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viernes, 8 de enero de 2021

EL SILENCIO (y VII)

 

Esta entrada es la continuación de El Silencio (VI)

Esta es la última publicación en la que damos por finalizado el tema del silencio.

Es un tema que probablemente despierte curiosidad en las personas interesadas en la espiritualidad, dado que se habla mucho sobre ello pero probablemente no se entienda el por qué de la importancia del mismo y del correcto empleo de la palabra en su momento oportuno, aspectos estos que cualquier persona que desee introducirse en el sendero espiritual debe conocer, desarrollar y practicar.

Con estas recopilaciones de fragmentos extraídos de las enseñanzas del Maestro Tibetano, quizá podamos añadir algo de luz al complejo tema, dado que en un mundo de sonidos, puede parecer extraño la importancia del silencio.

Como es habitual, en la próxima entrada que publique podréis (si lo deseáis) descargaros en formato pdf. el recopilatorio entero sobre el tema.

Dani

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“El momento exacto del Festival de Wesak es de enorme importancia. Los dos días de preparación se conocerán como “días de renunciación y desapego”. El día del Festival será conocido como de salvaguardia, en cambio los dos que siguen al del Festival como días de distribución. Estas palabras significan algo distinto para la Jerarquía de Maestros que para nosotros, y es inútil (y tampoco es permitido) aclarar su significado más profundo. Sin embargo, son cinco días de intenso esfuerzo dedicados al servicio, y conducen a renunciar a todo aquello que obstaculice nuestra utilidad como canales de fuerza espiritual. Esto significa que después de la debida preparación, dedicación y elevación, durante los dos días anteriores y el del Festival mismo, debemos considerarnos simplemente receptores o custodios de toda la fuerza espiritual afluyente que podamos contener. Como canales, debemos estar preparados para olvidarnos de nosotros mismos en el trabajo de alcanzar, contener y mantener fuerza para el resto de la humanidad y considerar al día del Festival como de silencio (me refiero a la paz interna y silenciosa solemnidad que permanecen inquebrantables aunque el hombre externamente preste servicio mediante la palabra), en que el servicio se lleva acabo enteramente en los niveles esotéricos, olvidándose totalmente de sí mismos, a fin de recordar a la humanidad y su necesidad. Durante ese período sólo dos pensamientos deben mantener nuestra constante atención -la necesidad de nuestros semejantes y la de proporcionar un canal grupal por el cual las fuerzas espirituales puedan afluir a través del cuerpo de la humanidad, bajo la guía experta de los miembros elegidos de la Jerarquía.

Recuerden que no importa quiénes somos, dónde estamos ubicados, o cuál es la índole de nuestro medio ambiente, o por muy aislados o apartados que nos sintamos de quienes comparten nuestra visión espiritual, cada uno puede, ese día y durante el período anterior y posterior, trabajar, pensar y actuar en forma grupal y funcionar como un silencioso distribuidor de fuerza.” (44)

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“Estos intervalos de aparente silencio, inercia e inactividad, son parte de una gran actividad conservadora y constructiva de la Jerarquía; responden a la naturaleza individual, grupal y planetaria. Los aspirantes deben aprender a trabajar inteligente y comprensivamente con la ley de los ciclos y recordar que viven en un mundo de apariencia y no tienen verdadera libertad en el mundo de la realidad.” (45)

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“…el silencio es el mejor método por el cual se genera y acumula fuerza espiritual para ser utilizada…” (46)

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 “En el momento de la muerte, desaparece el lenguaje a medida que se enuncia la Palabra y se lleva a cabo la restitución; luego la Palabra ya no se oye, porque el Sonido la elimina o absorbe, produciéndose entonces la total eliminación de todo lo que interfiere al Sonido. Entonces sobreviene el Silencio, y el Sonido mismo ya no se oye; después del acto final de la integración viene la profunda paz. Tenemos así descrito, con fraseología esotérica, todo el proceso de la muerte.” (47)

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“Guardar silencio constituye otro factor importante en la preparación grupal para la iniciación. A veces nos preguntamos, al tratar los asuntos del ashrama, cómo hacer entender a nuestros discípulos de que el silencio no significa abstenerse de hablar. La mayoría de los discípulos lo cree así, y también que deben aprender a no hablar, en la esperanza de recibir la iniciación. Para algunos sería mejor hablar más de lo que acostumbran -sobre correctas líneas. El silencio exigido en el ashrama es abstenerse de formular ciertas corrientes de pensamiento, eliminar toda fantasía y evitar el empleo malsano de la imaginación creadora. Por consiguiente, el habla se controla desde su fuente de origen, porque es el resultado de ciertas fuentes internas de ideas, pensamientos e imaginación; es la precipitación (al alcanzar un punto determinado de saturación, si así puedo expresarlo) de los depósitos internos que se desbordan en el plano físico. Cuando nos abstengamos de hablar y de pronunciar palabras, porque estemos convencidos de que vamos a decir algo erróneo, indeseable e insensato, o constituye un derroche de energía, puede también producir una serie y desastrosa condición en el cuerpo astral del discípulo, acrecentándose la acumulación interna que eventualmente conducirá a una más violenta explosión verbal. Deben cultivar el silencio mental, hermanos míos, pero no quiero significar que piensen silenciosamente, sino que ciertas líneas de pensamientos deben rechazarse, suprimirse algunos hábitos mentales y no establecerse determinados acercamientos a las ideas, lo cual se logra aplicando el proceso de sustitución, no el de la violenta supresión. El iniciado aprende a mantener su mecanismo mental en una condición eficiente. Sus ideas no se entremezclan, están contenidas (si puedo expresarlo gráficamente) en compartimentos separados, o cuidadosamente archivadas para una futura referencia y uso. Existen determinadas capas de ideas (hablando también simbólicamente) retenidas en el ashrama, a las cuales les está vedado penetrar en la mente del discípulo o iniciado, si no trabaja conscientemente en el ashrama; a otras que están relacionadas con el grupo y su trabajo, se les concede el libre juego dentro del "círculo no se pasa" grupal; aún otras son de índole más mundana, y rigen la vida diaria y las relaciones del discípulo con las demás personalidades, con los asuntos de la vida civilizada y los acontecimientos del plano físico. Éstas son meras insinuaciones de lo que quiero significar, y bastarán para demostrar (si reflexionan debidamente) en pequeña medida, lo que expresan las palabras: el silencio del iniciado. Dentro de los niveles permitidos de contacto se puede hablar libremente y sin trabas; fuera de esos niveles no se da indicaciones de que existen otras esferas de actividad mental, con su condicionante lenguaje. Ése es el silencio del discípulo iniciado.” (48)

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“Nunca olviden que en la actualidad la técnica principal de la Jerarquía es la de inspirar. Los Maestros no dan conferencias ni enseñan abiertamente en las grandes ciudades, actúan exclusivamente mediante Sus discípulos e iniciados, no obstante, podrán. en forma creciente, aparecer entre los hombres y evocar reconocimiento, a medida que la influencia de Acuario se establece más firmemente. Mientras tanto los Maestros deben continuar actuando "dentro del silencio del Ashrama universal", como se lo denomina, y desde allí inspirar a Sus trabajadores, que a su debido tiempo y manera inspiran al nuevo grupo de servidores del mundo.” (49)

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“Quisiera indicar una actitud que todo principiante debería asumir. Es la actitud de silencio. Los aspirantes a la meditación hablan mucho de la oposición que encuentran por parte de la familia y los amigos; el marido objeta que su mujer medita, o viceversa; los hijos despreocupados o desconsiderados interrumpen las devociones de los padres; los amigos no simpatizan con el intento. En la mayoría de los casos es culpa del aspirante mismo, sobre todo las mujeres. La gente habla demasiado. A nadie le importa qué hacemos durante quince minutos de nuestro tiempo cada mañana y no es necesario hablar de ello a la familia, ni exigirles estar quietos porque queremos meditar. Inevitablemente esto evocará una reacción contraria. Por lo tanto no divulguemos el método de desarrollar la conciencia espiritual, pues es un asunto exclusivamente nuestro. Guardemos silencio sobre lo que hacemos; no dejemos libros ni escritos en cualquier parte, tampoco diseminemos por la casa literatura que no interesa en lo más mínimo al resto de la familia. Si es imposible tener un momento pata meditar, antes que la familia se disperse para los quehaceres del día, o antes de iniciar nuestra tarea, busquemos el momento propicio durante el día. Siempre hay una salida para cualquier dificultad si lo deseamos suficientemente, en forma que no signifique eludir deberes u obligaciones. Simplemente requiere organización y silencio.” (50)

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“Cristo vivió calladamente en Su hogar con Sus padres, realizando la dificilísima experiencia de vivir una vida hogareña, con su monotonía, sus costumbres sin variaciones, su obligada subordinación a la voluntad y las necesidades del grupo, con sus lecciones de sacrificio, de comprensión y de servicio. Ésta es siempre la primera lección que todo discípulo debe aprender. Hasta no haberla aprendido no puede progresar. Hasta que la divinidad no se exprese en el hogar y entre los que nos conocen bien y son nuestros amigos familiares, no puede esperarse que se manifieste en otras partes. Debemos vivir como hijos de Dios en el lugar -insípido, tedioso y a veces sórdido- en que el destino nos ha colocado en ninguna otra parte puede ser posible esta etapa. En el lugar donde nos encontramos es donde iniciamos nuestro viaje y de él no escaparemos. Si no tenemos éxito como discípulos donde estamos y en el lugar en que nos descubrimos a nosotros mismos, ninguna otra oportunidad se nos ofrecerá hasta lograr el éxito. Aquí está nuestra prueba y nuestro campo de servicio. Muchos estudiantes verdaderos y conscientes creen que en realidad podrían impresionar en su medio ambiente y manifestar su divinidad si tuvieran un hogar distinto y un ambiente o escenario diferentes. Si hubieran contraído matrimonio con otra persona o si tuvieran más dinero o más -tiempo libre, despertarían más simpatía en sus amigos, o si disfrutaran de mejor salud física, quién sabe qué podrían realizar. Una prueba es algo que constata y muestra nuestra fuerza; exige lo máximo de nosotros y nos revela los puntos débiles y dónde reside nuestro fracaso. Hoy se necesitan discípulos responsables y aquellos que fueron probados de tal manera que no se desmoralizan ante las dificultades ni cuando enfrenten puntos oscuros en la vida. ¡Debiéramos darnos cuenta que existen ya esas circunstancias y medio ambiente donde podemos aprender la lección de la obediencia a lo superior que está en nosotros! Poseemos exactamente el tipo de cuerpo y las condiciones físicas por los cuales puede expresarse la divinidad. Tenemos los contactos en el mundo y el tipo de trabajo requeridos para poder dar el paso en el sendero del discipulado, el siguiente paso hacia Dios. Hasta que los aspirantes no capten este hecho esencial y se dediquen con regocijo a una vida de servicio, dándose amorosamente en sus propios hogares, 'no realizarán progreso alguno. Hasta que el camino de la vida no sea hollado con alegría en el círculo hogareño, en silencio, sin compadecerse de sí mismo, ninguna otra lección, ninguna otra oportunidad, les será brindada. Muchos aspirantes bien intencionados deben también comprender su responsabilidad por muchas que sean las dificultades con que tropiezan. Confundidos, porque les parece evocar demasiado antagonismo entre quienes los rodean, se lamentan de no hallar una respuesta amistosa mientras estudian, leen y piensan, intentando llevar una vida espiritual. La razón puede hallarse, por lo general, en su egoísmo espiritual. Hablan demasiado de sus aspiraciones y de sí mismos. Debido a que fracasan en su primera responsabilidad, no encuentran una reacción comprensiva a su demanda de tiempo para meditar. Quieren reconocimiento de que están meditando, exigen tranquilidad, no ser molestados ni interrumpidos. Ninguna de esas dificultades surgiría si los aspirantes recordaran dos cosas: Primero, que la meditación es un proceso que se lleva a cabo en secreto, silenciosa y regularmente en el templo secreto de la propia mente del hombre. Segundo, que mucho podría hacerse si la gente no hablara tanto sobre lo que hace. Debemos caminar silenciosa-mente con Dios y mantenernos como personalidades en segundo plano; debemos organizar nuestras vidas de manera de poder vivir como almas, dedicando tiempo para cultivarlas, aunque conservando el sentido de la proporción, reteniendo el afecto de quienes nos rodean y cumpliendo a la perfección con nuestras responsabilidades y obligaciones. La autocompasión y el hablar en demasía, son rocas en las que se estrellan muchos aspirantes.” (51)

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“Cristo alternaba Su vida entre la multitud que Él amaba, y el silencio de los lugares solitarios. Primeramente compartió la vida cotidiana de la experiencia familiar, donde las intimidades de la personalidad pueden tan penosamente aprisionar al alma; después pasó al desierto solitario y se encontró solo. Regresó, y comenzó Su vida pública, hasta que la notoriedad, el ruido y el clamor de esa vida fue reemplazada por el profundo interno silencio de la Cruz, donde abandonado por todos, pasó la oscura noche del alma —completamente solo. Sin embargo, en esos momentos de completo silencio, cuando el alma queda abandonada a sí misma, sin nadie que la ayude, ni mano tendida para auxiliarla, ni voz que la reconforte, sólo llegan esas revelaciones y esa clara percepción que permiten el surgimiento de un Salvador para ayudar al mundo.” (52)

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(44) Tratado sobre los Siete Rayos Vol. 2 - Psicología Esotérica II -, pág. 519

(45) pág. 532

(46) pág. 564

 

(47) Tratado sobre los Siete Rayos Vol. 4 - Curación Esotérica -, pág. 346

 

(48) Tratado sobre los Siete Rayos Vol. 5 - Los Rayos y las Iniciaciones -, pág. 182

(49) pág. 195

 

(50) Del Intelecto a la Intuición (AAB), pág. 132

 

(51) De Belén al Calvario (AAB), pág.

(52) pág.


lunes, 21 de diciembre de 2020

EL SIMBOLISMO DE LOS REYES DE ORIENTE Y SUS REGALOS



"Cuando Cristo vino, quienes tenían visión y estaban preparados dijeron: "Su estrella hemos visto en el Oriente y venimos a adorarle". Ese signo se dio a los pocos que estaban preparados y que hicieron el necesario viaje a Belén. Pero otro signo, visto por muchos, fue dado por el ángel del Señor a los pastores que vigilaban el campo esa noche. "Esto os servirá de señal; hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre". Esta señal se dio a los dos o tres que vigilaban, dispuestos a consagrar todo lo que poseían, y que percibieron el destello de la estrella de la iniciación y se apresuraron a encaminarse a la cámara iniciática. La mayoría que estaba interesada y atenta, necesitaba una señal más concreta y fácil de ser interpretada, por eso se les dijo que fueran a ver al infante y a su madre. Su actitud se expresa en las palabras: 'Pasemos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido". Pero los tres que comprendieron, fueron a adorar y a dar.
Cuando vieron brillar la estrella, los tres Reyes emprendieron el viaje, y cargados de regalos llegaron a Belén. Son los símbolos de esos discípulos en el mundo que están hoy dispuestos a prepararse para recibir la primera iniciación; trasmutar su conocimiento en sabiduría y ofrecer todo lo que poseen al Cristo interno.
 Los regalos que llevaban constituyen el tipo específico de disciplina que debe seguirse a fin de entregar al Cristo, en el momento del nuevo nacimiento, dones que simbolizarán lo realizado. Los tres Reyes ofrecieron al infante Jesús tres regalos   oro, incienso y mirra. Analicemos por un momento la importancia específica que éstos tienen para el futuro iniciado individual. Los esoteristas dicen que el hombre es de naturaleza triple y esta verdad está apoyada por los sicólogos con sus investigaciones y experimentos. El hombre es un cuerpo físico viviente, una suma total de reacciones emocionales y también ese algo misterioso que llamamos mente. Las tres partes del hombre: física, emocional y mental, tienen que ofrecerse en sacrificio y adoración, como dádiva voluntaria al “Cristo interno", antes que el Cristo pueda expresarse por medio del discípulo y del iniciado, como Él anhela hacerlo. El oro es un símbolo de la naturaleza material que debe ser consagrado al servicio de Dios y del hombre. El incienso simboliza la naturaleza emocional, con sus aspiraciones, deseos y anhelos, y esta aspiración debe elevarse, como el incienso, hasta los pies de Dios. El incienso es también símbolo de purificación, ese fuego que consume toda la escoria y deja la esencia para que Dios la bendiga. La mirra o la amargura, se relaciona con la mente. Por medio de la mente sufrimos como seres humanos, y cuanto más progresa la raza y se desarrolla la mente, tanto mayor es nuestra capacidad de sufrimiento. Pero cuando el sufrimiento se ve en su verdadera luz y se lo dedica a la divinidad, puede empleárselo como instrumento de mayor acercamiento a Dios. Entonces podemos ofrecer a Dios ese raro y maravilloso don de una mente que ha alcanzado la sabiduría por el dolor, y de un Corazón que se ha hecho bondadoso por la zozobra y las dificultades superadas."
- De Belén al Calvario - (Alice A. Bailey)
CAPÍTULO II. LA PRIMERA INICIACIÓN...
EL NACIMIENTO EN BELÉN

LA NAVIDAD (Alice A. Bailey)


Respecto a la designación del 25 de diciembre como nacimiento de Jesús, Willamson afirma que: 'Todos los cristianos saben que el 25 de diciembre se reconoce ahora como la festividad del nacimiento de Jesús, pero muy pocos se dan cuenta que esto no ha sido siempre así. Se dice que ha habido ciento treinta y seis fechas distintas, establecidas por las diferentes sectas cristianas. Lightfoot la fija el día 15 de septiembre, otros la establecen en febrero o agosto. Epifanio menciona dos sectas, una que la celebra en junio y otra en julio. El asunto fue definitivamente decidido por el Papa Julio, en el año 337 d. C., y San Crisóstomo, en el 390, dice: 'En este día, es decir, el 25 de diciembre, también en Roma fue fijado últimamente el nacimiento de Cristo, de modo que cuando los paganos celebraban sus ceremonias (la Brumalia en honor de Baco), los cristianos realizaban sus ritos sin ser molestados.

La elección de esta fecha determinada es cósmica en sus implicaciones y estamos seguros que los sabios de los tiempos primitivos tomaron estas grandes decisiones premeditadamente. Annie Besant nos dice que:

"La deidad siempre nace en el solsticio de invierno, después del día más corto del año, en la medianoche del 24 de diciembre, cuando el signo de Virgo asciende sobre el horizonte; nace cuando este signo asciende, nace siempre de una virgen, que permanece virgen después que ha dado a luz a su hijo Sol, como la Virgen celestial permanece inalterable y sin mácula cuando el sol surge de ella en los Cielos. Débil, endeble como infante, es él, nace cuando los días son más cortos y las noches más largas. . . "

Es también interesante recordar que:

"El Venerable Bede que escribió a principios del siglo VIII, dice que 'el antiguo pueblo de la nación anglo', con lo que alude a los ingleses paganos antes de establecerse en Gran Bretaña en el año 500 d. C., 'comenzaban el año el 25 de diciembre, en el que ahora celebramos el nacimiento de nuestro Señor' y agrega que la noche del 24 al 25 de diciembre, ‘que es la noche tan sagrada para nosotros ahora, se llamaba en la lengua de ese pueblo, Modranecht, es decir, Noche de la Madre, por las ceremonias que ejecutaban en esa larga vigilia nocturna'. El autor no menciona cuáles eran esas ceremonias, pero evidentemente estaban relacionadas con el nacimiento del Dios Sol. En la época en que los ingleses se convirtieron al cristianismo en los siglos VI y VII, la festividad de la Navidad, el 25 de diciembre, había sido ya establecida en Roma desde hacía tiempo, como una celebración solemne, pero en Inglaterra, su identificación con el alegre 'Yule' pagano (palabra ésta que aparentemente significaba 'holgorio') le confirió un tono festivo que no lo tenía en la parte meridional. Este tono ha prevalecido en marcado contraste con la característica que existe entre las razas latinas, donde era desconocida hasta hace pocos años la costumbre del Norte de festejar y hacer regalos en Navidad."

En la época del nacimiento de Cristo, Sirio, la Estrella de Oriente, estaba sobre el meridiano, y Orión, llamado por los astrónomos orientales "los Tres Reyes", se encontraba en sus proximidades; en consecuencia, la constelación de Virgo, la Virgen, se elevaba en el Este y la línea de la eclíptica, la del ecuador y la del horizonte, se unían todas en esa constelación. Es también interesante ver que la estrella más grande y brillante de la constelación de Virgo, se llama Spica (Espiga); está representada por la espiga de trigo (signo de fertilidad), que sostiene la Virgen. Belén significa "casa del pan", existiendo, por lo tanto, una relación evidente entre los dos términos. Esta constelación está formada por tres estrellas en forma de copa. Éste es el verdadero Santo Grial, que contiene la sangre de la vida, el custodio de lo más santo y sagrado, lo que encierra la divinidad. He aquí los hechos astronómicos. La interpretación del simbolismo atribuido desde muy antiguo, es algo tan viejo como la misma religión. De dónde salieron esos signos, y cómo surgieron a la vida los significados y simbolismos asociados a ellos, se pierde en la noche de los tiempos. Han existido en las mentes y pensamientos de los hombres y en sus escritos, durante miles de años, y constituyen nuestra herencia conjunta de hoy. El antiguo zodiaco de Dendera (anterior al cristianismo en varios miles de años) constituye una amplia prueba de lo antedicho. En el tránsito del sol en torno del zodiaco, el "Hombre de los Cielos" llega a su debido tiempo a Piscis, signo en exacta oposición a Virgo, y que es precisamente el signo de los Salvadores del mundo. Ya hemos visto que la era del cristianismo es la Era de Piscis; Cristo llegó a Tierra Santa cuando nuestro sol transitaba hacia ese signo. Por consiguiente, lo que comenzó y tuvo su ser en Virgo (el nacimiento del Niño-Cristo), es consumado en Piscis, cuando el Cristo-Niño, habiendo llegado a su madurez, se presenta como Salvador del mundo.

Otro hecho astronómico resulta de interés a este respecto. Estrechamente asociadas con la constelación de Virgo, que se encuentra en el mismo sector del cielo, hay otras tres constelaciones, en las cuales está representada simbólicamente la historia del Niño que nacerá, sufrirá y volverá. Existe un grupo de estrellas denominado Coma Berenice, la Mujer con el Niño, los Centauros o el Centauro, y Boötes, nombre que en hebreo significa "el que viene". Ante todo, tenemos el niño nacido de mujer, y esa mujer es virgen: después está el centauro que siempre fue el símbolo de la humanidad en las antiguas mitologías, porque el hombre es un animal más un dios, por lo tanto, un ser humano. Después el que vendrá, descuella sobre todos ellos, influyéndolos, señalando la realización que se logrará por el nacimiento y la encarnación humana. Verdaderamente el libro ilustrado del cielo contiene la eterna verdad para los que tienen ojos para ver e intuición lo bastante desarrollada para interpretar. La profecía no está confinada a La Biblia solamente, sino que aparece ante los ojos de los hombres en la bóveda celeste.

De este modo, mientras "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" tenemos la profecía del acontecimiento mundial que tuvo lugar cuando Cristo nació en Belén, "la casa del pan", y Virgo ascendía sobre el horizonte, mientras brillaba la Estrella de Oriente.

Entonces vino Cristo y tomó posesión de Su Propia carne y sangre, porque el mundo de los hombres lo atraía y el amor del Padre lo impulsaba. Vino a dar vida a un propósito y a una realización y a indicarnos el Camino: Vino a darnos un ejemplo para ser energetizados por la esperanza que "no avergüenza" y “proseguir hasta la meta del premio del supremo llamamiento".

- De Belén al Calvario -

CAPÍTULO II. LA PRIMERA INICIACIÓN... 
EL NACIMIENTO EN BELÉN