viernes, 19 de enero de 2018

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución Cósmica (y VIII) (Alice A. Bailey) (*)



Alice A. Bailey (como algunas/os de vosotras/os quizás conozcáis) escribió una serie de libros, algunos de suyos como este ("La Conciencia del Átomo") y otros con enseñanzas dadas por el Maestro Djwhal Khul (mas conocido como el Maestro Tibetano).

Este libro trata de la relación científica entre materia y consciencia, en una época en que la evolución influencia progresivamente la sustancia de todas las formas. El "átomo" aparece como la réplica miniaturizada más completa de la estructura energética común a todas las formas de vida: cósmica, planetaria, humana y subhumana"

Paulatinamente iremos añadiendo nuevos capítulos del libro para poder tratarlos con "la suficiente tranquilidad y mente abierta", aspectos indispensables para poder profundizar en estos temas.

Recordemos que el libro fue escrito hace casi 100 años, por lo que algunas expresiones, aspectos y comentarios que puedan aparecer en el mismo han de considerarse como de aquella época y, por tanto, quizás no coincidan del todo con la realidad actual.

Si alguien estuviese interesado en obtener mas información sobre A. A. Bailey, la Escuela Arcana y/o el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), puede consultar los enlaces siguientes:


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LA EVOLUCIÓN CÓSMICA
 SÉPTIMA CONFERENCIA
Alguien puede considerar ridículo dar una conferencia sobre la Evolución Cósmica, porque, como es lógico, yo ni ninguna mortal sabe algo sobre este tema y, en consecuencia, somos incapaces de explayamos sobre él. Sin embargo, hay ciertas deducciones que podemos extraer de acuerdo a la ley de analogía, que podrán conducirnos a interesantes regiones del pensamiento.

Durante varias semanas consideramos la evolución del átomo, etapa tras etapa, hasta incluir el entero sistema solar en el término átomo. Estudiamos, primeramente, en líneas generales, el átomo de sustancia, después el átomo humano y luego aplicamos lo que conocemos sobre ambos a una esfera mayor, átomo o planeta, denominado átomo planetario; extendiendo la idea hasta el átomo del sistema solar, dijimos que tiene su lugar dentro de un todo mayor.

Estudiamos tres métodos de evolución o desarrollo, en conexión con este tema. Consideramos los aspectos que evolucionaron por medio de esos átomos, sus cualidades o naturaleza síquica y vimos que en el átomo de sustancia la única cualidad síquica que podíamos atribuirle era la inteligencia. Pasamos después a las formas atómicas subhumanas y vimos que las formas en los reinos mineral y vegetal, manifestaban otra cualidad de la deidad, sensación, sensibilidad, amor embrionario y emoción. También descubrimos que en el reino animal comenzaba a manifestarse una tercera cualidad, la mente rudimentaria, y al llegar al átomo humano teníamos la expresión de tres aspectos, inteligencia, amor y una voluntad central. Extendimos este concepto al planeta y al sistema solar, y hallamos que por medio de la forma del sistema solar actúa una excelsa Inteligencia o Mente, utilizada para demostrar otra cualidad, Amor o Sabiduría, y que energetizaba todo mediante una gran VOLUNTAD. De ello deducimos que esa voluntad podía ser la manifestación de una Entidad que anima a todo el sistema solar, desde el ínfimo átomo de sustancia hasta la gran Vida que energetiza al sistema planetario.

Sentados estos fundamentos, pasamos a considerar la evolución de la vida consciente en la forma atómica, y vimos que en cada átomo evolucionaba conscientemente un tipo superior de conciencia, y que la conciencia humana se distingue de las otras formas inferiores en que es autoconsciente; que el hombre es una inteligente voluntad que ejecuta conscientemente cada acción, y se da cuenta de lo que lo rodea, actuando en definida línea de actividad con un particular objetivo. La autoconsciencia del hombre conduce a algo más elevado, a la conciencia del gran Espíritu planetario, que puede describirse mejor como conciencia grupal. A medida que avanza la evolución, el hombre pasará de la etapa de la autoconsciencia en que nos hallamos ahora, ustedes y yo, al conocimiento de lo que significamos por conciencia grupal, algo prácticamente desconocido, excepto como un hermoso ideal, un sueño que se materializará en un lejano futuro. La conciencia grupal conducirá lógicamente a lo que a falta de mejor término, llamamos conciencia de Dios, aunque desapruebo el empleo de la palabra Dios debido a que ocasiona muchas discusiones entre los distintos pensadores de la familia humana. Estas diferencias se fundan mayormente en las distintas fraseologías y términos que se emplean para expresar ideas fundamentales y los varios métodos de organización. Cuando el científico habla de fuerza o energía, el cristiano de Dios y el hinduísta emplea términos análogos a 'yo soy ese yo soy', o el yo, todos se refieren a la misma Vida una, y pierden el tiempo en el intento de demostrar el error ajeno y la exactitud de su propia interpretación.

Vimos después, en términos generales, que la evolución atómica podía dividirse en dos etapas: una, la atómica; la otra, a falta de mejor término, la radiactiva. La etapa atómica es ésa donde el átomo vive su vida autocentrada, preocupándose totalmente de su propia evolución y del efecto producido por sus contactos. A medida que prosigue la evolución, se evidencia que el átomo comienza a reaccionar a una vida mayor fuera de sí mismo y tenemos aquí un período análogo al de la construcción de formas, donde los átomos de sustancia son atraídos por una mayor carga de energía o fuerza eléctrica positiva, si desean llamarla así, que los absorbe o atrae y construye una forma con ellos, que a su vez se convierten en electrones. Vimos que en nuestro caso y en el de toda unidad autoconsciente, se sigue el mismo procedimiento y que posemos una vida central que mantiene dentro de la esfera de su influencia a los átomos que constituyen los distintos cuerpos, físico, emocional y mental; también que nos manifestamos, nos movemos y vivimos nuestra vida, desarrollamos nuestros propósitos, atrayendo hacia sí átomos de sustancia adecuados a nuestra necesidad para poder así realizar los necesarios contactos. Estos átomos son, para nosotros, la vida central, lo que los electrones para la carga central positiva en el átomo de sustancia. Después comprendimos que si esto es verdad, es decir, si existe una etapa autocentrada o período estrictamente atómico para el átomo y para el átomo humano, entonces se podría decir lo mismo del átomo del planeta, habitado por su Vida central espiritual. De allí entramos en el campo de las conjeturas y consideramos que todo lo que transcurre en el planeta se debe a la condición autocentrada de la Entidad que lleva a cabo su propósito por medio del planeta. Finalmente introducimos la misma idea en conexión con el sistema solar.

Pasamos luego a considerar la segunda etapa, la radiactiva, que los científicos están estudiando desde hace veinte años en conexión con el átomo químico y físico, y vimos una condición análoga en la evolución del átomo humano, pero precedida por un período paralelo al de la etapa atómica, donde el hombre es puramente egoísta, totalmente autocentrado y no le interesa el bienestar del grupo del cual forma parte. Esta etapa previa es muy evidente hoy en el mundo. Un gran porcentaje de la familia humana se halla en la etapa atómica, pero recordemos que es una etapa protectora y necesaria; por ella pasa toda unidad humana durante el proceso de descubrir su lugar en el grupo, permitiéndole desarrollar algo que dé valor a ese grupo cuando entre en la segunda etapa.

También hay en el mundo unidades humanas que están pasando a la segunda etapa y llegando a ser radiactivas y magnéticas, influyen a otras formas y van siendo conscientes del grupo. Salen de la etapa del "yo soy" y entran en el conocimiento de "yo soy ése"; comienzan a conocer la vida y propósito de la excelsa Entidad de cuyo cuerpo son parte; se dan cuenta del propósito detrás de la vida del Espíritu planetario el impulso subjetivo, subyacente en la manifestación objetiva de la tierra. Empiezan a colaborar con Sus planes, a trabajar por el mejoramiento de su grupo, y la diferencia entre ellos y los otros átomos de la familia humana es que ahora son conscientes del grupo, poseen perspectivas más amplias, reconocimiento grupal y un propósito mayor. Al mismo tiempo, no pierden su autoconsciencia ni su identidad individual, y mantienen su propia vida esferoidal, pero no aplican a sus propios planes la fuerza y la energía que afluye a través de ellos, sino en la inteligente colaboración con la excelsa Vida de la cual forman parte. Dichos hombres son pocos y vienen de vez en cuando, pero cuando sean más numerosos, entonces podremos esperar un cambio en las  condiciones del mundo, y también la llegada de ese momento de que habla San Pablo, cuando dice: "No deberá haber desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros deben cuidarse mutuamente. Si un miembro padece, todos sufren con él, y si un miembro es honrado, todos se regocijan con él... El mismo Dios actúa en todos. Hay diversidad de dones, pero el mismo espíritu; hay diversidad de ministerios o servicios, pero el mismo Señor". Cuando todos seamos conscientes del grupo, entonces lo seremos del propósito subyacente en la manifestación, en nuestro planeta; cuando seamos conscientemente activos y apliquemos nuestra energía en llevar a cabo los planes del grupo, entonces llegará lo que los cristianos llaman el "milenio".

Ahora bien, si tenemos en la evolución del átomo de la sustancia y en el humano, ambas etapas, y si son la base de todo futuro desarrollo, entonces dentro del átomo planetario tendremos las mismas dos etapas, aquella en que la Vida planetaria lleva a cabo Sus propios planes, y otra donde colabora con los planes superiores de la Vida que anima al sistema solar. Como aún no puedo entrevistar al Espíritu planetario, no puedo decir si colabora con los propósitos del Logos solar, pero podemos tener una idea general del propósito, estudiando la evolución de la raza y el desarrollo de los grandes planes internacionales en el planeta. También debe recordarse que aunque los seres humanos nos consideramos como la manifestación más elevada en el planeta, puede haber otras evoluciones, a través de las cuales pudiera estar actuando la Vida central y de la cual muy poco sabemos. No sólo debemos estudiar al hombre, sino también la evolución angélica o dévica, como la llama el hinduista. Esto nos abre un dilatado campo de estudio y reflexión.

En el sistema solar esperamos hallar además análogas etapas, y probablemente la gran Vida que anima el entero sistema solar, esa gran Entidad que utiliza al sistema solar para llevar a cabo un definido propósito, lo energetiza por medio de estos grandes centros de fuerza que llamamos átomos planetarios, que a su vez actúan por medio de centros menores o grupos, haciendo descender su energía a través de los grupos de átomos humanos, a los distintos reinos de la naturaleza, y así al minúsculo átomo de sustancia que refleja a su vez todo el sistema solar. Si meditamos sobre esta cuestión de la vida atómica, resulta muy interesante y nos introduce en múltiples conjeturas. Uno de los puntos más interesantes que nos ofrece es la íntima correlación, la estrecha interacción de los diversos átomos y la omnipenetrante unidad que finalmente debemos reconocer. Si hemos descubierto que en la evolución de los átomos de todo tipo llega una etapa en que palpan y buscan su lugar en el grupo, y de positivos se convierten en negativos, en lo que respecta a una vida mayor, si es verdad que en estas manifestaciones de conciencia hay una etapa autoconsciente y otra de conciencia grupal, ¿no sería lógico y posible, después de todo, que nuestro sistema solar sea sólo un átomo dentro de un todo mayor? ¿No habrá para nuestro sistema solar y Logos solar, una vida central más grande hacia la cual el espíritu animador, dentro de la esfera solar, sea gradualmente atraído y a cuya conciencia aspira nuestra deidad? ¿Se observan en alguna parte, indicios de esta fuerza atractiva o meta? ¿Hay mayores esferas de vida solares fuera de nuestro sistema, que producen un definido efecto sobre él? Todo esto puede ser una mera conjetura, pero ofrece puntos interesantes. Si consultamos los tratados de astronomía para averiguar si lo afirman los astrónomos, hallaremos muchas opiniones contradictorias. Unos dicen que en las Pléyades hay un punto central en cuyo torno gira nuestro sistema planetario, y otros declaran que el punto de atracción magnética está en la constelación de Hércules, y por otra parte otros lo contradicen rotundamente. Algunos astrónomos hablan de "deslizamientos de estrellas" y dicen que van hacia una dirección específica, mientras otros arguyen que en distancias tan vastas no es posible determinar si ciertos sistemas siguen o no una órbita definida.

Sin embargo, si consultamos los antiguos libros mitológicos, podremos definir el mito como algo que oculta una gran verdad, hasta comprenderla, y si estudiamos los antiguos libros de Oriente, hallaremos que todos aluden a dos o tres constelaciones que poseen una relación íntima y peculiar con nuestro sistema solar. Respecto a esto los modernos astrónomos mantienen una actitud agnóstica, que corresponde al punto de vista de la ciencia materialista. Lo que trato de acentuar es que un tópico sobre el cual están divididos y discuten los astrónomos, y que sin embargo exponen tan claramente los libros orientales, debe basarse en la realidad científica y en que probablemente hay algo de verdad en tal afirmación. Mi sugerencia personal sobre este aspecto de la verdad no reside en la interpretación física, sino en la Conciencia; que la evolución síquica se está llevando a cabo en el átomo (empleando la palabra síquica en sentido de conciencia subjetiva), puesto que está insinuada en dichos libros, subrayando la oculta relación que tenemos con otros sistemas solares. Quizás aquí encontremos la verdad. La vida subjetiva puede ser una, la energía que fluye entre ellas también puede ser una; pero en las formas físicas reside la diversidad. Quizás en la evolución de la inteligencia, en la manifestación del amor, o conciencia grupal, y en el desarrollo de la voluntad, o propósito, reside la unidad, la unicidad de la vida subjetiva y el eventual reconocimiento de que sólo en la forma existe separación y diferenciación.

Al considerar este asunto, los libros orientales dicen que las siete estrellas de la Osa Mayor, las siete estrellas de las Pléyades y el sol Sirio, están en íntima relación con nuestro sistema solar y tienen estrecha relación psicomagnética con nuestro Logos solar.

Hemos visto que la meta para el átomo de la sustancia es la autoconsciencia, y que para la entidad que está evolucionando a través de un planeta, la meta puede ser la conciencia de Dios. Pero, lógicamente, al considerar al Logos solar fallan las palabras; sin embargo, para Él también debe haber una meta, que bien podríamos denominar Conciencia Absoluta. Daré un ejemplo: se dice que nuestro cuerpo está constituido por multitud de pequeñas vidas, células o átomos, poseyendo cada uno su propia conciencia individual o autoconsciencia. La conciencia del cuerpo físico, considerado en conjunto, podría ser, desde el punto de vista del átomo, como su conciencia grupal. Después tenemos la conciencia del hombre, el pensador, que energetiza al cuerpo, lo maneja a voluntad, y es para el átomo de su cuerpo, análogamente a lo que denominamos conciencia de Dios. Nuestro conocimiento autoconsciente se halla tan lejos del átomo, como la conciencia del Logos solar está de la nuestra. Para el átomo del cuerpo humano, esa conciencia del Logos solar, ¿no podría ser la denominada Conciencia Absoluta? Esta idea puede extenderse al átomo humano y al átomo planetario, de modo que el Logos solar tiende a una conciencia más allá de la propia, análoga a la que se extiende entre nuestro átomo y el de Él. Aquí se nos abre una maravillosa perspectiva sumamente alentadora, porque si estudiamos la célula del cuerpo físico y consideramos la enorme distancia recorrida entre su conciencia y la humana, tenemos la promesa y la esperanza de una futura realización y el incentivo para perseverar en nuestro esfuerzo.

Los antiguos libros de Oriente han mantenido en secreto durante largos siglos muchas verdades que hoy empiezan a introducirse en la conciencia del occidental. Enseñaron hace miles de años la radiactividad de la materia, y quizás después de todo puede haber el mismo fondo de verdad en su enseñanza sobre las constelaciones. Acaso en las estrellas que vemos en el lejano firmamento, y en la vida que en ellas evoluciona, esté la meta de nuestro Logos solar, y las influencias que afluyen hacia él, lo atraen y a su debido tiempo lo hacen radiactivo. Los libros orientales dicen que en el sol Sirio está la fuente de la sabiduría y que de allí emana la influencia o energía del amor. También dicen que hay una constelación que está más estrechamente vinculada a nuestro Logos solar, debido a que Éste no ha evolucionado bastante para responder completamente a Sirio, pero puede responder a la influencia de las siete hermanas, las Pléyades, que es una interesante constelación. Si consultamos en un diccionario la palabra "electricidad", hallaremos que se refiere etimológicamente a la estrella Electra, una de las siete hermanas, que para algunos es la Pléyade perdida. Los instructores orientales dicen que en el misterio de la electricidad está oculto todo conocimiento, y que cuando lo sondemos, conoceremos todo lo conocible. No es posible decir qué relación existe entre las Pléyades y nuestro sistema solar; pero la Biblia cristiana reconoce tal relación, pues Job habla de la "dulce influencia de las Pléyades", y alguna de las Escrituras orientales afirman que la conexión reside en el sonido o vibración. Quizás las Pléyades son la fuente de la vida atómica de nuestro Logos, el activo aspecto inteligente, el primero que se desarrolló y al que podríamos llamar materia eléctrica.

Tenemos luego la Osa Mayor. Mucho de interés dicen los escritos orientales acerca de la relación entre las Pléyades y la Osa Mayor. Se dice que las siete hermanas son las siete esposas de las siete estrellas de la Osa Mayor. ¿Qué verdad encubre esta leyenda? Si las Pléyades son la fuente de la manifestación eléctrica, el activo aspecto inteligente del sistema solar y la energía que anima a toda materia, pueden representar el aspecto negativo, cuyo polo opuesto o positivo serían sus siete esposos, las siete estrellas de la Osa Mayor. Quizás la unión de ambas constelaciones engendró nuestro sistema solar. Acaso estos dos tipos de energía, el de las Pléyades y el de la Osa Mayor, al unirse en su conjunción, produzcan y sigan produciendo el surgimiento en los cielos de lo que llamamos nuestro sistema solar.

La relación de ambas constelaciones o más bien su relación subjetiva, debe tener una base real, pues de lo contrario no la insinuarían las diversas mitologías. Debe haber algo que las relaciona entre las miríadas de constelaciones, con nuestro sistema solar. Pero nos extraviamos cuando tratamos de aplicarla en forma puramente física. En cambio, si la definimos en líneas de la vida subjetiva y la conectamos con la energía, cualidad o fuerza, probablemente tropecemos con la verdad y descubramos algo de la realidad subyacente en lo que a primera vista parece una disparatada fábula. Todo cuanto dilate nuestro horizonte y nos permita ampliar la visión y obtener una clara perspectiva de lo que sucede en el proceso evolutivo, será muy valioso, no por lo que valga la acumulación de hechos comprobados, sino por lo que permite acrecentar dentro de nosotros mismos, acrecentar nuestra capacidad de pensar en términos más amplios, ver más allá de nuestro autocentrado punto de vista e incluir en nuestra conciencia aspectos diferentes del nuestro. Al hacerlo desarrollamos la conciencia grupal y llegamos eventualmente a comprender que los hechos aparentemente maravillosos por los cuales luchamos y morimos, en el transcurso de los siglos, y destacamos como toda verdad, fueron, después de todo, simples fragmentos de un plan y porciones infinitesimales de la gigantesca suma total. Quizás cuando volvamos de nuevo a la tierra y podamos mirar las cosas que tanto nos interesan ahora y tan importantes nos parecen, descubramos cuán erróneos eran los hechos tal como los captamos entonces. Después de todo, los hechos no tienen importancia; no la tienen ahora los hechos del último siglo, y en el próximo siglo los científicos se reirán de nuestras aseveraciones dogmáticas y se admirarán de cómo observábamos la materia. Lo importante en realidad es el desarrollo de la vida y su relación con lo que la circunda, y aún mayormente el efecto que producimos con quienes estamos asociados y el trabajo que realizamos, que afecta para bien o mal, al grupo al cual pertenecemos.

Al cerrar esta serie de conferencias no puedo hacer nada mejor que citar las palabras de San Pablo: "Porque tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente, no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse... porque somos salvados por la esperanza... por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios..."
 
 (*) Este artículo fue publicado en fecha 26/04/2015 en el blog "En Compañía del Alma"

martes, 9 de enero de 2018

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Meta de la Evolución (VII) (Alice A. Bailey) (*)



Alice A. Bailey (como algunas/os de vosotras/os quizás conozcáis) escribió una serie de libros, algunos de suyos como este ("La Conciencia del Átomo") y otros con enseñanzas dadas por el Maestro Djwhal Khul (mas conocido como el Maestro Tibetano).

Este libro trata de la relación científica entre materia y consciencia, en una época en que la evolución influencia progresivamente la sustancia de todas las formas. El "átomo" aparece como la réplica miniaturizada más completa de la estructura energética común a todas las formas de vida: cósmica, planetaria, humana y subhumana"

Paulatinamente iremos añadiendo nuevos capítulos del libro para poder tratarlos con "la suficiente tranquilidad y mente abierta", aspectos indispensables para poder profundizar en estos temas.

Recordemos que el libro fue escrito hace casi 100 años, por lo que algunas expresiones, aspectos y comentarios que puedan aparecer en el mismo han de considerarse como de aquella época y, por tanto, quizás no coincidan del todo con la realidad actual.

Si alguien estuviese interesado en obtener mas información sobre A. A. Bailey, la Escuela Arcana y/o el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), puede consultar los enlaces siguientes:


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LA META DE LA EVOLUCIÓN


 SEXTA CONFERENCIA

No me inspira mucha confianza el título "La Meta de la Evolución", pues reconozco que únicamente puedo exponer algunas suposiciones forjadas en mi imaginación, debido a que la mente finita es incapaz de calibrar exactamente el plan de Dios. Sólo cabe estudiar la historia, investigar las condiciones actuales, conocer algo de las tendencias naturales y raciales y seguir lo más lógicamente posible los diversos pasos y etapas. Lo único que podemos hacer es comenzar desde la sólida base de los hechos y conocimientos adquiridos, luego reunirlos y establecer sobre ellos una hipótesis respecto a lo que pueda ser la probable meta. No es posible ir más allá.

En charlas anteriores, sobre el tema de la evolución, como mencioné en la primera, nos ocupamos de conjeturas y posibilidades. Sabemos ciertas cosas y comprobamos verdades, pero las conclusiones de la ciencia, tan mencionadas y repetidas hace cuarenta años, ya no se consideran como hechos ni se emplean o promulgan tan drástica y enfáticamente como antes. La ciencia descubre que su conocimiento es muy relativo. Cuanto más capta y conoce el hombre, mayor es el horizonte que se abre ante él. Los científicos se están aventurando en los planos sutiles de la materia y, por lo tanto, en los reinos de lo no comprobado, y si recordamos, la ciencia había negado hasta ahora su existencia. Estamos trascendiendo la esfera de la llamada  materia sólida" y entrando en esos reinos que se infieren al hablar de los "centros de energía", de la "fuerza positiva y negativa", de los "fenómenos eléctricos", donde se resalta cada vez más la cualidad de la sustancia. Cuanto más adelante miramos, más amplias son nuestras conjeturas y tentativas; al tratar de justificar la telepatía, el psiquismo y otros fenómenos, más nos internamos en el reino de lo subjetivo y subconsciente, y nos vemos obligados a expresarnos en términos de cualidad o energía.

Si logramos explicar lo poco común, lo inexplicable, y cerciorarnos de la realidad de lo oculto, llegaremos a establecer una condición casi paradójica, y gradualmente convertiremos lo subjetivo en lo objetivo.

El tópico que consideraré ahora nos afecta íntimamente, se refiere al logro, por el hombre, de esa conciencia grupal que es su meta, y las expansiones de la pequeña conciencia hasta llegar a la altura de esa conciencia superior que la circunda. Recordarán que al explicar la diferencia entre la autoconsciencia, la conciencia grupal y la conciencia de Dios, expuse el ejemplo de que en el pequeño átomo de sustancia del cuerpo físico -esa minúscula vida centralizada que contribuye a la constitución de la forma humana- teníamos la analogía de la autoconsciencia del ser humano; que la vida del cuerpo físico, considerando cada uno de sus sectores como una totalidad, es para esa pequeña célula que se basta a sí misma, lo que la conciencia grupal es para nosotros; que la conciencia del verdadero hombre, la entidad animadora del cuerpo, es para ese átomo lo que la conciencia de Dios para nosotros, siendo tan lejana como inexplicable. Si ampliamos este concepto del átomo del cuerpo y su relación con el hombre, el pensador, hasta considerar al átomo humano como una unidad dentro del cuerpo mayor, comprenderemos la radical diferencia entre estos tres estados de conciencia.

Hay una analogía muy interesante entre la evolución del átomo y la del hombre (y supongo, por lo tanto, que también debe haberla respecto a la evolución de la Deidad planetaria y del Logos solar) en los dos métodos de desenvolvimiento. Vimos que el átomo tiene su propia vida atómica, y que cada átomo de sustancia del sistema solar, análogamente, es en sí un minúsculo sistema con un centro positivo o sol central, y los electrones o centros negativos, giran en sus órbitas a su alrededor. Tal es la vida interna del átomo, su aspecto autocentrado. Observamos también que se está estudiando el átomo bajo un nuevo aspecto, el de la radiactividad, y que en muchos casos se evidencia una activa radiación. Es imposible decir a dónde nos llevará este descubrimiento, porque el estudio de la sustancia radiactiva está todavía en su infancia y poco se sabe de ella. Muchas enseñanzas primitivas de la ciencia de la física han sido alteradas por el descubrimiento del radio, y cuanto más descubren los científicos, tanto más se evidencia (como ellos mismos se dan cuenta) que estamos en vísperas de grandes descubrimientos y de profundas revelaciones.

A medida que evoluciona y se desarrolla el ser humano, se observan dos etapas: la primitiva o etapa atómica, en la cual el hombre sólo se interesa por sí mismo y su propia esfera de actividad, donde la autocentralización es la ley de su ser. Es una etapa de la evolución necesariamente protectora. El hombre puramente egoísta se ocupa principalmente de sus cosas. En una etapa posterior, la conciencia del hombre comienza a expandirse, su interés trasciende la esfera personal y llega un período en que tantea en busca del grupo al cual pertenece. Esta etapa corresponde a la de radiactividad. Desde ese momento el hombre ya no es sólo una vida exclusivamente autocentrada, sino que empieza a afectar definitivamente su medio ambiente, aparta la atención de su propia vida personal egoísta y busca su centro superior. De un simple átomo que es, se convierte en un electrón y queda bajo la influencia de la gran Vida central, la cual lo sujeta dentro de su esfera de influencia.

Si esto es así, etapas análogas transcurrieron en la vida de la Deidad planetaria, y quizás explique las vicisitudes y acontecimientos que ocurren en el planeta. Creemos que los asuntos del mundo se deben a la actividad humana. Se considera, por  ejemplo, la guerra mundial como resultado de errores y debilidades humanas. Quizás sea así, porque sin duda pudieron contribuir a su estallido las condiciones económicas y las ambiciones humanas; pero tal vez fue consecuencia del cumplimiento del propósito de esa gran Vida central, cuya conciencia aún no alcanzamos y que tiene Sus propios planes, propósitos e ideales, y probablemente también esté experimentando con la vida. En Su vasta escala y nivel elevado, este Espíritu planetario aprende a vivir, a establecer contacto y a expandir Su conciencia; en realidad va a la escuela como ustedes y yo. Lo mismo puede suceder en el sistema solar y con acontecimientos de tanta magnitud que escapan completamente a nuestra comprensión. Quizás, los acontecimientos del sistema solar deriven de que se están llevando a cabo los planes de la Deidad o Logos, esa Vida central, fuente energetizadora de todo cuanto existe en el sistema solar. Constituye una interesante línea de pensamientos, y no produce ningún daño el conjeturar si su efecto consiste en darnos una amplia visión, inspirar mayor tolerancia o infundir un intenso e inteligente optimismo, no lo sé.

Habiendo visto que las dos etapas de actividad, atómica y radiactiva, caracterizan la evolución de todos los átomos del sistema solar, veamos ahora cuáles son los diferentes desenvolvimientos que parecen esperarse a medida que evoluciona la conciencia en el átomo humano. Concentremos la atención sobre este tipo humano de conciencia, porque es la evolución central de este sistema solar. Cuando los tres aspectos de la vida divina se unen -la vida o espíritu inmanente, la forma material o vehículo sustancial, y el factor actividad inteligente- se producen ciertos resultados específicos y el gradual desarrollo de determinado tipo de conciencia; la adquisición de una cualidad síquica, el efecto de la vida subjetiva sobre la forma material; la utilización de la forma para fines específicos, y el logro de ciertas cualidades por la entidad que mora internamente. La verdadera naturaleza de la vida central, sea Dios u hombre, se manifestará durante un ciclo de vida, solar o humano. Lo mismo sucede en el hombre y probablemente también en el Logos planetario y, por lo tanto, en el Logos solar.

Consideremos ahora los diferentes desenvolvimientos en relación con los cuatro tipos de átomos, el de la sustancia, el humano, el planetario y el cósmico. Uno de los primeros y más importantes desarrollos será la consciente respuesta a toda vibración y contacto, es decir, la capacidad de responder al no-yo en cada plano. Permítanme ilustrar. Podría reunir un auditorio de personas sin cultura y analfabetas y repetirles lo que he dicho hoy y no entenderían, pero podría darles una charla como la que di hace diez años sobre conceptos estrictamente evangélicos, y obtendría una rápida respuesta. No tiene aquí cabida lo bueno y lo malo, sino la diferencia de capacidad, las distintas categorías y tipos de hombres en las diversas etapas de evolución, para responder al contacto y la vibración. Significa sencillamente que ciertas personas están en una etapa a la que puede llegarse mediante un llamado emocional, en lo que se refiere a su propia salvación personal, pues están todavía en la primitiva etapa atómica. Existe otra etapa que incluye a esa, pero permite a la persona responder también a un llamado más intelectual, que proporciona cierto interés y satisfacción en charlas como éstas, y significa investigar cuestiones que conciernen al grupo. Ambas etapas son correctas.

Podemos considerar este asunto desde otro ángulo. Es muy posible conocer personajes, hombres y mujeres de talento, sin que lleguen a impresionarnos, al pasar a su lado, ni reconocerlos, perdiendo así lo que podrían darnos. Esto sucedió en Palestina con el Cristo hace dos mil años. ¿Por qué? Porque no somos lo suficientemente talentosos para responder a ellos. Carecemos de algo, de manera que somos incapaces de comprender o sentir su particular vibración. He oído decir, y creo que es verdad, que si Cristo volviera a la Tierra y caminara entre los hombres como entonces, podría vivir con nosotros día tras día y no advertiríamos la diferencia entre Él y otras personas buenas y altruistas. Aún no hemos cultivado la capacidad de responder a lo divino que existe en nuestros hermanos. Sólo vemos lo malo y lo burdo, reconocemos principalmente sus fallos y somos aún insensibles hacia las personas más evolucionadas.

Otro desarrollo consistirá en poder actuar conscientemente en todos los niveles del ser. Ahora actuamos conscientemente en el plano físico y pocos pueden hacer lo mismo en el siguiente nivel sutil, el astral (palabra que me desagrada, pues no imparte verdadero significado a nuestra mente) o plano emocional, donde el hombre está activo fuera del cuerpo físico, en las horas de sueño, e inmediatamente después de la muerte. Pocos seres humanos pueden actuar con la conciencia plenamente despierta en el nivel mental y menos aún en el espiritual. El objetivo de la evolución es que actuemos conscientemente con plena continuidad de conocimiento en los planos físico, emocional y mental. Ésta es la gran realidad que alcanzaremos algún día. Entonces sabremos que hacemos cada hora del día, no sólo doce o catorce horas de las veinticuatro. Actualmente no sabemos dónde está nuestra verdadera entidad pensante mientras dormimos. Desconocemos sus actividades y las condiciones ambientales. Algún día utilizaremos y aplicaremos cada minuto del día.

Otro de los propósitos de la evolución tiene triple finalidad: coordinar el propósito o voluntad, el amor y la enegía. Esto aún no se ha hecho. Ahora desplegamos mucha energía inteligente, pero es rara la persona cuya vida está animada por un propósito central que cumple indesviablemente, animada e instigada por el amor que actúa mediante la actividad inteligente. Sin embargo, llegará el momento en que habremos expandido nuestra conciencia en tal medida y estaremos tan activos internamente que seremos radiactivos. Entonces llevaremos a cabo un definido propósito, resultado del amor, y lograremos nuestro objetivo a través de la inteligencia. ¿No es esto lo que hace Dios? En nuestra actual etapa de desenvolvimiento somos, sin duda alguna, inteligentes, pero aún amamos muy poco. Algo de amor sentimos por nuestros amigos, conocidos y algo más por nuestra familia, pero prácticamente nada sabemos sobre amor grupal. No obstante, es verdad que hemos llegado a una etapa en la que podemos responder parcialmente cuando los grandes idealistas de la raza hablan del amor grupal y sentimos que es algo que quisiéramos ver realizado. Es bueno recordar que cuanto más reflexionamos sobre tales líneas definidamente altruistas, tanto más construiremos cosas de mayor valor y desarrollaremos lenta y laboriosamente los rudimentos de una verdadera conciencia grupal, muy lejos aún de la mayoría de nosotros.

Existen otros desarrollos en el proceso evolutivo, de los cuales podría hablarse, pero tan distantes actualmente que prácticamente son inconcebibles, a no ser que poseamos un cerebro capaz de pensar en forma abstracta. Existe una etapa en que se trasciende el tiempo y el espacio, por ejemplo cuando la conciencia del grupo en todo el planeta sea nuestra conciencia, y cuando resulte muy fácil establecer contacto con la conciencia de un amigo en la India, África o cualquier otra parte, como si estuviera aquí; la distancia y la separación no serán barreras para el intercambio. Sus síntomas pueden observarse en la capacidad con que algunas personas se comunican telepáticamente o practican la psicometría.

Aceptemos dedicar algunos momentos a visualizar esta meta distante e imaginarnos lo que realizará el Logos de aquí a millones de años, pero es de importancia más vital tener una idea de la etapa inmediata y comprender lo que podemos esperar, en conexión con el proceso evolutivo durante los próximos milenios. Consideremos esta idea. Sabemos que existen en el mundo tres corrientes principales de pensamiento, la científica, la religiosa y la filosófica. ¿En qué consisten? La línea científica de pensamiento incluye todo cuanto concierne a la materia, el aspecto sustancia de la manifestación. Se ocupa de la objetividad, lo material, tangible y visible, literalmente, de lo que puede ser comprobado. El pensamiento religioso concierne a la vida en la forma, al retorno del espíritu a su origen, a lo adquirido por medio de la forma y al aspecto subjetivo de la naturaleza. El orden filosófico atañe a lo que podríamos llamar utilización de la inteligencia por la vida inmanente, a fin de que la forma se adapte adecuadamente a sus necesidades. Consideremos a este respecto ciertos desarrollos que cabe esperar en el futuro inmediato, recordando que cuanto digo sobre el particular, son meras sugerencias y en modo alguno declaraciones dogmáticas.

Para la mayoría de los pensadores es evidente que habiendo comenzado la ciencia el estudio de la radiactividad, está al borde de descubrir la naturaleza del poder del átomo mismo; probablemente antes de mucho tiempo la energía de la materia atómica podrá ser controlada para todo propósito concebible, calefacción, iluminación y aquello que yo podría denominar la motivación de todo lo que se lleva a cabo en el mundo. Algunos sabemos que hace cincuenta años, un investigador llamado Keely, estuvo a punto de descubrir esa fuerza en Estados Unidos, pero no se le permitió dar su descubrimiento al mundo debido al peligro que implicaba. Los hombres son demasiado egoístas y no puede confiárseles la distribución de la energía atómica. Ese descubrimiento probablemente irá a la par del desarrollo de la conciencia grupal. Sólo cuando el hombre sea radiactivo y capaz de trabajar y pensar en términos grupales, podrá utilizar sin peligro el poder latente en el átomo. Todo en la naturaleza está bellamente coordinado y nada puede descubrirse ni utilizarse antes del momento oportuno. Sólo cuando él hombre sea altruista se le podrá confiar el formidable poder de la energía atómica. No obstante, creo que podemos esperar que la ciencia dé grandes pasos en la comprensión de la energía atómica.

Paralelamente a su evolución, podemos esperar que el ser humano llegue a dominar el aire. Hay en el sistema solar un plano, esfera o nivel vibratorio, llamado en algunos libros esotéricos el plano intuitivo, y en la literatura oriental el plano búdico, cuyo símbolo es el aire. Así como el hombre comienza, mediante el desarrollo de la intuición, a penetrar en el plano búdico, también la ciencia ha emprendido la conquista del aire, cuyo dominio será cada vez mayor a medida que el hombre vaya desarrollando la intuición.

Podemos esperar algo más (y ya se está reconociendo), y es el desarrollo de la capacidad de ver la materia sutil. En todas partes nacen niños que pueden ver más que ustedes y yo. Me refiero a algo que se basa estrictamente en el terreno material y concierne al ojo físico. Es la visión etérica, que consiste en ver la materia refinada del plano físico o éter. En California, estudiantes y científicos efectuaron trabajos interesantes. El doctor Frederick Finch Strong ha hecho un gran trabajo en este sentido y enseña que el ojo físico es capaz de ver etéricamente, y que su visión etérica es función normal del ojo. ¿Qué traerá el desarrollo de esta facultad? Hará que la ciencia rectifique definidamente su punto de vista respecto a los planos sutiles. Si en los próximos cien años la visión normal del hombre percibe ciertos aspectos y formas de vida consideradas hoy imaginarias, se desvanecerá para siempre el burdo materialismo que nos ha caracterizado durante tanto tiempo. Si lo ahora invisible llega a verse, ¿quién puede decir hasta dónde será posible llegar en el transcurso del tiempo? Además, la evolución propende a la síntesis. Si descendemos a la materia y a la materialización, tenemos heterogeneidad; si ascendemos hacia el espíritu, llegamos a la unidad, de modo que en el mundo religioso podemos esperar la unidad. Existe hoy mayor tolerancia que hace cincuenta años, y se acerca rápidamente el momento en que la gran unidad fundamental de todas las religiones, de que cada credo es una parte necesaria de un gran todo, será reconocida por los hombres de todas partes, y en este reconocimiento tendremos la simplificación de la religión. Acentuaremos y utilizaremos las grandes realidades centrales y pasaremos por alto las pequeñas y mezquinas diferencias de organización y explicación.

Además, podemos esperar un interesante acontecimiento, en conexión con la familia humana, pero ¿qué ocurrirá cuando la conciencia grupal se convierta ampliamente en un objetivo consciente del hombre? El ser humano entrará en lo que el mundo religioso llama "el sendero". Entonces se controlará definidamente a sí mismo y procurará vivir la vida del espíritu, negándose a llevar una vida atómica autocentrada; buscará el lugar que le corresponde en el todo mayor, y lo descubrirá por medio del esfuerzo autoiniciado, para unificarse con ese grupo. Esto es lo que significa realmente las enseñanzas sobre el sendero, en las iglesias protestante, católica y budista, al que designan con los diversos nombres de Camino, el Noble Óctuple Sendero, el Sendero de Iluminación o de Santidad. Sin embargo, es el solo y único sendero, que brilla y brillará hasta el día perfecto.

Además, es de esperar el desarrollo del poder de pensar en forma abstracta y el despertar de la intuición. A medida que las grandes razas se han ido sucediendo en el planeta, hubo siempre un desenvolvimiento ordenado y dirigido de los poderes del alma y una secuencia definidamente planificada. En la tercera raza raíz, la lemuriana, el aspecto físico del hombre llegó a una elevada etapa de perfección. Posteriormente en la gran raza que precedió a la nuestra, la atlante, que pereció en el diluvio, se desarrolló la naturaleza emocional. En la raza aria o quinta, a que pertenecemos, debe desarrollarse la mente concreta o inferior, y lo estamos haciendo década tras década. Algunos individuos comienzan también a desarrollar el poder del pensar en términos abstractos.

Cuando esto suceda predominará cada vez más esa interesante y peculiar capacidad, evidenciada por algunas personas, denominada inspiración. No me refiero a la mediumnidad ni a la facultad mediumnica. No existe nada tan peligroso como el significado común del término "médium". El médium común es una persona negativa o de naturaleza receptiva, y por lo general tan superficialmente coordinada en su triple naturaleza, que una fuerza extraña puede utilizar su cerebro, sus manos o su cuerpo. Este fenómeno es muy común. Las escrituras automáticas, las planchetas y las sesiones espiritistas de orden inferior abundan en estos días y llevan a miles de personas a la insania y a los trastornos nerviosos. La mediumnidad es la distorsión de la inspiración, y cuando la mente humana llega a la etapa evolutiva en que el hombre está consciente y positivamente controlado por su propio yo superior, el Dios interno, entonces puede recibir inspiración. El regidor interno, el verdadero yo, puede controlar su cerebro físico por el contacto definido y permitir al hombre tomar decisiones y también comprender la verdad, independientemente de la facultad razonadora; este Dios interno le permite hablar, escribir y conocer la verdad sin valerse de la mente inferior; la verdad reside internamente. Cuando hagamos contacto con nuestro Dios interno, se nos revelará la verdad. Seremos conocedores. Esto es algo positivo, no algo negativo, y significa que nos ponemos en alineamiento directo y consciente con el yo superior o ego, sin permitir que se introduzca en la personalidad cualquier entidad o ánima pasajera.

Aunque en la actualidad esto ocurre a veces, no es frecuente que el hombre común se ponga en contacto con su yo superior, lo cual sucede sólo en los momentos de elevado esfuerzo, en las crisis de la vida y como resultado de una larga disciplina y ardua meditación. Pero algún día regiremos nuestra vida, no desde el ángulo personal o egoísta, sino desde el Dios interno, que es revelación directa del Espíritu en el plano más elevado.

Por último, diré hoy que la meta que tenemos por delante cada uno de nosotros, es el desarrollo de los poderes del alma o de la siquis, lo cual significa que todos vamos a ser síquicos. Sin embargo, no empleo esta palabra en el sentido que se le da comúnmente. La siquis es literalmente el alma interna o yo superior, que surge del triple yo inferior como la mariposa de la crisálida. Es la hermosa realidad que lograremos como resultado de nuestra vida o vidas terrenas. Los verdaderos poderes psíquicos nos ponen en contacto con el grupo. Los poderes del cuerpo físico que diariamente empleamos nos ponen en contacto con individuos; pero cuando hayamos desarrollado los poderes del alma y desplegado sus potencialidades, seremos verdaderos síquicos. Ahora bien, ¿cuáles son estos poderes? Sólo puedo enumerar algunos.

Uno de ellos es controlar conscientemente la materia. La mayoría de nosotros controla conscientemente el cuerpo físico, que obedece nuestros mandatos en el plano físico. Algunos controlamos conscientemente el cuerpo emocional, pero pocos, la mente. La mayoría estamos dominados por nuestros deseos y pensamientos. Pero se acerca el momento en que controlaremos conscientemente nuestra triple naturaleza inferior. Entonces no existirá el tiempo para nosotros. Poseeremos continuidad de conciencia en los tres planos del ser -físico, emocional y mental-, que nos capacitará para vivir como el Logos en la metafísica abstracción del Eterno Ahora.

Otro poder del alma es la psicometría. ¿Qué es la psicometría? Es la habilidad de tomar una cosa tangible que pertenece a un individuo y, por su intermedio, relacionarnos con él. La psicometría es la ley de asociación de ideas aplicada a la cualidad vibratoria de la fuerza a fin de obtener información.

La raza será también clariaudiente y clarividente, que significa la capacidad de oír y ver con claridad y exactitud en los planos sutiles como lo hacemos en el plano físico. Entraña el poder de oír y ver todo cuanto atañe al grupo, es decir, en la cuarta y quinta dimensiones. No estoy lo bastante versada en matemáticas para explicar estas dimensiones y me confundiría considerarlas, pero me fue dado un ejemplo que puede aclarar toda la cuestión. Un pensador sueco me explicó que:

"la cuarta dimensión es la facultad de ver a través y alrededor de una cosa. La quinta dimensión es la capacidad, por ejemplo, de tomar un ojo y por medio del ojo ponernos en relación con los demás ojos en el sistema solar. Ver en la sexta dimensión podría definirse como el poder de tomar un guijarro y por su intermedio ponerse en relación con todo el planeta. En la quinta dimensión, allí donde llevamos el ojo estamos limitados a determinada línea de manifestación, pero en la sexta dimensión, donde tomamos un guijarro, nos ponemos en contacto con todo el planeta". Todo esto se halla muy lejos de nosotros, pero interesa hablar de ello, porque es una promesa para todos y cada uno.

No dispongo de tiempo para tratar los demás poderes ni puedo enumerarlos, entre ellos está incluida la curación por el tacto, la manipulación de fluidos magnéticos y la creación consciente por medio del color y el sonido. Todo cuanto realmente nos concierne. Por ahora es conocernos debidamente y procurar cada vez más que el regidor interno nos controle, lleguemos a ser radiactivos y desarrollemos la conciencia grupal.

 (*) Este artículo fue publicado en fecha 16/04/2015 en el blog "En Compañía del Alma"

(SIGUIENTE CAPÍTULO)

martes, 19 de diciembre de 2017

LA NAVIDAD (Alice A. Bailey)


Respecto a la designación del 25 de diciembre como nacimiento de Jesús, Willamson afirma que: 'Todos los cristianos saben que el 25 de diciembre se reconoce ahora como la festividad del nacimiento de Jesús, pero muy pocos se dan cuenta que esto no ha sido siempre así. Se dice que ha habido ciento treinta y seis fechas distintas, establecidas por las diferentes sectas cristianas. Lightfoot la fija el día 15 de septiembre, otros la establecen en febrero o agosto. Epifanio menciona dos sectas, una que la celebra en junio y otra en julio. El asunto fue definitivamente decidido por el Papa Julio, en el año 337 d. C., y San Crisóstomo, en el 390, dice: 'En este día, es decir, el 25 de diciembre, también en Roma fue fijado últimamente el nacimiento de Cristo, de modo que cuando los paganos celebraban sus ceremonias (la Brumalia en honor de Baco), los cristianos realizaban sus ritos sin ser molestados.

La elección de esta fecha determinada es cósmica en sus implicaciones y estamos seguros que los sabios de los tiempos primitivos tomaron estas grandes decisiones premeditadamente. Annie Besant nos dice que:

"La deidad siempre nace en el solsticio de invierno, después del día más corto del año, en la medianoche del 24 de diciembre, cuando el signo de Virgo asciende sobre el horizonte; nace cuando este signo asciende, nace siempre de una virgen, que permanece virgen después que ha dado a luz a su hijo Sol, como la Virgen celestial permanece inalterable y sin mácula cuando el sol surge de ella en los Cielos. Débil, endeble como infante, es él, nace cuando los días son más cortos y las noches más largas. . . "

Es también interesante recordar que:

"El Venerable Bede que escribió a principios del siglo VIII, dice que 'el antiguo pueblo de la nación anglo', con lo que alude a los ingleses paganos antes de establecerse en Gran Bretaña en el año 500 d. C., 'comenzaban el año el 25 de diciembre, en el que ahora celebramos el nacimiento de nuestro Señor' y agrega que la noche del 24 al 25 de diciembre, ‘que es la noche tan sagrada para nosotros ahora, se llamaba en la lengua de ese pueblo, Modranecht, es decir, Noche de la Madre, por las ceremonias que ejecutaban en esa larga vigilia nocturna'. El autor no menciona cuáles eran esas ceremonias, pero evidentemente estaban relacionadas con el nacimiento del Dios Sol. En la época en que los ingleses se convirtieron al cristianismo en los siglos VI y VII, la festividad de la Navidad, el 25 de diciembre, había sido ya establecida en Roma desde hacía tiempo, como una celebración solemne, pero en Inglaterra, su identificación con el alegre 'Yule' pagano (palabra ésta que aparentemente significaba 'holgorio') le confirió un tono festivo que no lo tenía en la parte meridional. Este tono ha prevalecido en marcado contraste con la característica que existe entre las razas latinas, donde era desconocida hasta hace pocos años la costumbre del Norte de festejar y hacer regalos en Navidad."

En la época del nacimiento de Cristo, Sirio, la Estrella de Oriente, estaba sobre el meridiano, y Orión, llamado por los astrónomos orientales "los Tres Reyes", se encontraba en sus proximidades; en consecuencia, la constelación de Virgo, la Virgen, se elevaba en el Este y la línea de la eclíptica, la del ecuador y la del horizonte, se unían todas en esa constelación. Es también interesante ver que la estrella más grande y brillante de la constelación de Virgo, se llama Spica (Espiga); está representada por la espiga de trigo (signo de fertilidad), que sostiene la Virgen. Belén significa "casa del pan", existiendo, por lo tanto, una relación evidente entre los dos términos. Esta constelación está formada por tres estrellas en forma de copa. Éste es el verdadero Santo Grial, que contiene la sangre de la vida, el custodio de lo más santo y sagrado, lo que encierra la divinidad. He aquí los hechos astronómicos. La interpretación del simbolismo atribuido desde muy antiguo, es algo tan viejo como la misma religión. De dónde salieron esos signos, y cómo surgieron a la vida los significados y simbolismos asociados a ellos, se pierde en la noche de los tiempos. Han existido en las mentes y pensamientos de los hombres y en sus escritos, durante miles de años, y constituyen nuestra herencia conjunta de hoy. El antiguo zodiaco de Dendera (anterior al cristianismo en varios miles de años) constituye una amplia prueba de lo antedicho. En el tránsito del sol en torno del zodiaco, el "Hombre de los Cielos" llega a su debido tiempo a Piscis, signo en exacta oposición a Virgo, y que es precisamente el signo de los Salvadores del mundo. Ya hemos visto que la era del cristianismo es la Era de Piscis; Cristo llegó a Tierra Santa cuando nuestro sol transitaba hacia ese signo. Por consiguiente, lo que comenzó y tuvo su ser en Virgo (el nacimiento del Niño-Cristo), es consumado en Piscis, cuando el Cristo-Niño, habiendo llegado a su madurez, se presenta como Salvador del mundo.

Otro hecho astronómico resulta de interés a este respecto. Estrechamente asociadas con la constelación de Virgo, que se encuentra en el mismo sector del cielo, hay otras tres constelaciones, en las cuales está representada simbólicamente la historia del Niño que nacerá, sufrirá y volverá. Existe un grupo de estrellas denominado Coma Berenice, la Mujer con el Niño, los Centauros o el Centauro, y Boötes, nombre que en hebreo significa "el que viene". Ante todo, tenemos el niño nacido de mujer, y esa mujer es virgen: después está el centauro que siempre fue el símbolo de la humanidad en las antiguas mitologías, porque el hombre es un animal más un dios, por lo tanto, un ser humano. Después el que vendrá, descuella sobre todos ellos, influyéndolos, señalando la realización que se logrará por el nacimiento y la encarnación humana. Verdaderamente el libro ilustrado del cielo contiene la eterna verdad para los que tienen ojos para ver e intuición lo bastante desarrollada para interpretar. La profecía no está confinada a La Biblia solamente, sino que aparece ante los ojos de los hombres en la bóveda celeste.

De este modo, mientras "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" tenemos la profecía del acontecimiento mundial que tuvo lugar cuando Cristo nació en Belén, "la casa del pan", y Virgo ascendía sobre el horizonte, mientras brillaba la Estrella de Oriente.

Entonces vino Cristo y tomó posesión de Su Propia carne y sangre, porque el mundo de los hombres lo atraía y el amor del Padre lo impulsaba. Vino a dar vida a un propósito y a una realización y a indicarnos el Camino: Vino a darnos un ejemplo para ser energetizados por la esperanza que "no avergüenza" y “proseguir hasta la meta del premio del supremo llamamiento".

- De Belén al Calvario -

CAPÍTULO II. LA PRIMERA INICIACIÓN... 
EL NACIMIENTO EN BELÉN

viernes, 15 de diciembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Conciencia (VI) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -


(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)
 

*       “El átomo puede considerarse como la Vida central manifestada por medio de la forma esferoidal, expresando la facultad mental; el átomo humano también puede ser considerado como una positiva vida central que utiliza una forma y denota las dis­tintas cualidades ya enumeradas; si nuestra hi­pótesis sobre el átomo es correcta y si estamos en lo cier­to al considerar al ser humano como un átomo, podríamos entonces aplicar este primer concepto al planeta y decir que en el átomo planetario reside una excelsa Vida manifestada a través de una forma, denotando cualidades específicas al llevar a cabo una meta específica; por último podemos extender este concepto a la gran esfera del sistema solar y a la Deidad que mora en ella.”





*          “La palabra conciencia deriva de dos palabras latinas: con, con, y scio, saber, y literalmente significa "aquello por lo cual conocemos". “Trataremos tres tipos de conciencia: conciencia absoluta, conciencia universal y conciencia individual. De los tres, sólo dos pue­den definirse más o menos con claridad.”





*          “La conciencia absoluta, un autor la define como "la conciencia en que existe todo, tanto lo posible como lo actual" y concierne a todo lo que puede concebirse como que ocurrió, está ocurriendo u ocurrirá. Posiblemente, ésta es la conciencia absoluta, y desde el punto de vista humano es la conciencia de Dios, que contiene en sí el pasado, el presente y el futuro. La conciencia universal podría definírsela como la conciencia que piensa en tiempo y espacio, conciencia con ideas de ubicación y suce­sión, involucradas en sí, o, en realidad, conciencia grupal, el grupo mismo formando una unidad mayor o menor. Fi­nalmente, la conciencia individual puede definirse como esa medida de conciencia universal, que la unidad separada puede alcanzar y concebir de sí misma.”





*        “El átomo debe ser considerado en el cuer­po humano como una minúscula entidad, una diminuta vida inteligente y una microscópica esfera activa. Tomemos ahora la pequeña célula como punto de partida y obtendre­mos por su intermedio algún concepto de lo que son estos tres tipos de conciencia, observándolos desde el punto de vista del átomo y del hombre. Para el pequeño átomo en el cuerpo del hombre, la conciencia individual sería su propia vida vibratoria, su interna actividad y todo cuanto específi­camente le concierne. Para la pequeña célula, la conciencia universal podría ser la conciencia de todo el cuerpo fí­sico, observándolo como la unidad que incorpora al átomo. Para el átomo, la conciencia absoluta sería la conciencia del hombre pensante que energetiza el cuerpo, lo cual re­sultaría para el átomo algo tan remoto, desde su propia vida interna, que le sería prácticamente inconcebible e incognos­cible; sin embargo arrastra, dentro de la línea de su volun­tad, a la forma y al átomo que está en la forma y a todo lo que ello concierne. Esto puede aplicarse al hombre, vién­dolo como un átomo o célula del cuerpo de una excelsa Entidad, de allí que podamos aplicar este concepto a tres tipos de conciencia.”

         



*          “La auto-conciencia debe considerarse como la consumación del evolutivo desenvolvimiento de la conciencia en los tres reinos inferiores.





*          “En la materia ató­mica, lo único que podemos afirmar con seguridad es que denota inteligencia, poder de seleccionar y discriminar. És­te es el rasgo predominante de la conciencia al manifes­tarse por medio del reino mineral. En el reino vegetal apa­rece otra cualidad, la de sensación o sensibilidad rudimen­tarias, que responden en forma distinta de la del mineral. En el reino animal, aparece una tercera reacción, el animal no sólo demuestra señales de sensación en acrecentado gra­do, análogamente a la respuesta del reino vegetal, sino que manifiesta señales de intelecto o mente embrionaria. El ins­tinto es una facultad que poseen todos los animales. En estos reinos existen distintos grados y tipos de conciencia, mientras que en el hombre tenemos los primeros síntomas de la autoconsciencia, o la facultad con que el hombre se hace consciente de que es una entidad separada, el impulso inmanente en el cuerpo, que está en proceso de hacerse consciente a través de dicho cuerpo.



El método del desarrollo evolutivo de la conciencia de un ser humano es la repetición, en una vuelta más elevada de la espiral, de las dos etapas observadas en la evolución del átomo, la de la energía atómica y la de coherencia grupal. Actualmente podemos ver en el mundo a la familia humana en la etapa atómica, manifestación que conduce a una meta aún no lograda, la etapa grupal.



Consideremos ahora las etapas del átomo y de la forma, y veamos cómo se desarrolla la conciencia humana, teniendo en cuenta que en el átomo humano está acumulado todo lo adquirido en los tres reinos inferiores de la naturaleza, en las primeras etapas. El hombre es el beneficiario de ese vasto proceso evolutivo que quedó atrás. Comienza con lo adquiri­do, latente en él. Es autoconsciente y tiene ante si una meta definida, el logro de la conciencia grupal. El logro de la autoconsciencia constituye la meta para el átomo sustancia. La finalidad para el hombre consiste en adquirir mayor Conciencia y un campo más amplio.



La etapa atómica que estamos considerando es pecu­liarmente interesante, interesante porque en ella se halla la mayoría de la humanidad. Pasamos allí el indispensable pe­ríodo de la autocentralización, ciclo en que el hombre se ocupa principalmente de sus propios asuntos, de lo que le interesa, y vive su propia vida interna vibratoria, intensa­mente. Durante un largo período y quizás también en la actual etapa (creo que nadie debe ofenderse si no ha alcan­zado la perfección ni la meta), somos intensamente egoístas, y sólo nos interesamos mentalmente de lo que sucede en el mundo y, probablemente, lo hacemos por compasión o des­agrado, o porque es común. A pesar de esta actitud mental, ponemos la atención en lo que atañe a nuestra vida indivi­dual. Estamos en la etapa atómica y somos intensamente ac­tivos respecto a nuestros problemas personales. Si observa­mos las multitudes en las calles de una gran ciudad populo­sa, veremos por todas partes personas en la etapa atómica, centradas en sí mismas, preocupadas únicamente en sus ne­gocios, procurando sus propios placeres, deseando sólo di­vertirse, e incidentalmente preocupadas en los asuntos que conciernen al grupo. Esta etapa es necesaria y protectora, de esencial valor para cada ente de la familia humana. Su comprensión nos hará pacientes con nuestros hermanos que con tanta frecuencia nos provocan irritabilidad.”





*          “Se le ha enseñado al hombre que él evo­luciona y llega a ser consciente, primeramente por medio de los cinco sentidos, después por el desarrollo de la facultad de discernimiento, conjuntamente con el desapasionamiento.”

“El yo oye y respon­de ocultamente a la vibración y se reconoce a sí mismo. Se hace consciente del no-yo y de su tangibilidad por medio del tacto, pero hasta actualizar la visión o consciente reconoci­miento, no se establece la relación entre ambos. El yo utiliza otros dos sentidos, el gusto y el olfato, al hacer sus contactos, pero no son tan esenciales como los tres primeros para desarrollar la percepción inteligente. Por medio de los cinco sentidos podemos efectuar cuantos contactos son posibles en el plano físico; por ellos aprendemos, crecemos, somos cons­cientes, nos desarrollamos, evolucionan los grandes instin­tos, constituyen los sentidos protectores, que no sólo nos permiten relacionarnos con nuestro medio ambiente, sino que nos protegen del mismo.”





*          “He aquí la fina­lidad de la evolución, el logro de la conciencia del verdadero yo por medio del no-yo.”



“Atravesamos un largo período o ciclo de muchas vidas donde nos identificamos con la forma y estamos tan unifi­cados con el no-yo que no vemos la diferencia, ocupándo­nos totalmente de las cosas transitorias y pasajeras. Esta identificación con el no-yo, trae dolores, insatisfacciones y sufrimientos en el mundo; sin embargo, debe recordarse que por medio de la reacción del yo sobre el no-yo, aprendemos inevitablemente y nos apartamos finalmente de lo imper­manente y lo irreal. Este ciclo de identificación con lo irreal va paralelo a la etapa de la conciencia individual. Así como el átomo de la sustancia debe abrirse camino hacia una for­ma y contribuir a vitalizar a una unidad mayor, también mediante la evolución de la conciencia, el átomo humano debe llegar a un punto en que reconozca su lugar en el Todo mayor, y cargar su responsabilidad en la actividad grupal.”



“Por medio del dolor y el sufrimiento, re­conoce que el no-yo es insuficiente, y busca externa e in­ternamente algo que satisfaga más adecuadamente sus necesidades.”



“Por lo tanto, hay indicios de que llega rápidamente la etapa de la forma y los hombres pasan del período atómico a algo infinitamente mejor y más grande. Comienza el hombre a sentir las vibraciones de esa ex­celsa Vida de cuyo cuerpo es un átomo; empieza en pequeña escala a responder conscientemente al magno llamado y a descubrir posibles canales mediante los cuales podrá com­prender a esa excelsa Vida que presiente, pero que no conoce aún. Si persiste en ello hallará al grupo al que pertenece, entonces cambiará su centro. Ya no estará limitado por su propio y pequeño muro atómico, sino que irá más allá, convirtiéndose a su vez, en parte consciente, inteligente y ac­tiva del Todo mayor.”





*          “La etapa en que el hombre al­canza la comprensión grupal y llega a participar conscientemente de las actividades del grupo se logra de dos maneras: por medio de la meditación y por una serie de iniciaciones.





*          “La verdadera meditación requiere intensa concentración mental, máximo control del pensamiento y una actitud equilibrada, que no es negativa ni positiva, sino un punto de equilibrio entre ambos extremos.”





“Cuando hayamos efectuado cierta medida de trabajo en la meditación y cultivado el interés por el grupo y no el propio, cuando des­arrollemos un cuerpo físico fuerte y sano, y controlemos el cuerpo emocional, para que no nos arrastre el deseo, y el cuerpo mental sea nuestro instrumento y no nuestro amo, entonces conoceremos el verdadero significado de la meditación.”



“Cuando el hombre, por la meditación, ha establecido contacto con su grupo al cual pertenece, y es cada vez más consciente del grupo, entonces se halla en la etapa en que puede recibir una serie de iniciaciones, según se las denomina, que son simplemente expansiones de conciencia obtenidas con la ayuda de Quienes alcanzaron la meta, están identificados con el grupo y son parte consciente del cuerpo del Hombre celestial.”



Cuando el átomo de sustancia entró a constituir parte de una forma, fue una iniciación para el átomo, conoció otro tipo de fuerza y se extendió su campo de contacto. Cuando la conciencia de los reinos vegetal y animal se fusionó y pasó del reino in­ferior al superior, constituyó una iniciación; cuando la conciencia del animal se expandió hacia la conciencia del hom­bre, tuvo lugar una iniciación aún mayor. Se entra en los cuatro reinos a través de una iniciación o expansión de conciencia. La familia humana tiene ante sí un quinto reino o espiritual, en el cual se ingresa mediante cierta iniciación. En todos estos casos la iniciación se logró con la ayuda de Quie­nes tienen conocimiento. De manera que en el esquema evo­lutivo no hay grandes separaciones entre un reino y otro, un estado de percepción y otro, sino un desarrollo gradual de conciencia, donde cada uno de nosotros desempeñamos y desempeñaremos nuestra parte. Si recordamos la universali­dad de la iniciación, obtendremos un proporcionado punto de vista. Cada vez que somos más conscientes de nuestro medio ambiente y aumenta nuestro contenido mental, es una iniciación en pequeña escala. Cada vez que nuestro horizon­te se dilata y pensamos y vemos con más amplitud, es una iniciación. En esto reside el valor de la vida y la magnitud de nuestra oportunidad.”



“Esa etapa final, donde recibimos ayuda definida de fuentes externas, no se debe a que los Grandes Seres ansían ayudarnos, llegar a nosotros y tratar de elevarnos; llega porque hemos realizado el trabajo nece­sario y nada puede evitar recibirla, pues nos corresponde por derecho. Quienes llegaron a la perfección, pueden y quieren ayudar, pero Sus manos están atadas si no hemos desempeñado nuestra parte en la tarea. Por lo tanto, nada de lo hecho se pierde para acrecentar nuestra utilidad en el mundo, mejorar nuestros cuerpos, adquirir dominio propio y equipar el cuerpo mental.”


(SIGUIENTE CAPÍTULO)

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