martes, 28 de enero de 2020

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (y LI) - Autobiografía Inconclusa (AAB) y Los Trabajos de Hércules (AAB) -



Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (L)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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Autobiografía Inconclusa –AAB- (1951) 

“Es necesario aprender a recordar las cosas que nos causaron alegría y felicidad y no únicamente las que nos trajeron dolor y dificultad. Lo bueno y lo malo forman un todo muy importante que merece ser recordado. Lo bueno nos permite mantener nuestra fe en el amor de Dios. Lo malo nos disciplina y nutre nuestra aspiración. Los momentos arrobadores, que envuelven nuestro espíritu cuando observamos una puesta de sol por ejemplo, o el silencio profundo e ininterrumpido de los páramos y la campiña, son cosas que deben ser recordadas; la línea del horizonte o el exuberante colorido de un jardín nos absorben y aíslan de todo lo demás; la llegada de un amigo y su resultante momento de comunión y satisfactorio contacto; la belleza del alma humana surgiendo triunfante en medio de dificultades, son cosas que, no debemos dejar de reconocer. Constituyen los grandes factores que condicionan la vida. Revelan lo divino. ¿Por qué esto se olvida tan fácilmente y en cambio las cosas desagradables, tristes o terribles se fijan en nuestra mente? No lo sé. Aparentemente, en este peculiar planeta, el sufrimiento se experimenta con más intensidad que la felicidad, y su efecto parece ser más perdurable. También puede ser que temamos la felicidad y la apartemos de nosotros por la influencia de esa característica tan descollante en el hombre: el TEMOR.


En los círculos esotéricos se habla muy eruditamente acerca de la Ley del Karma, que después de todo no es más que el nombre dado en Orienté a la gran Ley de Causa y Efecto; el énfasis siempre se pone sobre el mal karma y cómo evitarlo. Sin embargo puedo afirmar que, tomándolo globalmente, hay más buen karma que malo; lo digo a pesar de la actual guerra mundial, indescriptible horror que nos ha rodeado y aún nos rodea a pesar del verdadero conocimiento de las cosas que todo trabajador social constantemente debe enfrentar. El mal y el sufrimiento pasarán, pero la felicidad permanecerá; ante todo vendrá la comprensión de que lo que hemos construido mal debe desaparecer y se nos ofrece ahora la oportunidad de construir un nuevo y mejor mundo. Esto es así porque Dios es bueno, la vida y la experiencia también son buenas y la voluntad al bien está eternamente presente. Siempre se nos dio la oportunidad de corregir los errores y enderezar los enredos de que somos responsables.” (527)

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“…el signo de Géminis, que significa conflicto entre los pares de opuestos -pobreza y riqueza, la cumbre de la felicidad y las honduras del dolor, la atracción entre el alma y la personalidad o entre el yo superior y la naturaleza inferior. …” (528)

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“…la eterna búsqueda del mundo de significados que debe descubrirse para hallar respuesta a los enigmas de la vida y a los dolores de la humanidad.

…/…

Quizás llegue el momento en que se preste cierta atención a los adolescentes de ambos sexos, respecto al aprovechamiento de sus tendencias místicas normales, tendencias que muy a menudo las tildan de fantasías de adolescente, que finalmente desaparecen. Para mí, ofrecen oportunidades a los padres y tutores. Este período podría ser utilizado en forma muy constructiva y orientadora. Podría determinarse la orientación de la vida y evitarse muchos sufrimientos posteriores, si el propósito, la causa de las dudas, los anhelos inexpresados y las aspiraciones visionarias, fueran captados por los responsables de la juventud. Podría explicársele a esa juventud que en ellos se está desarrollando un proceso normal y correcto, resultado de la experiencia de vidas pasadas, lo cual indica que deberían prestar atención al aspecto mental de su naturaleza. Ante todo debiera puntualizarse que el alma, el hombre espiritual interno, trata de hacer sentir su presencia y hace hincapié en la universalidad del proceso, a fin de rechazar el sentimiento de soledad y la falsa y peculiar sensación de aislamiento, rasgos perturbadores de tal experiencia. Creo que este método de aprovechar los impulsos y sueños del adolescente, recibirá mayor atención en el futuro. Considero los inocentes sinsabores de mi adolescencia, simplemente como la eclosión de la faz mística de mi vida, que con el tiempo dio lugar al aspecto ocultista, con la mayor seguridad, comprensión e inalterable convicción que ella otorga.” (529)

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“…A no ser que las Iglesias amplíen su visión, eliminen las disputas acerca de detalles sin importancia, y prediquen el Cristo resucitado, viviente y amoroso, en vez de un Cristo muerto, sufriente, sacrificado por un Dios iracundo, perderán la fidelidad de las generaciones venideras, y esto con razón. …” (530)

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“…Hay escuelas de pensamiento que engañan al público cuando le dicen que, por ser divino, el hombre está exento de dolor, mala salud y pobreza. Por supuesto, la mayoría son sinceras, pero su énfasis es erróneo, pues obligan a pensar que el bienestar material y la prosperidad son de enorme importancia, que todos tienen derecho a ello y que lo obtendrán si afirman su divinidad, la cual poseen, pero no están suficientemente evolucionados para expresarla. …"(531)

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“Personalmente no siento el menor aprecio por quien llega a una realización espiritual a expensas de su familia o amigos. Esto sucede muy a menudo en los distintos grupos ocultistas. Cuando se me acerca la gente para contarme que sus familiares no simpatizan con sus aspiraciones espirituales, les hago las siguientes preguntas: “¿Deja sus libros de ocultismo por todas partes, donde molestan a los demás? ¿Exige silencio absoluto en la casa mientras hace su meditación matutina? ¿Deja que la familia se prepare la cena mientras asiste a una reunión?”. Es aquí donde los estudiantes esotéricos se convierten en tontos y desacreditan al ocultismo. La vida espiritual no debe vivirse a expensas de los demás, y si la gente debe sufrir las consecuencias de nuestro intento de ganar el cielo, no es correcto.” (532)

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“…si alguien lleva sangre real o pertenece socialmente a un ser humano de tipo inferior, tiene las mismas simpatías y antipatías, penas, sufrimientos y alegrías y los mismos anhelos de progresar espiritualmente. …” (533)

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“Durante mucho tiempo se hizo evidente la existencia de un punto de contacto entre las religiones exotéricas de Occidente y las creencias esotéricas de Oriente. En los niveles esotéricos o acercamiento espiritual a la divinidad, siempre ha existido uniformidad entre Oriente y Occidente. Las técnicas que sigue el místico buscador occidental de Dios, son idénticas a las que sigue el buscador oriental. En cierta etapa, en el sendero de retorno a Dios, todos los caminos se unen, y por lo tanto el procedimiento es uniforme en las etapas subsiguientes. Las etapas para la meditación son idénticas. Esto lo verificará cualquiera que estudie las obras de Meister Eckhart y Los Aforismos de la Yoga de Patanjali. Todas las grandes expansiones de conciencia delineadas en la filosofía hindú y la expresión de esas cinco grandes expansiones representadas en las cinco crisis de la vida de Cristo, narradas en el Nuevo Testamento, son también las mismas. Cuando el hombre comienza a buscar a Dios conscientemente y a someterse también conscientemente a la disciplina y sufrimiento, descubrirá su identificación con los buscadores de Oriente y Occidente, con los que existieron antes de la venida de Cristo y con los buscadores actuales.” (534)

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“…el nuevo ciclo que vendrá al finalizar la guerra —la realidad de la existencia de la Jerarquía y el trabajo de los Maestros por intermedio de Sus discípulos—, debe ser llevado a conocimiento del público. Los discípulos de todas partes presentarán al mundo, acrecentadamente, el plan jerárquico para lograr la fraternidad, la vida y la inclusividad espirituales. Esto no lo realizarán apoyándose en las frases (tan prevalecientes entre los tontos), “el Maestro me ha elegido a mí”, o “el Maestro apoya mis esfuerzos”, o “soy el representante de la Jerarquía”, sino mediante una vida de servicio, recalcando que los Maestros existen y que son conocidos por muchas personas; que el Plan consiste en el desarrollo evolutivo y el progreso educativo hacia una meta espiritual inteligente; que la humanidad no está sola y que la Jerarquía existe; que Cristo está con Su pueblo; que el mundo está lleno de discípulos ignorados, debido a que trabajan silenciosamente; que existe el nuevo grupo de servidores del mundo; que los hombres y mujeres de buena voluntad se hallan en todas partes; que a los Maestros no les interesa absolutamente las personalidades, sino que utilizan a hombres y mujeres pertenecientes a todas las tendencias, creencias y nacionalidades, siempre que los aliente el amor, sean inteligentes, tengan mentes entrenadas y posean además influencia magnética y radiante, lo cual atraerá a las personas hacia la verdad y la bondad, pero no hacia el individuo, ya sea Maestro o discípulo. Los Maestros no se preocupan, en absoluto, por la lealtad personal; están exclusivamente dedicados a aliviar el sufrimiento, a promover la evolución de la humanidad y a indicar los objetivos espirituales. Ellos no esperan el reconocimiento de Su trabajo ni la alabanza de Sus contemporáneos, sino sólo el acrecentamiento de la luz en el mundo y el desenvolvimiento de la conciencia humana.

Agosto 1943.” (535)

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(527) CAPITULO I. (pág. 16)

(528) CAPITULO I. (pág. 17)

(529) CAPITULO I. (pág. 24)
(530) CAPITULO III. (pág. 95)
(531) CAPITULO IV. (pág. 114)
(532) CAPITULO V. (pág. 136)
(533) CAPITULO V. (pág. 156)
(534) CAPITULO VI. (pág. 176)
(535) APÉNDICE. El Entrenamiento Personal. (pág. 192)
 


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 Los Trabajos de Hércules –AAB- (1974)

 “Capricornio es un signo triste, es el signo del sufrimiento intenso y la soledad, pues éstas son también señales del iniciado.” (536)


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“…Hasta donde yo puedo comprenderlo (y puedo estar equivocada) esto quiere decir que tú debes pasar a través de tu propio infierno personal, antes de que puedas pasar por el infierno universal. Tienes una época terrible en tu propia vida, y tú eres iniciado cuando sufres tu propio infierno. Aprendes la naturaleza de lo universal, por la experiencia individual; sólo eso es la realización. Tú no puedes aprender de oídas.” (537)

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Hay dos legisladores en el zodíaco, Régulus y Kefus. En Leo tenemos una de las cuatro estrellas reales, Régulus, el legislador, la ley para el individuo, la ley del egoísmo, si les parece, la ley de la competencia, la ley que coloca a cada hombre contra su semejante, la ley que lo hace tomar y apoderarse, la ley bajo la cual vivimos, la ley de la competencia.

Régulus, la ley del individuo, debe dar lugar a Kefus, la ley de Acuario, donde tendremos una nueva ley basada en el sufrimiento, la iluminación y el amor. Sería interesante ver hasta dónde pueden ustedes mismos entender lo que serán esas clases de leyes basadas en el sufrimiento del individuo y que lo han conducido a perder interés en sí mismo. Cuando se ha sufrido bastante, uno no se preocupa más de sí mismo. Se encuentra que el único camino hacia la felicidad no es estar libre de sufrimiento sino perderse en algo ajeno a uno mismo.” (538)

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“El oráculo ha hablado y a través de los siglos ha salido el grito: "Conócete a ti mismo". Este conocimiento es el logro sobresaliente en el Sendero del Discipulado, y se ve cuán secuencial e inteligentemente alcanzó Hércules este conocimiento. Lo vemos pasando alrededor de la gran senda de los cielos y realizando en cada signo uno de los doce trabajos, los que todos los discípulos están llamados a realizar. Lo vemos desde dos puntos de vista: el del discípulo individual y el de la humanidad en su conjunto, el gran discípulo del mundo del cual él es el prototipo. Es posible mirar a la humanidad como habiendo alcanzado, en masa, la etapa del aspirante, y mirar a la raza como estando en el sendero probatorio, el sendero de la purificación. Si el sufrimiento es el gran purificador, entonces lo arriba manifestado es ciertamente verdadero. Los hombres hoy en día son inteligentes, buscando seriamente una salida del presente atolladero material y aprendiendo a coordinar sus habilidades y capacidades mental, emocional y física en un esfuerzo para elevarse por sobre todo lo que hasta ahora los sujetó a la tierra. Esta etapa ha sido siempre expresada por los tipos más avanzados de hombres, pero nunca antes ha estado toda la familia humana en esta condición. Aquí reside la maravilla de la realización pasada, y aquí está la hora de nuestra maravillosa oportunidad.” (530)


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(536) Trabajo 10. Matando a Cerbero, guardián de Hades (Capricornio, 23 Diciembre - 20 Enero). Significado del Signo. (pág. 150)
(537) Trabajo 10. Matando a Cerbero, guardián de Hades (Capricornio, 23 Diciembre - 20 Enero). Preparación para el Descenso al Hades. (pág. 152)
(538) Trabajo 11. Limpiando los Establos de Augías (Acuario, 21 Enero - 10 Febrero). Los Legisladores (pág. 162)
(539) El propósito del Estudio del mito de Hércules (pág. 178)



(FIN DEL RECOPILATORIO)

martes, 14 de enero de 2020

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (L) - De Belén al Calvario (AAB) - (V)



Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XLIX)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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De Belén al Calvario -AAB- (1937)


“Aprendemos por el dolor y el sufrimiento (es decir, por la experiencia) a no pecar. Pagamos el precio de nuestros pecados y errores, y cesamos de cometerlos. Eventualmente llegamos a un punto en que ya no cometemos más errores y pecados primitivos. Porque sufrimos y agonizamos, aprendemos que el pecado trae retribución y causa sufrimiento. Pero el sufrimiento tiene su valor y Cristo lo sabía. Su Persona no fue sólo el Jesús histórico, que conocemos y a; amamos, sino también el símbolo del Cristo cósmico, el Dios, sufriendo por los sufrimientos de Sus seres creados.

 “El dolor de la creación inferior es parte del gran sacrificio cósmico por el cual Dios eterno da Su vida para poder tomarla nuevamente. En el altar del universo material se ha ofrendado esa vida sagrada desde el comienzo de los tiempos y aunque ahora sólo podemos vislumbrar aquello por lo que se hace ese sacrificio, justifica la creencia de que ninguna vida que alcanzó la dignidad de poder sufrir, está ausente de la gran consumación.”(*)” (511)

(*) Extraído del sermón The Divine Justice, de R. J. Campbell.

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“…Pero el Bautismo a que Cristo fue sometido, por el poder de Su propia vida y al que estamos sujetos por la vida de Cristo que mora en nosotros, fue el Bautismo del fuego y el sufrimiento, que llega a culminar con el dolor en la Cruz. Esa culminación del sufrimiento, para quien pudiera resistir hasta el fin, sería la entrada en el “paraíso” —que significa bienaventuranza. Tres palabras se emplean para expresar este poder: felicidad, goce y bienaventuranza. Felicidad tiene un sentido puramente físico y se relaciona con nuestra vida física y sus relaciones; el goce es de la naturaleza del alma y se refleja en la felicidad. Pero la bienaventuranza, que es de la naturaleza de Dios Mismo, es una expresión de la divinidad y del espíritu. La felicidad puede ser considerada como la recompensa del nuevo nacimiento, pues tiene una significación física y estamos seguros de que Cristo conoció la felicidad, aunque fue “varón de dolores”. El goce, que corresponde más especialmente al alma, alcanza su consumación en la Transfiguración. Aunque Cristo estuvo “en contacto con el dolor”, conoció el goce en su esencia, porque el “gozo del Señor es nuestra fortaleza”, y el alma, el Cristo en todo ser humano, es nuestra fortaleza, goce y amor. Cristo conoció también la bienaventuranza porque la obtuvo en la Crucifixión, la recompensa del triunfo del alma.

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“Este ideal de la ‘bienaventuranza’ personal del yo, puede unirse con el ideal complementario de la compasión (compatior): esa espontánea y expiatoria participación del sufrimiento de los demás, mediante la sutil simpatía, en su desarrollo hacia la perfección. En esto se recalca la verdad de que la realización del yo sólo es posible gracias a la virtud complementaria del sacrificio del yo (el yo, hecho sagrado), para bienaventuranza de los demás, acto que constituye la más elevada característica de la fe cristiana y también, cuando está totalmente iluminada por su propia y profunda sabiduría, es la del budismo y el culto a Orfeo.”(*)

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…Posiblemente, el Salvador crucificado creyera también que la materia misma, por ser divina, era capaz de sufrir infinitamente, y esas palabras fueron la expresión de Su reconocimiento de que aunque Dios sufre en la Persona de Su Hijo, Él también sufre con análoga y aguda agonía en la persona de la madre de ese Hijo —la forma material que le dio nacimiento. “Todo problema, como Cristo Lo vio, es individual y toda la agonía del mundo puede estar contenida en una sola alma”.(**) Cristo está entre los dos: la madre y el Padre. Ahí reside Su problema, problema de todo ser humano. Cristo une a los dos: el aspecto materia y el aspecto espíritu, y la unión de los dos produce al hijo. Éste es el problema de la humanidad y también su oportunidad.

…/…

El tres es lógicamente el más importante y sagrado de los números. Representa a la divinidad y también a la humanidad perfeccionada. Cristo, el hombre perfecto, pendió de la Cruz durante “tres horas” y en ese tiempo, cada uno de los tres aspectos de Su naturaleza fue ascendido al punto más elevado de Su capacidad de realización, con el consiguiente sufrimiento. Al final, esta triple personalidad dio origen a la exclamación: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”” (512)

(*) Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 87.
(**) The Fool Hath Said, de Beverley Nichols, pág. 253.

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“Aunque todo hijo de Dios en las distintas etapas de su camino a la iniciación se prepara para esta soledad final, mediante fases de total negación, cuando llega la crisis postrera debe experimentar momentos de soledad, que no puede concebir previamente. El hombre sigue los pasos de su Maestro, es crucificado ante los hombres y abandonado por sus semejantes y por la presencia reconfortante del Yo divino, en quien ha aprendido a confiar. Sin embargo, porque Cristo penetró en el lugar de la tiniebla externa, sintiéndose enteramente abandonado por todos los que hasta ese momento habían significado mucho para Él, desde el ángulo humano y del divino, nos es posible apreciar el valor de la experiencia, mostrándonos que solamente penetrando en el lugar de la tiniebla externa, que los místicos con toda razón denominan “la noche oscura del alma”, podemos entrar realmente en el bendito compañerismo del reino. Se han escrito muchos libros acerca de esta experiencia, pero es muy rara, mucho más de lo que la literatura de los místicos quiera hacer creer. Se hará más frecuente a medida que un mayor número de seres entren en el reino por los portales del sufrimiento y de la muerte. Cristo estuvo pendiendo entre el cielo y la tierra y aunque estaba rodeado por una multitud y a Sus plantas permanecían aquellos que Él amaba, Se hallaba completamente solo. La soledad, cuando se está acompañado, el sentirnos absolutamente abandonados mientras nos rodean quienes tratan de comprender y ayudarnos, constituye la tiniebla. La luz de la Transfiguración se apaga súbitamente, y por la misma intensidad de esa luz, la noche parece más tenebrosa. Un místico, refiriéndose a esta experiencia, dice:

“Después de este despliegue de luz vuelve otra vez la oscuridad. Fuimos peregrinos, fuimos pastores. Algo más debemos mostrar al rebaño: ‘El que pierde su vida por mí, la encontrará’. El Calvario.

“Hemos recorrido nuestro tramo y nos estamos acercando al fin de nuestro ciclo. Hemos de ascender a la cruz y someternos a la dolorosa muerte del yo; hemos de entrar en la tiniebla para que pueda nacer la sabiduría mayor. ‘Tonto de ti, lo que siembras no fructifica, excepto que muera’.”(*)

En las tinieblas conocemos a Dios. El autor anteriormente citado, agrega: “Ahora conozco el significado de algunas palabras que una vez leí: ‘Cuando San Pablo no vio nada, vio a Dios’. Creo que esta oscuridad es una ilusión. Quizá sea verdaderamente la luz”. Otro escritor al tratar el mismo tema, dice:

 “Nadie puede convertirse en Salvador de hombres, ni simpatizar perfectamente con todo el sufrimiento humano, excepto por la ayuda que puede obtenerse del Dios que mora en su interior si no ha enfrentado y vencido por sí solo al dolor, al temor y a la misma muerte. Resulta fácil sufrir cuando existe una conciencia ininterrumpida entre lo superior y lo Inferior; más aún, no existe sufrimiento mientras esa conciencia no se interrumpa, porque la luz de lo superior imposibilita la oscuridad de lo inferior, y el dolor no es tal cuando se soporta bajo el aliciente de Dios. Existe un sufrimiento que los hombres deben enfrentar, que todo Salvador de hombres debe encarar, cuando la oscuridad se hace en la conciencia humana, sin que ni un resquicio de luz la atraviese; el hombre debe conocer la congoja de la desesperación que siente el alma humana, cuando la oscuridad la rodea y la conciencia no encuentra una sola mano donde asirse. Todo Hijo del Hombre debe sumirse en esas tinieblas antes de remontarse triunfante; esa experiencia amarguísima debe ser realizada por todo Cristo, antes de poder ‘salvar hasta el último’ de quienes buscan lo Divino, por su mediación.”(**)” (513)

(*) Splendour in the Night, de A. Pilgrim, págs. 61, 62.
(**) Cristianismo Esotérico, de Annie Besant, págs. 119, 120.

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“Esta sed que compartimos con el Salvador y las necesidades del mundo (del cual lo nuestro es una parte relativamente incidental) es lo que nos une a Él. Nos exhorta a alcanzar la “fraternidad de Sus sufrimientos”, y es la demanda que oímos conjuntamente con Él. Este aspecto de la Cruz y esta lección, han sido resumidos en el párrafo siguiente, lo que justifica nuestra más cuidadosa consideración y consiguiente consagración al servicio de la Cruz, que es el servicio a la humanidad:

“Cuando... me aparté de ese espectáculo que enternece al mundo entero, Cristo crucificado por nosotros, y contemplé las penosas y anonadantes contradicciones de la vida, no enfrenté, en el intercambio con mis semejantes, las frías trivialidades que dejan oír con tanta ligereza los labios de aquellos cuyos corazones jamás conocieron la verdadera congoja, ni cuyas vidas sufrieron un golpe aplastante. No se me dijo que todas las cosas fueron ordenadas para bien, ni se me aseguró que las abrumadoras disparidades de la vida eran sólo aparentes, ni fue revelado por los ojos y el ceño de Aquel que realmente conocía el dolor, ni por una mirada de solemne reconocimiento, como la que se cruza entre amigos que, tolerando un extraño y secreto dolor, les une un lazo indisoluble.”(*)” (514)

(*) Colloquia Crucis, de Dora Greenwell, pág. 14 f.

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“Otra Palabra de Poder surgió de la tiniebla que amortajaba al Cristo moribundo. El momento de Su muerte estuvo precedido por las palabras: “Padre, en Tus manos encomiendo mi espíritu”. Su primera y Su última palabra comenzaron con Su llamado: “Padre” —porque siempre somos los hijos de Dios, y “si hijos, también herederos de Dios y coherederos de Cristo, si es que padecemos conjuntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados”.(*) Coherederos de la gloria, pero también coherederos del sufrimiento que debe ser nuestro, si el mundo debe ser salvo y la humanidad en conjunto puede entrar en el reino.” (515)

(*) Ro. 8:17.

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““La característica de la enseñanza personificada en la tradición cristiana, es que Dios no constituye un ser apartado del mundo común de nuestra experiencia, sino que está presente en todas partes de ese mundo, con su maldad, ignorancia y dolor. En lenguaje simbólico, Dios ha tomado sobre Sí los pecados y dolores del mundo y sufre con nosotros, de modo que no estamos separados de Él por nuestros fracasos e imperfecciones o por la muerte. Su reino está dentro nuestro, mientras nos esforzamos por lograr lo que internamente reconocemos como divino.”(*)

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La relevante lección que nos espera es la realidad de que “... la naturaleza humana tal como la conocemos, no puede proporcionarnos felicidad sin sufrimiento, ni perfección sin el sacrificio de sí misma”.(**) Para nosotros el reino constituye la visión, pero para Cristo fue una realidad. El servicio al reino es nuestro deber y también es el método para liberarnos de la esclavitud de la experiencia humana. Esto es lo que debemos captar, llegar al convencimiento de que sólo hallaremos la liberación sirviendo al reino. Estuvimos demasiado tiempo sujetos por los dogmas del pasado, y vemos hoy una natural rebelión contra la idea de la salvación individual por el sacrificio de la sangre de Cristo, que constituye la enseñanza externa y más evidente, pero lo que realmente nos concierne es el significado interno, que sólo podemos experimentar cuando enfrentamos lo que mora en nuestro interior. A medida que las formas externas pierden su poder, con frecuencia surge el verdadero significado.” (516)

(*) Materialism, de J. S. Haldane, pág. 152.
(**) Mirage and Truth, de M. B. D'Arcy, S. J., pág. 179.

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“Cada uno debe comprobar eso por sí mismo. A menudo el temor nos impide ser veraces y enfrentar las realidades. Hoy es fundamental que encaremos el problema de la relación de Cristo con el mundo moderno y nos atrevamos a ver la verdad sin ningún prejuicio teológico. Nuestra experiencia personal en Cristo no sufrirá en este proceso. Ningún argumento moderno ni teología, podrán arrancar a Cristo del alma, una vez que ésta Lo ha reconocido, pues está fuera de toda posibilidad. Pero también es muy posible que encontremos errónea la interpretación teológica ortodoxa y que Cristo sea más incluyente de lo que se nos ha hecho creer, y que el corazón de Dios Padre sea más compasivo que el de quienes trataron de interpretarlo. Hemos predicado sobre un Dios de amor y defendido una doctrina de odio. Hemos enseñado que Cristo murió para salvar al mundo, tratando de demostrar que solamente los creyentes pueden ser salvos, y hay millones de seres que viven y mueren sin haber oído jamás hablar de Cristo. Vivimos en un mundo caótico, tratando de construir un reino de Dios, divorciado de la actual vida cotidiana y de la situación económica general, y al mismo tiempo, postulamos un cielo lejano que podremos alcanzar algún día. Pero Cristo fundó un reino en la Tierra, en el que todos los hijos de Dios tendrán igual oportunidad de expresarse como hijos del Padre. Muchos cristianos encuentran imposible aceptarlo y algunos de los mejores pensadores de la época repudiaron la idea. Las siguientes palabras constituyen un ejemplo:

“Soy incapaz de aceptar el concepto teológico de Dios como un ser perfecto, separado de todo mal, sufrimiento y desorden de nuestro universo. Esta concepción me parece idólatra, semejante al reconocimiento de algo definido e independiente de Dios. En el actual universo de nuestra experiencia y no en ninguna otra parte, hallaremos a Dios. El Dios que hallamos, vive y está activo, creando constantemente o poniendo orden en el caos indefinido, presente en nosotros, en nuestra lucha por la verdad, la justicia y la belleza, así como también cuando abandonamos esa lucha, incurriendo en la desarmonía interna que experimentamos entonces. Si no fuera por el caos no podríamos concebir un Dios activamente creador y viviente. Debemos considerar el caos como el trasfondo indefinido de la historia definida, la manifestación progresiva de Dios. Si consideramos la concepción de un Dios fuera de todo sufrimiento e imperfección, hallaremos que carece de sentido real en el mundo de nuestra experiencia. Sólo en la lucha, el Dios de la religión se nos revela como un Dios de Amor, Verdad y Belleza.”(*)” (517)

(*) Materialism, de J. S. Haldane, págs. 174, 175.

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“Una y otra vez encontramos que los tres episodios que se relatan en el Evangelio no son hechos aislados en la vida de Jesús de Nazaret, sino que se llevaron a cabo repetidas veces en los retiros secretos de los Templos de los Misterios, desde los albores de las edades. Los salvadores del pasado fueron todos sometidos a los procesos de la muerte, en una u otra forma, pero todos resucitaron o fueron trasladados a la gloria. En las ceremonias de la iniciación este entierro y resurrección, al cabo de tres días, eran muy familiares. La historia narra que muchos de esos Hijos de Dios murieron y resucitaron para ascender finalmente al cielo. Vemos, por ejemplo, que “las exequias de Adonis se celebraron en Alejandría (Egipto) con toda pompa. Su imagen era conducida con gran solemnidad a una tumba, a fin de rendirle las últimas honras. Antes de cantar sobre su retorno a la vida se celebraban algunos ritos fúnebres honrando su sufrimiento y muerte. Se mostraba la gran herida que recibió, como se muestra la herida del lanzazo que Cristo recibiera. La festividad de su resurrección se fijó para el 25 de marzo”.(*) Existe la misma leyenda relacionada con los hombres de Tamuz, de Zoroastro, de Esculapio, a quien se refirió Ovidio en los términos siguientes:” (518)

(*) Ovid's Methamorphoses, según Addison, citado en “Taylor's Diegesis“, pág. 148.

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“El propósito debe subyacer en el dolor. En toda actividad humana debe sentirse un objetivo. El idealismo de los conductores de la raza no puede ser alucinación. El conocimiento de Dios debe tener alguna base en la realidad. Los seres humanos están convencidos de que la aparente injusticia del mundo es una legítima seguridad de un más allá, donde el íntegro propósito divino quedará justificado. Hay una creencia fundamental de que el bien y el mal están en lucha continua en la naturaleza del hombre y que el bien debe triunfar inevitablemente. El hombre lo ha afirmado a través de, las edades. La humanidad ha desarrollado muchas teorías acerca del hombre y su futuro, de su preparación para la vida del más allá y de por qué está en la tierra. No es necesario detallar estas teorías ni tenemos tiempo para ello. Constituyen en sí una prueba de la realidad de la inmortalidad y de la divinidad del hombre. El hombre ha intuido esta máxima posibilidad y no descansará hasta haberla alcanzado. Ya se trate de la pluralidad de las vidas en nuestro planeta, que nos llevan a la perfección ultérrima, o de la teoría budista, que conduce al Nirvana, la meta es una.” (519)

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 ““La resurrección no es la resurrección de los muertos de sus tumbas, sino el paso, por la propia absorción de la muerte, a la vida del amor altruista, la transición de la tiniebla del individualismo egoísta a la luz del espíritu universal, de la falsedad a la verdad, de la esclavitud del mundo a la libertad de lo eterno. La creación 'gime con los dolores del parto’ ‘para liberarse de la esclavitud de la corrupción, a la libertad de la gloria de los hijos de Dios’.”(*)” (520)

(*) The Supreme Spiritual Idela, de S. Radhakrishnan, Hibbert Journal. octubre de 1936.

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“toda enseñanza y todo sufriente Hijo de Dios, que vino antes de Cristo, hicieron dos cosas:

Primero, preparar el camino para el Cristo, dando las enseñanzas que Su era, período y civilización particular, requerían; segundo, representó con su vida la enseñanza de los Misterios, que antes de la época de Cristo se limitaba a los muy pocos que se preparaban para la iniciación, o que por derecho de iniciación podían entrar en los templos de los Misterios.” (521)

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“La obediencia a lo más elevado, practicada en las cosas más pequeñas como en las más grandes, es una regla demasiado simple para muchos, pero, no obstante, es el secreto del Camino. Pedimos demasiado, y cuando se da una regla sencilla que dice simplemente obedecer la voz de la conciencia y seguir el destello de luz que vemos, no resulta bastante interesante el hecho de obedecerla rápidamente. Pero esta regla fue la primera que siguió Cristo y, aún siendo niño, dijo venir a ocuparse de los asuntos de su Padre. Cristo obedeció el llamado. Hizo lo que Dios le dijo; siguió paso a paso la voz interna —y Lo condujo de Belén al Calvario. Pero con el tiempo lo llevó al Monte de la Ascensión. Cristo demostró los resultados de la obediencia y Él Mismo “aprendió la obediencia por lo que sufrió”. Pagó el precio y reveló lo que Dios podía ser y hacer en el hombre.” (522)

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“El Dr. Bosanquet (*) lo explica en forma iluminadora:

“... digo, ‘constructor de almas’, diferenciando el Alma de la Inteligencia. Puede haber inteligencias o chispas de la divinidad en millones de seres, pero no son almas hasta adquirir identidad, hasta que cada una es una personalidad propia. Las inteligencias son átomos de percepción, saben, ven y tienen pureza, y son, en síntesis, Dios. ¿Cómo se construyen las almas? ¿Cómo se les otorga identidad a esas chispas que son Dios, para que cada una posea una bienaventuranza peculiar por su existencia individual? De qué otro modo sino por intermedio de un mundo... Esto se efectúa mediante tres espléndidos materiales que actúan uno sobre otro, durante una serie de años, y son: la inteligencia, el corazón humano (diferenciándolo de la inteligencia y de la mente) y el mundo, o espacio elemental apropiado, para la acción mutua de la Mente y el Corazón, con el propósito de formar el alma o inteligencia, destinada a poseer el sentido de Identidad... Para que pueda apreciarse con más claridad, voy a repetirlo de la manera más sencilla posible. Llamaré al mundo, la Escuela instituida con el propósito de enseñar a leer a los párvulos; al corazón humano, la cartilla empleada en dicha escuela, y diré que el niño es capaz de leer el alma por esa escuela y su cartilla. ¿Pueden ver cuán necesario es un mundo de dolor y angustia para adiestrar una Inteligencia a fin de convertirla en un alma?

Pero para alcanzar este contacto definido y consciente con el alma, el aspirante debe aprender a obedecer mediante el sufrimiento y también a practicar el amor. Esto no es fácil. Requiere disciplina, esfuerzo y empeño incesante, pues la conquista del yo, que significa una crucifixión diaria y una centrada atención perfecta, nunca aparta sus ojos de la meta, porque es consciente siempre de sus propósitos, progreso y orientación. Lo maravilloso de este proceso es que puede ser realizado aquí y ahora, en la situación en que nos encontramos, sin incurrir en la menor desviación desde el lugar del deber y la responsabilidad. El autor, Dr. Bonsanquet,(**) continúa diciendo que “... el yo, en su esfuerzo por completarse, hará pedazos toda forma parcial de su propio ser cristalizado, recibirá con agrado cualquier accidente y se embarcará en el conflicto y la aventura... Este reconocimiento será representado como si surgiera y se mantuviera por todas partes y, en efecto, por los dolores de la propia formación, de la venturosa vida finita, y captando la seguridad del yo por la unión con el todo, en proporción con el alcance de la propia trascendencia que, aunque se amplifique en dirección al todo, muestra en sí todavía la debilidad e inutilidad de la existencia finita.”” (523)

(*) Psychology and The Promethean Will, de W. H. Sheldon, pág. 34.
(**) The Value and Destiny of the Individual, págs. 17, 18.

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“La familia humana es individualmente autoconsciente. Esta etapa de la conciencia separadora ha sido necesaria y útil, pero ha llegado el momento de ser ya conscientes de contactos mayores, de implicancias más amplias y de una inclusividad más general. A este respecto dice un escritor:

“...no podemos permitir que nuestro prójimo, se trate de una nación o de un individuo, se encamine a la destrucción, sin que por lo menos compartamos su sufrimiento y desgracia. Todas las personas están orgánicamente relacionadas. La humanidad sólo puede progresar si todas las naciones progresan. Ninguna nación puede sobresalir egoístamente, dejando que las demás perezcan... Tenemos que percibir la realidad científica de la solidaridad del género humano. Debemos reconocer que la prosperidad, el bienestar, la salud y la felicidad de cada uno de nosotros, pueden asegurarse únicamente si cada uno actúa de manera que los demás, nuestros semejantes, tengan la misma paz, la misma felicidad, las mismas ventajas económicas y las mismas oportunidades para educarse, que las nuestras.”(*)” (524)

(*) Modern Trends in World Religions, de A. E. Haydon, págs. 57, 58.

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“Así, paso a paso, hemos seguido a Cristo en Su estupenda tarea y estudiamos esta tarea en lo que respecta a su excepcionalidad. Hizo algo de tal significación para la raza, que recién ahora estamos en condiciones de comprenderlo. Tanto nos ocupamos de nuestra propia salvación individual y nuestra esperanza de ganar el cielo, que las cosas realmente únicas que Cristo efectuó, escaparon a nuestra observación. Sin duda siguió los pasos de muchos hijos de Dios, que en su día y generación sirvieron, sufrieron y trajeron la salvación al mundo; tampoco se duda que dio un ejemplo de lo que es una humanidad perfecta, como el mundo jamás había visto antes. El más grande de los anteriores hijos de Dios, Buda, después de incesante lucha, alcanzó la iluminación, abrió la senda para la humanidad hasta y a través del portal de la iniciación. Pero Cristo fue perfecto y aprendió la obediencia (¿nos atreveremos a decir que Lo hizo en algún ciclo previo de vidas?) por medio del sufrimiento. También es cierto que venció a la muerte y abrió los portales de la inmortalidad a toda la humanidad. Pero desde los primeros albores de la historia humana, los hombres siempre sufrieron mutuamente; repetidas veces, unos aquí y otros allá, lograron la perfección y desaparecieron de la vista humana. La chispa divina en el hombre, siempre lo ha hecho inmortal. Los hombres siempre presintieron su divinidad y tendieron sus manos y sus corazones a Dios. Los hijos del Padre nunca olvidaron el hogar del Padre, por mucho que se hayan alejado. De igual modo, Dios siempre nos buscó y siglo tras siglo envió a Sus mensajeros como personificación de Su recuerdo” (525)

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“La voluntad religiosa se está expresando ahora, no se dirige a la teología ni a la formación de doctrinas, tampoco se ocupa de que se cumplan, sino de amar y servir, olvidando al yo, dando lo máximo posible para ayudar al mundo. Esta voluntad derriba todas las barreras y eleva a los hijos de los hombres donde hay voluntad de ser ayudados. Es algo que se está organizando lentamente en el mundo de hoy, cuya cualidad es la universalidad y su técnica el servicio amoroso. Por todas partes los hombres responden al mismo impulso espiritual interno, tal como aparece en el bello relato referente al Buda:

“En la creencia de que había alcanzado la última etapa de la perfección, el Buda está dispuesto a abandonar la existencia en el espacio y tiempo finito y a trocar todo el dolor y el sufrimiento por la bienaventuranza universal y eterna.

“En ese momento, un mosquito zumbador fue atrapado por un murciélago que pasaba.

“‘Detente’, pensó el iluminado, ‘el estado de perfección al que estoy entrando es sólo la perfección de mí mismo, perfección excepcional, y mi plenitud es única, entonces aún no soy un ser universal. Otros seres aún sufren la imperfección, la existencia y la muerte resultante. La compasión se despierta en mí cuando contemplo su sufrimiento’.

“‘He iluminado para ellos el camino de la vida hasta la perfección, en verdad y en hecho, pero ¿podrán ellos hollar ese sendero sin mí’?

 “‘Soñé la excepcional perfección de mí mismo; la perfección de mi propio carácter y personalidad, es sólo imperfección, mientras otro ser —un solo mosquito— sufra la imperfección de su especie’.

“‘Ningún ser alcanzó la bienaventuranza solo; todos deben lograrla juntos, y ésa debe ser la bienaventuranza adecuada a cada uno’. ¿Acaso no estoy en todo otro ser, y todo otro ser no está acaso en mí?

“Con queda y tenue voz habla el Buda a cada ser, mediante su inspiración, para que adquiera carácter interno; su aspiración hacia la personalidad externa, transmuta perpetuamente este yo en el no-yo, cada realidad depende de la otra, un eterno sendero de vida para hollar hacia la perfección de cada uno y de Todos”.(*) (526)

(*) The Recovery of Truth, pág. 156

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(511) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(512) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(513) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(514) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(515) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(516) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(517) CAPITULO V. La Cuarta Iniciación... La Crucifixión. 4 (pág.)
(518) CAPITULO VI. La Quinta Iniciación... La Resurrección y la Ascensión. (pág. 239)
(519) CAPITULO VI. La Quinta Iniciación... La Resurrección y la Ascensión. (pág. 253)
(520) CAPITULO VI. La Quinta Iniciación... La Resurrección y la Ascensión. (pág. 255)
(521) CAPITULO VII. Nuestra Meta Inmediata... La Fundación del Reino. 1 (pág. 260)
(522) CAPITULO VII. Nuestra Meta Inmediata... La Fundación del Reino. 1 (pág. 268)
(523) CAPITULO VII. Nuestra Meta Inmediata... La Fundación del Reino. 1 (pág. 274)
(524) CAPITULO VII. Nuestra Meta Inmediata... La Fundación del Reino. 1 (pág. 280)
(525) CAPITULO VII. Nuestra Meta Inmediata... La Fundación del Reino. 2 (pág.)
(526) CAPITULO VII. Nuestra Meta Inmediata... La Fundación del Reino. 2 (pág.)