Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XXIX)
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Como en otras ocasiones, para
realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de
extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que
tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del
Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.
Cada fragmento viene precedido por el título del libro,
capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la
información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.
Las
conclusiones (cuando las haya) son
personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con
las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos
del Tibetano.
En
la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis
descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.
Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando
progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.
Dani
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Tratado de los Siete Rayos. Vol. 2 - Psicología Esotérica II (1942)
“Las personas emotivas que pertenecen a las iglesias de cualquier
denominación o creencia, tienden a buscar la forma de evadir las dificultades y
vicisitudes de la vida, viviendo siempre con la sensación de la Presencia
guiadora de Dios, conjuntamente con la ciega obediencia a lo que genéricamente
denominan “la voluntad de Dios”. La práctica de la Presencia de Dios es en
verdad un paso necesario y deseable, pero la gente debería comprender lo que
ello significa y cambiar constantemente el sentido de la dualidad por el de la
identificación. La voluntad de Dios podrá aparecer como la imposición de las
circunstancias y condiciones de la vida, de las cuales no hay escapatoria
posible; el individuo que sufre esta imposición la acepta y no trata de
aminorar, ni siquiera mejorar, y a veces tampoco evitar las circunstancias.
Interpreta de tal manera su situación y destino, que determina, plácida y
sumisamente, vivir dentro del círculo infranqueable y de las limitaciones que
le han sido impuestas. Desarrolla inevitablemente un espíritu de sumisión y
obediencia, soporta, convencido, de que su situación expresa la voluntad de
Dios. En los más sublimes estados de obediencia, las personas sensitivas hacen
alarde de su sumisión, pero no se dan cuenta de que la voz que han escuchado es
la propia. Creen que es la de Dios. La comprensión, el reconocimiento de la Ley
de Causa y Efecto (que actúa una vida tras otra) y la interpretación de que el
problema es una lección que debe aprender, significará la liberación de la
negatividad y la aceptación ciega e irreflexiva. La vida no pide obediencia ni
aceptación, exige actividad. Pide que se separen los valores buenos y elevados
de los indeseables; que se cultive ese espíritu de lucha que traerá
organización y comprensión y permitirá entrar oportunamente en una etapa donde desempeñará
una actividad espiritual útil.
Las personas que participan en la actividad de esas escuelas de
pensamiento, con infinidad de nombres tales como: la Escuela de la Ciencia
Mental (Mental Science), grupos del Nuevo Pensamiento (New Thought), Ciencia
Cristiana (Christian Science) y muchos grupos similares, propenden a caer en un
estado de negatividad basado en la autosugestión. La constante repetición del
hecho (aún incomprendido) de la realidad de la divinidad, evocará oportunamente
la respuesta del aspecto forma de la vida, lo cual -aunque no sea una guía
verbal- constituye sin embargo el reconocimiento de una especie de guía, que
impide el libre albedrío, y es una reacción en amplia escala de lo mencionado
anteriormente. Así como en el primer caso tenemos la ciega aceptación de un
destino indeseable, porque creen que tal es la voluntad de Dios y dicha
Voluntad debe ser buena y correcta, en el otro caso existe el propósito de
conmover al hombre subjetivo para que acepte una condición totalmente opuesta.
Se le enseña que no existen malas condiciones, excepto las que él mismo puede
crear; que no existe dolor ni nada que pueda considerarse indeseable; se le
in-cita a reconocer que él es divino y el heredero de las edades, y que las
malas condiciones, las limitadas circunstancias y los acontecimientos adversos,
son producto de su propia imaginación creadora, y se le explica que en realidad
no existen.
En ambas escuelas de pensamiento se enseña y recalca la verdad sobre el
destino, a medida que se cumple bajo la ley de Causa y Efecto, y sobre la divinidad
innata en el hombre, pero en ambos casos el hombre es un sujeto negativo y
víctima de un destino cruel, o de su propia divinidad. Premeditadamente empleo
esta fraseología porque ansío que los lectores comprendan que el destino nunca
ha tenido por finalidad convertir al hombre en víctima inerme de las
circunstancias ni en instrumento autohipnotizado de una aseverada y no
desarrollada divinidad. El hombre está destinado a ser árbitro inteligente de
su propio destino y consciente exponente de su innata divinidad, el Dios
interno.” (292)
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“…el actual problema mundial, el temor y la profunda ansiedad, el dolor
y el sufrimiento, tan prevalecientes, producen un resultado doble y mixto.
Ambos resultados (y sus etapas intermedias) son:
1. La extroversión de la conciencia de la
masa.
2. La pronunciada introversión del
individuo.
Por lo tanto tenemos un efecto masivo y otro individual y ambos deben
ser tenidos muy en cuenta. Puede observarse el desarrollo de dicho proceso de
exteriorización en el clamor y en la vehemencia y, a menudo, en la ruidosa
sicología de los grandes movimientos y experimentos nacionales que actualmente
se llevan a cabo en todo el mundo. Los individuos que pertenecen a estos países
y prácticamente a todas las naciones, sufren, en forma simultánea, represiones
necesarias (a veces por la fuerza), censura de la palabra y otras actividades
restrictivas; la fuerza de las circunstancias los obliga a encerrarse en sí
mismos y lo hacen tan intensamente que -si pudieran ver la actuación de las
fuerzas como lo observamos los que pertenecemos al mundo interno- se darían
cuenta de los dos grandes movimientos que se llevan a cabo en los tres mundos
del esfuerzo humano, como si fueran corrientes opuestas de fuerza:
1. El movimiento dirigido hacia la
extroversión o exteriorización de las grandes energías a las cuales responde la
conciencia de las masas. Ella está siendo dirigida y forzada por la actividad
desplegada de la energía de primer rayo, por eso actúa mayormente en el campo
político y en el sector de la voluntad de la masa. En estas etapas iniciales
observamos la evocación de la voluntad de las masas; es aún inculta,
incipiente, versátil y fácil de persuadir, por la voluntad dirigida de un grupo
que pueda demostrar en cualquier país poder suficiente para acaparar la
atención de la masa. Lo antedicho también puede lograrlo una personalidad
dominante y poderosa. El resultado neto que se obtiene (desde un amplio punto
de vista) es hacer surgir a la superficie la conciencia profundamente oculta y
sumergida de las masas, una fuerza hasta ahora silenciosa, inexpresada y
desorientada, que, sin embargo, constituye una potencia en la vida planetaria.
2. El movimiento hacia la introversión o “a
encerrarse en sí mismo”, desarrollado por las conciencias inteligentes (no por
la conciencia de la masa) de todos esos hombres y mujeres cuyas mentes van
despertando y pueden actuar en forma creadora y activa en los tres niveles de
la percepción humana.
Estos dos movimientos -hacia lo externo y lo interno- constituyen el
origen de gran parte de la actual crisis mundial. El efecto de esta “atracción”
en dos direcciones, afecta seriamente a las personas sensibles. Son atraídas
externamente por la atracción o tirón que ejerce la conciencia de la masa y por
la fuerza de la vida política, económica y social de la raza; internamente, por
el tirón del mundo de valores superiores, el reino de las almas y el trabajo
organizado que realiza la Jerarquía espiritual ayudada por la milenaria
conciencia religiosa.” (293)
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“En el proceso de la evolución el centro sacro pasa por esas etapas
donde actúa automática e inconscientemente, como sucede con el hombre
estrictamente animal; luego viene la etapa en que actúa impulsado por el deseo,
el placer y la satisfacción física, cuando la imaginación comienza a ejercer su
influencia, y después el período en que hay una consciente subordinación de la
vida al impulso sexual, de naturaleza distinta del que mencioné primero. El
sexo llega a ser una idea predominante en la conciencia, y muchas personas en
la actualidad están pasando por esa etapa. Todos, en algún momento o en alguna
vida, pasarán por ella. A esto le sigue el período de transferencia donde la
atracción física del sexo y el anhelo de crear físicamente ya no domina tanto,
y las fuerzas comienzan a reunirse en el plexo solar. Allí serán controladas en
su mayor parte por la vida astral imaginativa, mucho más que por la
inconsciencia animal o la vida consciente de deseo. Se mezclarán con las
fuerzas del plexo solar y serán gradualmente ascendidas al centro laríngeo,
pero siempre a través del centro cardíaco.
Tenemos aquí el punto principal de las dificultades que afectan al
místico, quien rápidamente viene al ser y a la actividad funcional. Llega a
hacerse dolorosamente consciente de la dualidad, la atracción del mundo y la
visión mística; de las posibilidades divinas y las potencias de la
personalidad; del amor, en lugar del deseo y la atracción, y de la relación
divina, en vez de las relaciones humanas. Sin embargo, el tema todavía continúa
interpretándose en términos de dualidad. El sexo aún persiste imaginativamente
en su conciencia y no ha sido relegado a un lugar equilibrado como el que
ocupan los otros instintos de la naturaleza humana, lo cual da por resultado un
interés casi patológico en el simbolismo del sexo y lo que podría denominarse
una vida sexual espiritualizada. De ello tenemos grandes ejemplos en los
escritos y experiencias de muchos místicos de la edad media. En ellos hallamos
expresiones tales como la “desposada de Cristo”, el “matrimonio en los Cielos”,
la representación de Cristo como “esposo celestial” y muchos otros símbolos y
frases. En el Canto de Salomón tenemos la rendición masculina del mismo
acercamiento sexual básico al alma y a su omniabarcante vida.” (294)
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“El despertar del centro ajna que, como hemos visto, es primordialmente
el resultado del desarrollo de la personalidad del hombre, hasta lograr la
integración, puede conducir (si las energías involucradas no son controladas correctamente)
a serias dificultades de la vista, a muchas dolencias auditivas, a diversas
formas de neuritis, dolores de cabeza, jaqueca y afecciones nerviosas en
distintas partes del cuerpo. También puede producir muchas dolencias vinculadas
con el cuerpo pituitario y situaciones sicológicas que emanan de esta
importante glándula controladora, además de innumerables y definidas dolencias
físicas.” (295)
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“La actividad del centro ajna se acrecentará grandemente durante el
siglo venidero, trayendo consigo los problemas concernientes. Su estrecha
relación con el cuerpo pituitario y la creciente interacción entre
a. el centro ajna y el cuerpo pituitario y
b. el centro en la cima de la cabeza
(abarcando la glándula pineal) y el centro ajna, producirán serios problemas
vinculados con el cerebro y los ojos. El centro ajna enfoca la energía que ha
sido abstraída de los cinco centros que se hallan a lo largo de la columna
vertebral, y es el asiento del poder de la personalidad. De acuerdo a como se
emplee ese poder y a la dirección de la fuerza enviada por la personalidad
integrada y dirigida a través del cuerpo, así serán afectados los órganos del
cuerpo. El plexo solar puede ser estimulado desde ese centro y producir efectos
desastrosos; el centro cardíaco puede ser impulsado a una actividad indebida
por la imposición de la fuerza de la personalidad, y su energía desviarse hacia
abajo y enfocarse en forma egoísta; el plexo solar puede hipervitalizarse de
tal manera que todas las fuerzas de la personalidad se dirijan hacia abajo y se
subordinen a fines puramente egoístas y separatistas, produciendo así una
personalidad poderosa que, al mismo tiempo, detendrá momentáneamente la vida
espiritual del hombre. Cuando tiene lugar esta suspensión, las fuerzas del
cuerpo que han sido “ascendidas” son impulsadas hacia abajo nuevamente,
poniendo al hombre en armonía con la humanidad común que actúa por medio de los
centros inferiores, lo cual hace que la personalidad obtenga un gran éxito. Es
interesante observar que cuando esto tiene lugar las energías -concentradas en
el centro ajna- descienden al plexo solar o al centro sacro, y raras veces al
centro cardíaco. El centro cardíaco tiene poder propio para producir lo que se
denomina “aislamiento oculto”, porque es el asiento del principio vida. El
centro laríngeo en este caso recibe estímulo, pero raras veces en tal grado que
produzca dificultades. El hombre es un poderoso pensador creador, polarizado
egoístamente, que hace contacto emocional con las masas por medio del plexo
solar, y sufre frecuentemente de un fuerte complejo sexual en una u otra
forma.” (296)
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“La otra idea sobre la cual quiero llamarles la atención es que el ser
humano tiene el poder de ser incluyente en muchas direcciones, del mismo modo
que se puede trazar una línea desde el centro del círculo a cualquier punto de
la periferia. Debe recordarse que durante casi toda la vida y en la parte más
importante de su experiencia humana, sigue siendo el actor dramático que domina
el centro del escenario y se ve desempeñando el papel estelar; siempre es
consciente de su actuación y de cómo reacciona a esa actuación. Cuando el
hombre era poco más que un animal, y estaba en ese estado que anteriormente
denominamos conciencia lemuriana y la primitiva conciencia atlante, vivía
irreflexivamente; la vida se desplegaba ante sus ojos como un panorama; se
identificaba con los episodios descritos y no conocía la diferencia que existía
entre él y lo que aparecía en el panorama; simplemente observaba, desempeñaba
su pequeño papel, comía, se reproducía, reaccionaba al placer y al dolor, y
raras veces o nunca, pensaba o reflexionaba.” (297)
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“Desvitalización. (*) El místico
es atraído constantemente “hacia arriba” (tal como considera y aplica el
término) hasta el país de sus sueños, la persona de su idealismo o el ideal
espiritual (personificado o no) de su aspiración, aplicando a la inversa el
proceso normal y saludable del “Camino de la constante materialización de lo
Real”. Vive totalmente en el mundo de su aspiración, deslizándose de la vida
del plano físico, llegando a ser no sólo impráctico sino negativo en dicho
plano. Lleva todas las fuerzas de su vida hacia arriba, de manera que el cuerpo
físico y la vida en el plano físico sufren. Técnicamente, las fuerzas del plexo
solar no son llevadas hacia arriba, al centro cardíaco como debería ser, ni la
energía del corazón se derrama en amor desinteresado por la humanidad; todas se
enfocan y distribuyen en el nivel más elevado de la conciencia astral y son
enviadas a nutrir las fuerzas del cuerpo astral. Por lo tanto, revierten el
proceso normal, y el cuerpo físico sufre grandemente por ello.
Un estudio sobre la vida de los santos y los místicos revelará muchas
de estas dificultades e incluso los casos relativamente raros donde se presta
un servicio definido a la humanidad, cuyos móviles consisten frecuentemente
(podría decir generalmente) en satisfacer un requisito u obligación, que sirva
al místico y le otorgue una recompensa y satisfacción emocionales. Esta
desvitalización fue a menudo tan excesiva que no sólo produjo debilidad
nerviosa, trances y otros desórdenes patológicos, sino que a veces acarrearon
la muerte.” (298)
(*) Problemas del Desarrollo de la Visión Mística.
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“Desapego. (*) Constituye
una de las principales dificultades sicológicas que conducen al fenómeno común
de la separatividad. Es una de las más difíciles de manejar. El místico que
sólo puede ver su visión y la registra únicamente en términos de formas
simbólicas, deseo sexual, angustiosas aspiraciones y una intensa “vida de
deseos”, de sueños y anhelos, que oportunamente puede interrumpir las correctas
relaciones, tanto en sí mismo (por un lado su cuerpo físico, por otro su vida
emocional y su mente ocupada en otra cosa) como en su medio circundante, además
de las responsabilidades ambientales, vive totalmente en el mundo de su propia
creación -desapegado, inconmovible e impasible ante las demandas humanas y los
asuntos naturales. Esto a veces también se produce por el deseo no reconocido
de eludir la responsabilidad, el dolor, la irritabilidad, que produce la vida
diaria, y las caricias de quienes lo aman; puede haberlo traído de otra vida en
que ha pasado experiencias místicas y que en ésta debe trascender y sobrepasar
permanentemente, pues ya ha servido un propósito útil y realizado un trabajo
necesario. Este tipo de desapego es erróneo.” (299)
(*) Problemas del Desarrollo de la Visión Mística.
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“c. ENFERMEDADES VINCULADAS CON LAS CONDICIONES GRUPALES
Este tema lo trataré brevemente debido a que el trabajo grupal
-entendido esotéricamente- es relativamente nuevo, y también el individuo que
en la actualidad trabaja en un grupo, apenas es afectado por estos factores, en
razón de su integración relativamente parcial. Me refiero a su integración en
el grupo. Las personas están todavía tan aisladas dentro de sus personalidades
que se cierran en muchos casos al estímulo, efectos e impulsos grupales. Sólo
cuando se descentralizan y, por lo tanto, responden más fácilmente a las ideas,
al idealismo y al aura grupales (con su inhalación, exhalación y vivencia
también grupales) pueden sucumbir y sucumbirán a las dificultades que impone la
vida grupal. Hoy, a la figura central de la vida grupal, a la personalidad dominante
o alma, es a quien se dirigen la vida y los pensamientos grupales, con todas
las consecuencias que esto implica. El individuo sobre quien gira la vida
grupal (si puedo emplear tal término) es la víctima del grupo y el que paga el
precio de cualquier debilidad grupal. La expresión de la actitud grupal halla
salida en él y a veces es prácticamente muerto por el grupo. En la actualidad
no existe un grupo perfecto. Todos están en la etapa experimental y compuestos,
en gran parte, por unos pocos acuarianos, innumerables piscianos y numerosas
personas que están en la etapa de transición entre ambos. El guía o guías de
los nuevos grupos son generalmente del tipo más puro de la nueva era, o
carácter acuariano, que es posible obtener actualmente. Esto explica el fracaso
del grupo, por regla general, ya para comprender al dirigente o colaborar con
los nuevos ideales como se desea. El dirigente es un precursor en el nuevo
campo del pensamiento y de la intención y, por lo tanto, sufre el castigo de su
osadía y de su espíritu emprendedor.
No tengo la intención de ocuparme aquí de las dificultades del grupo
porque no es mi tema. Sólo estoy considerando las dificultades (a veces son
enfermedades físicas) y los problemas del individuo que es sensible a la
presión y vida grupales -algo muy diferente de los problemas comunes de los
místicos del pasado. Éstos sólo pueden ser estudiados e investigados hoy,
considerando las vidas, la condición física, los problemas, las dificultades y
la muerte de los líderes de los grupos. Les llamo la atención sobre esto. Los
miembros del grupo -aunque no quieran reconocerlo- todavía no están dispuestos
a sufrir mucho por la vida, la emanación y la energía grupales, porque aún no
se han integrado suficientemente en el grupo…” (300)
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“Enfermedades y Problemas Evocados por el Pensamiento Dirigido del
Grupo
Es evidente que la principal y más importante de estas dificultades
surge de la crítica grupal, ya sea verbal o fuertemente sentida. La crítica
puede estar fundada en muchas cosas, pero generalmente tiene sus raíces en la
envidia, en la ambición reprimida u orgullo del propio intelecto individual.
Cada miembro de un grupo, especialmente los que pertenecen al círculo inmediato
del dirigente o dirigentes, son propensos a erigirse en jueces. La
responsabilidad no es de ellos, no conocen los problemas como realmente son,
por lo tanto, les es fácil criticar. Deberemos recordar aquí que la crítica es
un veneno virulento. En todos los casos perjudica a su debido tiempo al que
critica y -debido a que ha sido dirigido verbalmente- perjudica mucho más al
que ha sido criticado. Cuando hay móvil puro, verdadero amor y una gran medida
de desapego, los cuerpos sutiles de aquel que es atacado pueden permanecer
inmunes, pero los efectos físicos serán muy definidos, y cuando hay una
debilidad física o limitación, allí se localizará el veneno proyectado.
La crítica que no ha sido verbalmente difundida es muy peligrosa,
porque está poderosa y fuertemente enfocada, aunque no ha sido dirigida
individualmente; surge continuamente como chorro constante enviado en aras de
la envidia, la ambición y el orgullo, porque ha habido una captación personal
de una supuesta situación y el que crítica cree que comprende correctamente y
que podría -si se le ofrece la oportunidad- actuar debidamente. Cuando la
crítica se emite y se expresa en palabras se refuerza, por consiguiente,
mediante la colaboración de los que han sido influenciados por la crítica, y
las consecuencias de este pensamiento dirigidos grupalmente pueden ocasionar un
desastre físico y la desintegración del cuerpo físico del dirigente o de los
dirigentes. Esto quizás podrá ser algo nuevo para algunos, y hará que la
mayoría de quienes componen los grupos de la nueva era detengan sus
pensamientos y libren a sus guías del impacto desastroso de sus críticas.
Aquí no me refiero al odio, aunque a menudo está presente, ya sea
consciente o inconscientemente, sino que se “erigen en jueces” de las vanas
murmuraciones que parecen tan necesarias para el miembro común del grupo. Se
asemeja al aliento de la muerte que no sólo mata al líder por el veneno
acumulado y la angustia, sino que también puede matar la vida grupal y hacer
abortar el esfuerzo que podría ser, si se le dedicara la debida colaboración y
tiempo, un agente constructivo a través del cual la Jerarquía podría trabajar.
De todas partes y de todos los grupos le llegan al dirigente del grupo
oleadas de críticas, pensamientos ponzoñosos, falsas ideas, vanas habladurías
destructivas, imputación de móviles, envidia y odio inexpresados, ambiciones
frustradas de los miembros de un grupo, resentimientos y deseos insatisfechos
de destacarse, ser reconocido por el líder o líderes, o el deseo de verlo
reemplazado por ellos mismos o por alguien, más otros tipos de egoísmo y
orgullo mental. Esto produce resultados en el cuerpo físico del líder y
frecuentemente en el cuerpo emocional. Por lo tanto, la responsabilidad de un
miembro del grupo es muy grande, y muy pocas veces la reconoce o acepta.
Resulta difícil apreciar los efectos desastrosos cuando una persona es el
blanco de las críticas del grupo y cuando el pensamiento dirigido de un grupo
de personas se enfoca en uno o dos individuos.
Cuanto más evolucionado sea el dirigente del grupo, mayor será el dolor
y el sufrimiento. Las personas que pertenecen al primer rayo, que tienen por
naturaleza “una técnica para aislarse”, sufren menos que la mayoría, pues saben
cómo detener estas corrientes de fuerza dirigidas y cómo desviarlas y -cuando
no son personas profundamente espirituales- pueden devolverlas a los que las
originaron y provocar así grandes desastres en sus vidas. Las personas que
pertenecen al segundo rayo no trabajan ni pueden hacerlo de esta manera. Son
absorbentes por naturaleza y atraen magnéticamente todo lo que en su medio
ambiente va dirigido hacia ellos. Esta es la razón por la cual el Cristo sufrió
la pena de muerte. Fue muerto no sólo por Sus enemigos, sino por Sus seudo
amigos.
Aquí podrán muy bien preguntar: ¿ Qué puede hacer un conductor o grupo
de dirigentes en estas circunstancias desgraciadamente anormales y comunes?
Nada, sino continuar con el trabajo. Retirarse dentro de sí mismo; decir la
verdad con amor cuando se ofrece la oportunidad, rehusar amargarse por el dolor
que le ocasiona el grupo y esperar hasta que sus miembros aprendan la lección
de colaborar, de guardar silencio, de saber apreciar amorosamente y de captar y
comprender inteligentemente los problemas que enfrentan todos los dirigentes de
grupos, en estos días difíciles e individualistas. Ya llegará ese momento.
Luego tenemos el reverso de este problema que debe enfrentar la mayoría
de los dirigentes de grupo. En esta situación contraria, el guía es vencido (si
puedo utilizar tal palabra) y oprimido por la devoción de ciertos miembros del
grupo. Los guías del grupo casi pueden ser aniquilados por el amor que
demuestra la gente hacia la personalidad, pero esto no es de naturaleza tan
ponzoñosa como las dificultades ya mencionadas, porque -aunque constituye un
obstáculo que conduce a innumerables formas de dificultades, malas
interpretaciones y reacciones grupales-, se produce por el amor, no por la
separatividad y el odio. Trae lo que se denomina esotéricamente la invalidación
“de aquel que trata de servir y lo ata de pies y manos.
Trataré otra dificultad muy importante, porque es una actividad grupal
llevada a cabo como un todo y no el acto de un individuo o de un puñado de
individuos dentro del grupo. Me refiero a la forma en que hoy el grupo agota la
vida de su líder o dirigente. El cordón umbilical (hablando simbólicamente)
rara vez se corta entre el dirigente y el grupo. Esto constituye el mayor error
cometido por los grupos de la era pisciana. Permanecían siempre vinculados a él
o -cuando los impulsaba el odio o el desagrado- truncaban violentamente el
vínculo y rompían las relaciones causando gran angustia e innecesario
sufrimiento al grupo y al dirigente. En la nueva era, el cordón será
tempranamente cortado en la vida del grupo, pero el líder o el grupo de líderes
permanecerán siendo durante largo y tiempo (como la madre y el hijo) la
inspiración guiadora, la fuerza amorosa protectora y un venero de instrucción y
enseñanza. Cuando esto sucede el grupo puede emprender su camino y vivir su
vida como un agente autodirigido, aunque el líder haya partido para el más
allá, o se produzca un cambio en el liderazgo por una u otra razón.” (301)
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(292) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo.
Los problemas de los guías, de los sueños y de la depresión. (pág. 368)
(293) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo.
Los problemas de los guías, de los sueños y de la depresión. (pág. 393)
(294) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. a. Problemas que
Surgen del Despertar y el Estímulo de los Centros. (pág. 404)
(295) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. a. Problemas que
Surgen del Despertar y el Estímulo de los Centros. (pág. 408)
(296) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. a. Problemas que
Surgen del Despertar y el Estímulo de los Centros. (pág. 421)
(297) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. b. Desarrollo de
los Poderes Síquicos. (pág. 424)
(298) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. b. Desarrollo de
los Poderes Síquicos. Problemas del Desarrollo de la Visión Mística. (pág. 455)
(299) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. b. Desarrollo de
los Poderes Síquicos. Problemas del Desarrollo de la Visión Mística. (pág. 455)
(300) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. c. Enfermedades
Vinculadas con las Condiciones Grupales (pág. 467)
(301) CAPITULO II. El Rayo de la
Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. c. Enfermedades
Vinculadas con las Condiciones Grupales. Enfermedades y Problemas Evocados por
el Pensamiento Dirigido del Grupo (pág. 468)
(CONTINUARÁ)
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