaní se basó en el hecho de que Cristo no fue comprendido. Muchos hombres sufrieron muertes violentas. En esto, Cristo no fue distinto de miles de personas de amplia visión y reformadores en el transcurso de las edades. Muchos han pasado por la experiencia de Getsemaní y oraron con igual fervor que Cristo para que se cumpliera la voluntad de Dios. Muchos más fueron abandonados por quienes esperaban ser comprendidos y participar en su tarea y en el servicio visualizado. En ninguno de esos aspectos Cristo fue el único. Pero Su sufrimiento está basado en Su visión, excepcional en su género. La falta de comprensión, de la gente y las interpretaciones distorsionadas que los posteriores teólogos darían a Su mensaje, sin duda fueron parte de Su premonición, del mismo modo que el conocimiento del énfasis puesto sobre Su persona como Salvador del mundo, retardaría, por siglos, la materialización del reino de Dios en la tierra, que debía fundarse de acuerdo con Su misión. Cristo vino para que toda la humanidad pudiera tener “vida más abundante”.(*) Hemos interpretado Sus palabras de que sólo los “salvos” podrían dar esos pasos necesarios para alcanzar esa vida. Pero la vida abundante no será una vida vivida en el más allá, en algún cielo distante, donde los creyentes disfrutarán de una vida de felicidad exclusiva, mientras que el resto de los hijos de Dios quedará fuera. La Cruz estaba destinada a señalar la línea de demarcación entre el reino de los hombres y el reino de Dios, entre un gran reino de la naturaleza que había alcanzado su madurez y otro reino de la naturaleza que ahora podía entrar en su ciclo de actividad. El reino humano había evolucionado hasta el punto de producir un Cristo y otros hijos de Dios, cuyas vidas fueron testimonio constante de la naturaleza divina.” (507)

(*) Jn. 10:10..

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“Es tiempo de que la Iglesia despierte a su verdadera misión, que es materializar el reino de Dios en la tierra, hoy, aquí y ahora. Ha pasado el momento de hacer hincapié en un reino futuro. A la gente ya no le interesa un posible estado celestial o un probable infierno. Debe aprender que el reino está aquí y debe expresarse en la tierra. Tal reino está integrado por quienes cumplen la voluntad de Dios, a cualquier costo, como Lo hizo Cristo, y pueden amarse unos a otros como Cristo nos amó. El camino hacia ese reino es el camino que Cristo recorrió. Implica el sacrificio del yo personal por el bien del mundo y el servicio a la humanidad, en vez del servicio a nuestros propios deseos. En el transcurso de la enunciación de esas nuevas verdades concernientes al amor y al servicio, Cristo perdió Su vida. El canónigo B. H. Streeter,(*) dice que “el significado y valor de la muerte de Cristo, surge de Su cualidad interna. Es la manifestación expresada externamente, de una autodedicación, libremente elegida, sin mezquindad ni reservas, al servicio más elevado de Dios y del hombre. El sufrimiento incidental de esa propia ofrenda es moralmente creador.”” (508)

(*) The Buddha and the Christ, pág. 215

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““El drama del Calvario se vuelve a representar en toda alma que alcanza la conciencia espiritual. Hasta que el Hijo de Dios no resucite victorioso en nosotros, sobre el viejo Adán —el yo que dice: ‘no Tú, sino yo’— poco habrá hecho por nosotros el Cristo de antaño... La dulce historia de antaño deberá ser nuestra propia historia, repetida en nosotros. El Niño Cristo debe nacer nuevamente en nosotros, crecer y actuar allí, sufrir y morir para el mundo; elevarse en poder en nosotros y ascender al eterno Padre.”(*)” (509)

(*) Dr. R. J. Campbell, Crucified with Christ, Sermón.

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“Este sentido del fracaso del amor constituye el principal problema de la agonía en el Huerto. Este sentido de la lucha con las fuerzas del mundo, Le permitió a Cristo unirse con todos Sus hermanos. Los hombres Le habían fallado, como nos fallan a nosotros. Cuando más necesitaba de la comprensión y de la fuerza que da el compañerismo, Sus amigos más íntimos y queridos Lo abandonaron o se durmieron, ajenos a Su agonía mental. “El Conflicto de Prometeo es la lucha que tiene lugar en la mente humana, entre el anhelo por comprender y la atracción más inmediata de los efectos y deseos vivientes, condicionados por la buena voluntad y el apoyo de nuestros semejantes. Mientas existen los deseos por obtener la felicidad de los seres queridos, el alivio del dolor y el desengaño en las mentes, no se puede comprender el sueño interno, ni dar seguridad a los honores mundanos. Este conflicto es la roca en la que zozobra la mente religiosa y está en conflicto consigo mismo”.77 Cristo no naufragó contra esta roca, pero pasó momentos de intensísima agonía, hallando alivio únicamente en la comprensión de la paternidad de Dios y su corolario, la hermandad de los hombres. “Padre” dijo, y fue este sentido de la unidad con Dios y con Sus semejantes lo que Le llevó a instituir la Última Cena, para iniciar el servicio de comunión, cuyo simbolismo se ha perdido desastrosamente en la práctica teológica. La nota clave de ese servicio de comunión era la fraternidad. “Sólo así Jesús crea la fraternidad entre nosotros. No lo hace como símbolo... ; mientras no seamos mutuamente con Él una sola voluntad y antepongamos el Reino de Dios sobre todas las cosas, y sirvamos en nombre de esta fe y esperanza, no habrá fraternidad entre Él y nosotros, y los hombres de todas las generaciones que vivieron y viven con idéntico pensamiento”.”(*)” (510)

(*) The Mystery of the Kingdom of God, de A. Schweitzer, pág. 56.

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(499) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 1 (pág. 186)
(500) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 1 (pág. 191)
(501) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 2 (pág. 192)
(502) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 2 (pág. 198)
(503) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 2 (pág. 202)
(504) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 2 (pág. 204)
(505) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 2 (pág. 209)
(506) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 2 (pág.)
(507) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 3 (pág.)
(508) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 3 (pág.)
(509) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 3 (pág.)
(510) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 3 (pág.)





domingo, 1 de diciembre de 2019

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (XLVIII) - De Belén al Calvario (AAB) - (III)



Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XLVII)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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De Belén al Calvario -AAB- (1937)


“Muchos interrogantes surgen en la mente del hombre inteligente, y numerosos han sido los comentarios que se han escrito para establecer el punto de vista particular de cada pensador. No es propósito de este libro tratar el difícil tema del mal, ni definir las veces que Cristo actuaba como hombre y cuándo lo hacía como Hijo de Dios. Algunos creen que fue simultáneamente ambas cosas y que “era el Dios de Dios Mismo”(*1) y, sin embargo, al mismo tiempo esencial y completamente humano. La gente afirma estas cosas, pero tiende a olvidar las implicaciones. Afirma con decisión su punto de vista, pero omite llevar su actitud a una conclusión lógica. Lo que se infiere es que nos permite conocer la tentación para aprender, como seres humanos, una lección necesaria; estudiemos por lo tanto esa historia desde el ángulo de la humanidad de Cristo, no olvidando que Él había aprendido a obedecer al espíritu divino, el alma en el hombre, y que tenía el control de Su cuerpo de manifestación. Beverley Nichols(*2) hace el siguiente comentario:

Una de las primeras cosas que sabemos de Cristo en La Biblia, es que fue tentado por el demonio. ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan’. Así le habló el demonio en el árido desierto, después que Cristo hubo ayunado durante cuarenta días. El hecho que Cristo pasara sobre ésta y todas las demás tentaciones, no nos prueba que fuera inmune a la tentación. Si no hubiera sentido las torturas del hambre, no habría mérito alguno en la respuesta que se le arrancó: ‘Escrito está, no sólo de pan vivirá el hombre’. Hubiera sido meramente una moralización vacua, llevada y olvidada por el viento del desierto.

“Lo mismo ocurrió durante Su agonía en el huerto. No sólo poseía la capacidad del hombre común de sentir el dolor, sino también la de temerlo. Sabía demasiado bien los horrores que Le esperaban en la cruz y Su cuerpo reaccionaba de acuerdo a ello. Cuando elevó la conmovedora súplica: ‘Padre mío, si Tú lo decides aparta de mí este cáliz...'; se dice que cuando oraba, ‘su sudor, como grandes gotas de sangre, caía al suelo’.”

Cristo fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.(*3) Cristo tomó cuerpo humano y estuvo sujeto a las condiciones humanas en que también estamos; sufrió y agonizó, sintió exasperación, fue condicionado por Su cuerpo, Su medio ambiente y la época, como todos nosotros. Por haber aprendido a dominarse y porque la rueda de la vida había terminado para Él, podía enfrentar esta experiencia y hacer frente al mal y triunfar. De ese modo nos enseñó a enfrentar la tentación, nos mostró lo que debíamos esperar como discípulos que se preparan para la iniciación y también el método por el cual el mal se convierte en bien. Enfrentó la tentación, no con una gran técnica o revelación nueva, sino simplemente recurriendo a Lo que sabía de lo que se Le había dicho y enseñado. Encaró a la tentación, con la frase: “Escrito está” (*4) y no empleó nuevos poderes para combatir al demonio. Simplemente utilizó el conocimiento que poseía. No empleó los poderes divinos para vencer al Mal. Sencillamente empleó los que todos poseemos —el conocimiento adquirido y las milenarias reglas. Lo conquistó, porque había aprendido a vencerse a Sí Mismo. Era el amo de las condiciones de esa época, porque había aprendido a dominarse a Sí Mismo. El Dr. Grensted (*5) dice:

“El razonable argumento de que los cristianos hayan elegido al Cristo como la revelación del misterio del universo, es simplemente porque en Su vida vemos surgir los problemas de nuestras propias vidas al obtener una personalidad incomparable y completa. No se pueden evitar las temibles e irracionales realidades del mal y de la muerte. Hay sufrimiento, tentación y hasta la sombra de un fracaso. Sin embargo, todo eso está representado de tal forma en las narraciones del Evangelio, que forman un cuadro consistente de Quien fue completamente dueño de Su propia alma. Sabemos, a medida que leemos la historia de Su vida, que así es la humanidad en su nivel más elevado, y que, aunque tales alturas están absolutamente fuera de nuestro alcance, también sabemos que Él ha revelado el propósito y las posibilidades de nuestras vidas, inconmensurablemente menos efectivas.” (489)

(*1) Athanasian Creed.
(*2) The Fool Hath Said, págs. 211, 212.
(*3) He., 4:15.
(*4) Mt., 4:4, 7, 10.
(*5) Psychology and God, pág. 240.

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“…Toda la existencia del hombre, como hombre, transcurre oscilando entre estos pares de opuestos, hasta que con el tiempo se alcanza el equilibrio y desde ese momento el hombre marcha hacia lo divino. Podría ser de valor reflexionar a veces, extensa y profundamente, sobre esos dos extremos de la existencia humana: el bien y el mal, la luz y la tiniebla, la vida y la forma, el espíritu y la materia, el yo y el no-yo, lo real y lo irreal, la verdad y la falsedad, lo correcto y lo incorrecto, el placer y el dolor, el anhelo y la inercia, el alma y la personalidad, Cristo y el demonio. …” (490)

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“El problema de la curación, que absorbe la atención de tantos miles de personas en esta época, es demasiado amplio para ser tratado aquí, y es mucho más complicado de lo que el curador común o los grupos de curación perciben. Únicamente señalaré dos cosas:

Una, la afirmación de que toda enfermedad es el resultado de pensamientos erróneos, no debe ser aceptada con demasiado apresuramiento. Hay demasiadas enfermedades en otros reinos de la naturaleza —animal, vegetal, mineral— y las sufren como los seres humanos, y estos reinos antedatan a la aparición de la familia humana sobre la tierra. Otra, la afirmación de que somos divinos nos da, por lo tanto, derecho a una buena salud, lo cual puede ser verdad cuando se expresa realmente la divinidad, pero no por la afirmación en sí, sino por el contacto egoico consciente e inteligentemente organizado. Esto trae como resultado una vida como la de Cristo, sólo preocupada e interesada por los demás, sin pensar en el yo.” (491)

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“En un comentario sobre El Bhagavad Gita, ese supremo argumento de la vida del todo, sublimada y fusionada en la divinidad, Charles Jonhston (*) dice:

“Pareciera que la verdad fuera, en cierta etapa de la vida espiritual, el vehemente discípulo que ha tratado de poner en todas las cosas su alma en armonía con la gran Alma, que ha procurado asemejar su voluntad a la Voluntad divina, pasando una notable experiencia espiritual en que la gran Alma lo atrae hacia arriba, y la Voluntad divina eleva su conciencia hasta la unicidad con la Conciencia divina. Durante un tiempo ya no percibe ni siente como persona, sino como Superalma, teniendo una profunda visión de los caminos divinos de la vida y sintiendo con el Poder infinito, que actúa por igual en la vida y en la muerte, en el dolor y en el placer, en la unión y en la separación, en la creación, en la destrucción y en la reconstrucción. El temor y el misterio que circunda a esta gran develación ponen su sello en todos los que han pasado por ella.”” (492)

(*) The Bhagavad Gita, pág. 128.

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“La vida del Cristo interno produce la transformación del cuerpo físico, pero aún en forma más profunda esa vida actúa sobre la naturaleza emocional sensoria y mediante el proceso de transmutación, convierte los deseos y sentimientos, los dolores y los placeres, en sus analogías superiores. Se ha definido la transmutación como “el paso de un estado de ser a otro, por medio del Fuego”.(*) Es conveniente, a este respecto, recordar que el triple hombre inferior, al que nos hemos referido con frecuencia en estas páginas, es un tenue reflejo de la Deidad Misma. El cuerpo físico está relacionado con el tercer aspecto de la divinidad, el Espíritu Santo, y podemos comprobar esta verdad si estudiamos el concepto cristiano de la Virgen María, influido por el Espíritu Santo, que es el aspecto de la divinidad, el principio activo de la materia, de la cual el cuerpo físico es la analogía. La naturaleza sensoria emocional es un tenue y distorsionado reflejo de la naturaleza amor de Dios, que el Cristo cósmico, la segunda Persona de la Trinidad, está empeñada en revelar, y este aspecto (transmutado por medio del fuego, la voluntad o espíritu de Dios) causa la transformación del cuerpo físico. A su vez la mente es el reflejo del aspecto superior de la deidad: el Padre o Espíritu, del que se ha dicho que “Dios es un fuego consumidor”.(**) La actividad liberadora de esta forma del espíritu de Dios, produce con el tiempo esa radiación (resultante de la transformación y la transmutación) característica distintiva de la iniciación de la Transfiguración. “La irradiación es la transmutación en proceso de realización. Siendo la transmutación el proceso de liberar la esencia, a fin de que busque un nuevo centro, podemos reconocer aquí el proceso de la radiactividad... en lo que a la humanidad concierne“.(***).” (493)

(*) Tratado sobre Fuego Cósmico, de Alice A. Bailey, pág. 395.
(**) Dt., 4:24.
(***) Tratado sobre Fuego Cósmico, de Alice A. Bailey, pág. 397.

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“Es importante estudiar aquí brevemente el lugar que les cabe a los discípulos en el relato de esta experiencia. En toda la historia bíblica, encontramos siempre esta triplicidad, Moisés, Aarón y Josué; Job y sus tres amigos; Shadrach, Meschach y Abesnego, los amigos de Daniel; los tres reyes de la cuna de Belén; los tres discípulos de la Transfiguración; las tres cruces del Calvario. ¿Qué significa esta constante repetición del tres? ¿ Qué simbolizan? Fuera de su posible aparición histórica, ¿hay detrás de ellos algún símbolo peculiar que pueda, cuando se comprenda, aclarar las circunstancias en que desempeñaron su parte? El estudio de sus nombres y su interpretación, según aparece en la conocida Cruden’s Concordance, pueden suministrarnos una clave. Tomemos, por ejemplo, el significado de los nombres de los amigos de Job, que fueron Eliphaz el Temanita, Bildad el Suhita y Sophar el Naamathita. El primer nombre significa “mi Dios es el oro” y también “el sector Sur”, el polo opuesto al norte. El oro es el símbolo del bienestar material y el polo opuesto del espíritu es la materia. Por lo tanto, en este nombre está simbolizada la forma externa tangible del hombre, activada por el deseo de posesiones materiales y comodidades. Sophar el Naamathita, significa “el que habla”, y su lema es afabilidad, interpretación dada a la palabra “Naamathita”. Tenemos aquí tipificado el cuerpo de deseos, con su ansia de agrado, felicidad y placer, e indicado, el llamado constante y eterno y la voz de la naturaleza de los sentidos, que todos podemos testimoniar. Bildad el Suhita, representa la naturaleza mental, la mente, y significa “contrición”, sólo posible cuando la mente empieza a estar activa (incluyendo la conciencia). Suhita quiere decir “postración o desamparo”, lo cual significa que la mente sola y sin ayuda, puede revelar pero no ayudar. El remordimiento y el dolor, que involucra la memoria, son el resultado de la actividad mental. De este modo, los tres amigos de Job, revelan los tres aspectos de su naturaleza inferior. Lo mismo ocurre cuando estudiamos los nombres de los tres amigos de Daniel. Abednego significa “servidor del sol”, servidor de la luz, y resume el propósito y el deber del hombre físico externo. El nombre Sadrach tiene una significación definidamente emocional y sensoria, porque quiere decir “me regocijo en el camino”, y dondequiera que encontremos referencia a las dualidades básicas del placer y el dolor, consideraremos la naturaleza emocional sensoria. Mesach significa “ágil”, ligero de movimientos, que es en sí una buena descripción de la naturaleza mental. Arjuna,(*) indica en sus palabras a Krishna: “De esta unión por medio de la unicidad que Tú enseñas... no percibo su sólido fundamento, debido a las oscilaciones de la mente; porque la mente oscila, oh Krishna, es turbulenta, impetuosa y violenta, y creo tan difícil de dominar como el viento”. (494)

(*) El Bhagavad Gita, Libro VI, Vers. 33, 34.

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““... Ningún hombre, por talentoso que sea, puede estar tan embebido del espíritu de Cristo (lo que constituye un fenómeno espiritual y no mental), que le otorgue autoridad para dogmatizar acerca de Él. Esto podrá parecer intolerable al libre pensador común, pero en realidad es verdad. El hombre que no haya experimentado realmente la presencia interna de Cristo, ni reclamado Su promesa, “estaré siempre contigo”, que no comprenda con absoluta seguridad que es infinitamente más real que cualquier placer o dolor terrenal, no puede saber lo que Cristo significó verdaderamente.“(*)”. (495)

(*) Beverley Nichola, The Fool Hath Said, pág. 225.

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“”Una de las principales características de la belleza que debe ponerse de manifiesto, es la de Ulises, con la gracia que le dieran las diosas por sus hazañas, y la de Afrodita, surgiendo de las olas. Si consultamos la filosofía, tendremos la confirmación de esto, pues parecería que la naturaleza, después de muchos dolores, llega a la existencia en un eterno momento conocido por ella, y mientras los capullos se abren y la juventud alcanza su eflorescencia, la belleza desciende sobre ellos. Lo latente es extraído por una ley secreta o por la autoexpresión, y voluntariamente o no, esta expresión es una proclamación pública, un instrumento para llamar la atención de todos hacia lo mejor de la naturaleza.“(*)”. (496)

(*) Mirage and Truth, de M. C. D’Arcy, C. J, pág. 116.

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“”El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y lo matarán, mas al tercer día resucitará.” (*)

Entonces ellos “entristecieron en gran manera”. Esta visión de Cristo, si escudriñamos los anales, presenta dos partes. Primero, tuvo la visión de la realización. El logro de la cima de la montaña, donde una gran experiencia espiritual quedaba atrás. Ahora tenía la visión de una consumación física en forma de entrada triunfal en Jerusalén. Pero iba acompañado por un presentimiento o premonición de que Su vida de servicio culminaría en la Cruz; Cristo vio claramente, tal vez por primera vez, lo que Le esperaba y en qué dirección Lo encaminaba Su servicio al mundo. La vía, dolorosa de los Salvadores del Mundo se extendía ante Él; el destino de todas las almas precursoras culminaba en ésta Su experiencia; Se vio a Sí Mismo rechazado; fue atado y engrillado y muerto, como ha sucedido a hijos de Dios menores que Él. El rechazo del mundo siempre precede a la aceptación del mundo. La decepción es una etapa en el camino a la realidad. El odio de quienes no están preparados todavía para reconocer el mundo de los valores espirituales, está siempre destinado a quienes están preparados. Cristo Se enfrentó con esto y, sin embargo, Él “afirmó Su rostro para ir a Jerusalén”.(**)”. (497)

(*)       Mt. 17:22, 23.
(** )Lc. 9:51.

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“¿Qué podemos, en consecuencia, dar al mundo al estudiar la vida de Cristo y mentalmente pasar con Él una iniciación tras otra? Podemos aspirar a esa grandeza de acción que redimirá nuestra mediocridad natural y revelará progresivamente la divinidad en cada uno de nosotros. Cada uno puede ser un faro de luz que señala el camino hacia el centro de donde surge la Palabra, y cada uno puede empezar a expresar en su vivir cotidiano, algunas de las cualidades de Dios, que Cristo representó con tanta perfección y Lo llevó triunfalmente, desde el Monte de la Transfiguración hasta el valle del deber y del servicio, permitiéndole seguir adelante, con firme determinación, hacia la experiencia de la Cruz, por el camino triunfal de la aclamación y los senderos dolorosos del abandono y la soledad.” (498)

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(489) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 3 (pág. 114)
(490) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 3 (pág. 120)
(491) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 3 (pág. 127)
(492) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 1 (pág. 147)
(493) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 1 (pág. 152)
(494) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 2 (pág. 157)
(495) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 2 (pág. 159)
(496) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 3 (pág. 164)
(497) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 3 (pág. 164)
(498) CAPITULO IV. La Tercera Iniciación... La Transfiguración en una Elevada Montaña. 3 (pág. 177)





viernes, 22 de noviembre de 2019

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (XLVII) - De Belén al Calvario (AAB) - (II)




Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XLVI)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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De Belén al Calvario -AAB- (1937)


“…Estrechamente asociadas con la constelación de Virgo, que se encuentra en el mismo sector del cielo, hay otras tres constelaciones, en las cuales está representada simbólicamente la historia del Niño que nacerá, sufrirá y volverá. Existe un grupo de estrellas denominado Coma Berenice, la Mujer con el Niño, los Centauros o el Centauro, y Boötes, nombre que en hebreo significa "el que viene". Ante todo, tenemos el niño nacido de mujer, y esa mujer es virgen: después está el centauro que siempre fue el símbolo de la humanidad en las antiguas mitologías, porque el hombre es un animal más un dios, por lo tanto, un ser humano. Después el que vendrá, descuella sobre todos ellos, influyéndolos, señalando la realización que se logrará por el nacimiento y la encarnación humana. Verdaderamente el libro ilustrado del cielo contiene la eterna verdad para los que tienen ojos para ver e intuición lo bastante desarrollada para interpretar. La profecía no está confinada a La Biblia solamente, sino que aparece ante los ojos de los hombres en la bóveda celeste.” (481)

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“Asociadas al libro de imágenes de los cielos, hay tres constelaciones, además de la de Virgo, simbolizadas por mujeres. Tenemos a Casiopeya, la Mujer Entronizada. Esta constelación es el símbolo de la etapa de la vida humana en la cual predomina y triunfa la materia y la forma, donde la vida divina interna está tan profundamente oculta que no hay signo de ella, controlando y rigiendo solamente la naturaleza material. Luego viene una etapa posterior en la historia de la raza y del individuo, donde encontramos a Berenice que surge simbólicamente, es decir, la Mujer que lleva al Cristo-Niño. En esta etapa la materia empieza a revelar su verdadera función, que es dar a luz al Cristo en cada forma. Cuando el giro de la gran rueda de la vida haya desempeñado su parte, entonces María puede salir de Nazaret, en Galilea, y dirigirse a Belén, para dar a luz al Salvador. Por último tenemos a Andrómeda, la Mujer encadenada, o la materia supeditada al alma. Así rige el Alma o el Cristo. Tenemos, primero, la materia dominante, entronizada y triunfante. Segundo, la materia como custodio de la divinidad, de la belleza y la realidad ocultas, preparada para traerlas a la existencia. Tercero, la materia como servidora de lo que ha nacido, el Cristo. Sin embargo, nada de esto se efectúa si no se emprende el viaje desde Nazaret, el lugar de la consagración, y desde Galilea, el lugar de la rutina cotidiana de la vida, y todo esto es cierto, ya se trate del Cristo cósmico oculto por la forma de un sistema solar, o del Cristo mítico oculto en la humanidad en el trascurso de las edades, o del Cristo histórico oculto dentro de la forma de Jesús, o el Cristo individual oculto en el hombre común. La rutina es siempre la misma: el viaje, el nuevo nacimiento, la experiencia de la vida, el servicio que debe prestarse, la muerte que debe sufrirse y, después, la resurrección para un servicio más amplio.

…/…

En la actualidad las muchedumbres viajan. La enseñanza del Sendero y del Camino a Dios, absorben hoy la atención de los aspirantes en el mundo. Estamos en el sendero de retorno a Belén, un Belén individual y racial. Estamos a punto de penetrar en la caverna donde tendrá lugar el nuevo nacimiento, y la etapa del largo viaje de la vida está casi completa. Este simbolismo es quizá más real de lo que creemos. El actual problema mundial lo constituye el pan, y nuestras inquietudes, perplejidades, guerras y luchas, se basan en el problema económico de cómo alimentar a los pueblos. Todo el mundo se ocupa ahora de la idea de Belén, del pan. En esta sutil implicancia hay una segura garantía de que así como anteriormente Cristo llegó a la Casa del Pan, así cumplirá Su palabra nuevamente, Se realizará a Sí mismo y retornará. La caverna, lugar de la oscuridad y del malestar, fue para María un lugar de dolor y de agotamiento. Esta historia de la caverna o establo del Nuevo Testamento, quizá sea más simbólica que ninguna otra en la Biblia. El viaje largo y penoso terminó en una oscura caverna. El largo y agotador viaje de la humanidad nos ha llevado hoy a un lugar muy difícil y desagradable. La vida del discípulo individual, antes de recibir la iniciación y pasar por la experiencia del nuevo nacimiento, es siempre de enormes dificultades y penurias. Pero en las tinieblas y en las dificultades se descubre al Cristo; allí puede, florecer la vida crística, y podemos presentarnos ante Él, como el Iniciador.” (482)

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“Cuando vieron brillar la estrella, los tres Reyes emprendieron el viaje, y cargados de regalos llegaron a Belén. Son los símbolos de esos discípulos en el mundo que están hoy dispuestos a prepararse para recibir la primera iniciación; trasmutar su conocimiento en sabiduría y ofrecer todo lo que poseen al Cristo interno.

Los regalos que llevaban constituyen el tipo específico de disciplina que debe seguirse a fin de entregar al Cristo, en el momento del nuevo nacimiento, dones que simbolizarán lo realizado. Los tres Reyes ofrecieron al infante Jesús tres regalos --oro, incienso y mirra. Analicemos por un momento la importancia específica que éstos tienen para el futuro iniciado individual. Los esoteristas dicen que el hombre es de naturaleza triple y esta verdad está apoyada por los sicólogos con sus investigaciones y experimentos. El hombre es un cuerpo físico viviente, una suma total de reacciones emocionales y también ese algo misterioso que llamamos mente. Las tres partes del hombre: física, emocional y mental, tienen que ofrecerse en sacrificio y adoración, como dádiva voluntaria al “Cristo interno", antes que el Cristo pueda expresarse por medio del discípulo y del iniciado, como Él anhela hacerlo. El oro es un símbolo de la naturaleza material que debe ser consagrado al servicio de Dios y del hombre. El incienso simboliza la naturaleza emocional, con sus aspiraciones, deseos y anhelos, y esta aspiración debe elevarse, como el incienso, hasta los pies de Dios. El incienso es también símbolo de purificación, ese fuego que consume toda la escoria y deja la esencia para que Dios la bendiga. La mirra o la amargura, se relaciona con la mente. Por medio de la mente sufrimos como seres humanos, y cuanto más progresa la raza y se desarrolla la mente, tanto mayor es nuestra capacidad de sufrimiento. Pero cuando el sufrimiento se ve en su verdadera luz y se lo dedica a la divinidad, puede empleárselo como instrumento de mayor acercamiento a Dios. Entonces podemos ofrecer a Dios ese raro y maravilloso don de una mente que ha alcanzado la sabiduría por el dolor, y de un Corazón que se ha hecho bondadoso por la zozobra y las dificultades superadas.

A medida que estudiamos el significado de esas tres ofrendas presentadas al niño Jesús por los antiguos discípulos, y al observar su significado en lo que respecta a nuestra situación individual, resulta igualmente evidente que la humanidad, como raza, está hoy ante el niño Jesús en la Casa del Pan, al final de un largo viaje, y puede ofrecer, si lo desea, los dones de la vida material, los de la purificación, por medio de los fuegos de la adversidad y el sufrimiento a que estuvo sometida. La humanidad puede viajar desde Galilea vía Nazaret. El oro, objeto que hoy parece ser la sangre vital de los pueblos, debe consagrarse a Cristo. El incienso, los sueños, las visiones y aspiraciones de la multitud, tan reales y profundos que todas las naciones luchan por expresarlos, deben también dedicarse y ofrecerse al Cristo para ser Él el todo en todos. El dolor y sufrimiento y la agonía de la humanidad, nunca tan agudas como ahora, debe ofrendarse a los pies del Cristo. Hemos aprendido mucho. Que el significado de todo esto penetre en nuestros corazones y en nuestras mentes y que la razón del dolor nos impulse a ofrecerla como nuestra máxima dádiva a Cristo. El dolor siempre acompaña al nacimiento. En el aposento donde se produce un nacimiento hay sufrimiento. Su comprensión despierta en las mentes de quienes meditan sobre el sufrimiento y la agonía del mundo, un optimismo profundo y constructivo. ¿No podría indicar que los dolores de parto preceden a la revelación de -Cristo?.” (483)

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“Por el amor y la práctica amorosa probamos nuestra iniciación en los misterios. Nacidos en el mundo de amor de Belén, la nota clave de nuestras vidas, desde ese momento, debe ser la obediencia a lo más elevado que hay en nosotros, el amor a todos los seres, y la total confianza en el poder del Cristo inmanente, para expresar (por medio de la forma externa de nuestra personalidad) una vida de amor. La vida de Cristo debe ser vivida hoy y, oportunamente, por todos. Es una vida de regocijo y alegría, de pruebas y de problemas, pero su esencia es amor y su método, el amor.

"Los hombres de fe, los hombres felices, los hombres con luz en los ojos y un canto en sus corazones, dicen que Dios dio mucho más que una señal en los cielos, o una vislumbre de un fulgurante pergamino. Dio una vida y murió por nosotros. Dicen que tomó sobre Sí el dolor y la desesperación del mundo, disipándolos en un solo sacramento de amor." (*)” (484)

(*) The Fool Hath Said, de Beverley Nichols, pág. 48.

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“En la evolución de la raza, se desarrolla primeramente la naturaleza sensoria, y el agua siempre ha sido el símbolo de esa naturaleza. La naturaleza fluida de las emociones y el cambio constante entre el placer y el dolor, las tormentas que surgen en el mundo del sentimiento; y la paz y la calma que pueden descender sobre el hombre, hacen del agua el símbolo más adecuado para este sutil mundo interno de la naturaleza inferior, en el que vivimos la mayor parte de nosotros y en el que nuestra conciencia está enfocada predominantemente. El hombre o la mujer común, es especialmente una mezcla de las naturalezas física y emocional; todas las razas primitivas presentan esta característica, y es probable que en la antigua Atlántida la civilización estuviera centrada en los sentimientos y deseos, en las emociones y —en los tipos más avanzados de esa raza— en el corazón. Juan el Bautista, por lo tanto, dio el bautismo por el agua, que testimoniaba la purificación de la naturaleza emocional, que siempre debe ser el paso preliminar a la purificación por el fuego.” (485)

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““El Espíritu Santo es fuego. Ahora bien, cualquiera sea el significado del emblema de las cláusulas precedentes y subsiguientes (extraídas de Mt. 3:2), el texto sólo puede tener un significado, es la influencia purificadora del Espíritu de Dios. El bautismo por el Espíritu Santo y el fuego, no son dos cosas distintas, sino que el primero es la realidad de la cual el último es el símbolo. Será de valor tratar brevemente la fuerza del símbolo. El fuego en el mundo entero representa la energía divina. Las Escrituras lo emplean desde el principio... Tenemos así, una ininterrumpida cadena de simbolismos, según los cuales, algunos aspectos de la naturaleza divina y especialmente el Espíritu de Dios, es presentado por el fuego. Surge el interrogante ¿cuál es ese aspecto? En respuesta, les recordaré que los atributos y obras del Espíritu de Dios nunca se representan en las Escrituras como destructores, sino sólo punitivos, hasta donde el reconocimiento del pecado, que Él inculca en el corazón, puede considerarse como castigo. El fuego del Espíritu de Dios, en todos los casos no es una energía iracunda que inflige dolor y muerte, sino omnipotencia misericordiosa que trae consigo luz, gozo y paz.” (*)” (486)

(*) Sermons, de A. Maclaren, Serie 2ª, págs. 229, 231.

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“Dos cosas suceden en la iniciación: el iniciado descubre a sus hermanos iniciados con quienes puede asociarse, y también la misión que se le ha confiado. Se da cuenta de su divinidad en un sentido nuevo y real, no simplemente como una profunda esperanza espiritual o posibilidad hipotética y un anhelo de su corazón. Sabe que es hijo de Dios, por lo tanto se lo reconocerá como tal. Éste fue el caso sorprendente de Jesucristo. Su tarea surgió con todas sus temibles implicaciones ante Sus Ojos, y sin duda esta causa lo llevó a internarse en el desierto. El ansia de soledad, la búsqueda de esa quietud donde la reflexión y la determinación pueden vigorizarse mutuamente, fue el resultado natural de ese reconocimiento. Vio lo que debía hacer —servir, sufrir y fundar el reino de Dios. La expansión de conciencia fue inmediata y honda. El profesor Schweitzer (*) dice al respecto:

“Acerca del anterior desarrollo de Jesús nada sabemos. Todo queda en la oscuridad. Sólo una cosa es segura: en Su bautismo Le fue revelado el secreto de Su existencia, es decir, que era Él a quien Dios había destinado ser el Mesías. Con tal revelación, quedó integrado, no requiriendo ulteriores desenvolvimientos. Porque en ese momento se Le aseguró que, hasta el inminente advenimiento de la hora mesiánica en que se Le revelaría Su dignidad gloriosa, debía trabajar para el Reino como el Mesías oculto o desconocido, probarse a Sí Mismo y purificarse, conjuntamente con Sus amigos, para Su dolor final.”

Para Jesús, como hombre, fue probablemente un descubrimiento intranquilizador. Oscuros presagios del sendero que Él debería hollar, algunas veces habrán acudido a Su mente, pero todas sus implicancias y la imagen del camino que tenía por delante, no pudieron surgir en Su conciencia en toda su plenitud hasta haber pasado la segunda iniciación, en la que Su purificación fue total. Entonces Se enfrentó con la vida de servicio y con las dificultades que aparecen en el sendero de todo consciente hijo de Dios. El autor citado anteriormente dice:

“En la conciencia mesiánica de Jesús, la idea del sufrimiento adquirió, en lo que a Él atañe, una misteriosa significación. El mesianismo, del cual fue consciente en Su bautismo, no era una posesión ni un simple objeto de expectativa, pero en el concepto escatológico se daba por hecho, que mediante la prueba del sufrimiento debía convertirse en lo que Dios Le había destinado que fuera. Su conciencia mesiánica nunca careció de la idea de la Pasión. El sufrimiento es el camino hacia la revelación del mesianismo.” (**)

La entera vida de Cristo fue una prolongada vía dolorosa, pero siempre estuvo iluminada por la luz de Su alma y por el reconocimiento del Padre. Según registra El Nuevo Testamento, Su vida se dividió en períodos y ciclos definidos, y aunque, por supuesto, los detalles de lo que debía hacer se Le revelaban en forma progresiva, toda Su vida constituyó un gran sacrificio, una gran experiencia y un propósito definido. Este objetivo definido y esta consagración del entero hombre a un ideal, indican un estado de iniciación. Todos los acontecimientos están relacionados con el cumplimiento de la tarea de la vida, la cual adquiere una verdadera significación. Ésta es la lección que todos nosotros no iniciados y aspirantes podemos ahora aprender y empezar por decir: “Cuando contemplo el pasado, la vida no es para mí una sucesión de experiencias, sino una gran experiencia, iluminada aquí y allí por momentos de revelación”. (***)” (487)

(*) The Mystery of tke Kingdom of God, pág. 354.
(**) The Mystery of the Kingdom of God, pág. 223.
(***) A Pilgrim’s Quest for the Absolute, de Lord Conway of Allington, pág. 8.

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“En esta inherente y divina luz latente y también emanando de Dios, Cristo tuvo la visión que le demostró su Filiación, su Mesianismo y el sendero de sufrimiento. Esta visión es herencia y revelación de cada discípulo individual. Esta revelación mística puede percibirse, y una vez percibida constituye una realidad a menudo inexplicable, pero una realidad definidamente clara e ineludible. Proporciona al iniciado la confianza y el poder para seguir adelante. Es efectiva en nuestra experiencia y es la raíz de toda nuestra consistencia y también inexpugnable servicio futuro. Sobre esta base, marchamos valientemente de lo conocido a lo desconocido. Es finalmente inefable, porque subraya nuestra divinidad, está fundamentada sobre la cualidad divina y emana de Dios. Es una vislumbre del reino de Dios y una revelación del sendero que debemos hollar en nuestro camino hacia Él. Constituye una expansión que nos permite comprender que “el reino de Dios es un estado del alma, que proviene del espíritu y se refleja en el cuerpo”(*1).

…/…

“El primer paso hacia este reino(*2) es por medio del nuevo Nacimiento y el segundo por el bautismo de la Purificación. Es un proceso para adquirir las características del reino y lograr gradualmente esa madurez que caracteriza al ciudadano de ese reino. Cristo lo testimonió en el bautismo, donde alcanzó la madurez, dándonos un ejemplo, y mediante Su paso triunfal por las tres tentaciones, demostró la pureza necesaria. Annie Besant se refiere a este crecimiento gradual en el reino, en los siguientes términos:

“El creyente común está ‘vestido de Cristo’, porque ‘todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos’.(*3) Eran niños en Cristo... y Cristo era el Salvador al que ellos pedían ayuda, puesto que Lo conocían ‘según la carne’. Pero, cuando ellos habían vencido a la naturaleza inferior y no eran ya ‘carnales’, entraban en un sendero superior y se trasformaban en Cristo. Esto que Él Mismo había logrado, era el deseo del Apóstol para sus seguidores: ‘Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros’.(*4) Él era ya su padre espiritual, habiéndolos ‘engendrado por medio del evangelio’.(*5) Entonces el Cristo Niño, el Divino Infante, nacía en el alma, ‘en lo interno del corazón’,(*6) trasformándose así el iniciado en el 'hijito’; de allí en adelante debía vivir en su propia persona la vida del Cristo, hasta volverse ‘un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo “(*7 *8)”.” (488)

(*1) The Religion of Love, del Gran Duque Alejandro de Rusia
(*2) Reino de Dios
(*3) Ga., 3:27.
(*4) Ga., 4:19.
(*5) I cor., 4:15.
(*6) I P., 3:4.
(*7) Ef., 4:13.
(*8) Cristianismo Esotérico

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(481) CAPITULO II. La Primera Iniciación... El Nacimiento en Belén. 4 (pág. 70)
(482) CAPITULO II. La Primera Iniciación... El Nacimiento en Belén. 4 (pág. 72 y 73)
(483) CAPITULO II. La Primera Iniciación... El Nacimiento en Belén. 4 (pág. 78)
(484) CAPITULO II. La Primera Iniciación... El Nacimiento en Belén. 5 (pág.  )
(485) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 2 (pág. 104)
(486) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 2 (pág. 105)
(487) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 2 (pág. 107)
(488) CAPITULO III. La Segunda Iniciación... El Bautismo en el Jordán. 2 (pág. 110)