sábado, 9 de marzo de 2019

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (XXX) - Tratado de los Siete Rayos. VOL. 2 - Psicología Esotérica II (VII)


Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XXIX)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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Tratado de los Siete Rayos. Vol. 2 - Psicología Esotérica II (1942)


“Las personas emotivas que pertenecen a las iglesias de cualquier denominación o creencia, tienden a buscar la forma de evadir las dificultades y vicisitudes de la vida, viviendo siempre con la sensación de la Presencia guiadora de Dios, conjuntamente con la ciega obediencia a lo que genéricamente denominan “la voluntad de Dios”. La práctica de la Presencia de Dios es en verdad un paso necesario y deseable, pero la gente debería comprender lo que ello significa y cambiar constantemente el sentido de la dualidad por el de la identificación. La voluntad de Dios podrá aparecer como la imposición de las circunstancias y condiciones de la vida, de las cuales no hay escapatoria posible; el individuo que sufre esta imposición la acepta y no trata de aminorar, ni siquiera mejorar, y a veces tampoco evitar las circunstancias. Interpreta de tal manera su situación y destino, que determina, plácida y sumisamente, vivir dentro del círculo infranqueable y de las limitaciones que le han sido impuestas. Desarrolla inevitablemente un espíritu de sumisión y obediencia, soporta, convencido, de que su situación expresa la voluntad de Dios. En los más sublimes estados de obediencia, las personas sensitivas hacen alarde de su sumisión, pero no se dan cuenta de que la voz que han escuchado es la propia. Creen que es la de Dios. La comprensión, el reconocimiento de la Ley de Causa y Efecto (que actúa una vida tras otra) y la interpretación de que el problema es una lección que debe aprender, significará la liberación de la negatividad y la aceptación ciega e irreflexiva. La vida no pide obediencia ni aceptación, exige actividad. Pide que se separen los valores buenos y elevados de los indeseables; que se cultive ese espíritu de lucha que traerá organización y comprensión y permitirá entrar oportunamente en una etapa donde desempeñará una actividad espiritual útil.

Las personas que participan en la actividad de esas escuelas de pensamiento, con infinidad de nombres tales como: la Escuela de la Ciencia Mental (Mental Science), grupos del Nuevo Pensamiento (New Thought), Ciencia Cristiana (Christian Science) y muchos grupos similares, propenden a caer en un estado de negatividad basado en la autosugestión. La constante repetición del hecho (aún incomprendido) de la realidad de la divinidad, evocará oportunamente la respuesta del aspecto forma de la vida, lo cual -aunque no sea una guía verbal- constituye sin embargo el reconocimiento de una especie de guía, que impide el libre albedrío, y es una reacción en amplia escala de lo mencionado anteriormente. Así como en el primer caso tenemos la ciega aceptación de un destino indeseable, porque creen que tal es la voluntad de Dios y dicha Voluntad debe ser buena y correcta, en el otro caso existe el propósito de conmover al hombre subjetivo para que acepte una condición totalmente opuesta. Se le enseña que no existen malas condiciones, excepto las que él mismo puede crear; que no existe dolor ni nada que pueda considerarse indeseable; se le in-cita a reconocer que él es divino y el heredero de las edades, y que las malas condiciones, las limitadas circunstancias y los acontecimientos adversos, son producto de su propia imaginación creadora, y se le explica que en realidad no existen.

En ambas escuelas de pensamiento se enseña y recalca la verdad sobre el destino, a medida que se cumple bajo la ley de Causa y Efecto, y sobre la divinidad innata en el hombre, pero en ambos casos el hombre es un sujeto negativo y víctima de un destino cruel, o de su propia divinidad. Premeditadamente empleo esta fraseología porque ansío que los lectores comprendan que el destino nunca ha tenido por finalidad convertir al hombre en víctima inerme de las circunstancias ni en instrumento autohipnotizado de una aseverada y no desarrollada divinidad. El hombre está destinado a ser árbitro inteligente de su propio destino y consciente exponente de su innata divinidad, el Dios interno.” (292)

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“…el actual problema mundial, el temor y la profunda ansiedad, el dolor y el sufrimiento, tan prevalecientes, producen un resultado doble y mixto. Ambos resultados (y sus etapas intermedias) son:

1. La extroversión de la conciencia de la masa.

2. La pronunciada introversión del individuo.

Por lo tanto tenemos un efecto masivo y otro individual y ambos deben ser tenidos muy en cuenta. Puede observarse el desarrollo de dicho proceso de exteriorización en el clamor y en la vehemencia y, a menudo, en la ruidosa sicología de los grandes movimientos y experimentos nacionales que actualmente se llevan a cabo en todo el mundo. Los individuos que pertenecen a estos países y prácticamente a todas las naciones, sufren, en forma simultánea, represiones necesarias (a veces por la fuerza), censura de la palabra y otras actividades restrictivas; la fuerza de las circunstancias los obliga a encerrarse en sí mismos y lo hacen tan intensamente que -si pudieran ver la actuación de las fuerzas como lo observamos los que pertenecemos al mundo interno- se darían cuenta de los dos grandes movimientos que se llevan a cabo en los tres mundos del esfuerzo humano, como si fueran corrientes opuestas de fuerza:

1. El movimiento dirigido hacia la extroversión o exteriorización de las grandes energías a las cuales responde la conciencia de las masas. Ella está siendo dirigida y forzada por la actividad desplegada de la energía de primer rayo, por eso actúa mayormente en el campo político y en el sector de la voluntad de la masa. En estas etapas iniciales observamos la evocación de la voluntad de las masas; es aún inculta, incipiente, versátil y fácil de persuadir, por la voluntad dirigida de un grupo que pueda demostrar en cualquier país poder suficiente para acaparar la atención de la masa. Lo antedicho también puede lograrlo una personalidad dominante y poderosa. El resultado neto que se obtiene (desde un amplio punto de vista) es hacer surgir a la superficie la conciencia profundamente oculta y sumergida de las masas, una fuerza hasta ahora silenciosa, inexpresada y desorientada, que, sin embargo, constituye una potencia en la vida planetaria.

2. El movimiento hacia la introversión o “a encerrarse en sí mismo”, desarrollado por las conciencias inteligentes (no por la conciencia de la masa) de todos esos hombres y mujeres cuyas mentes van despertando y pueden actuar en forma creadora y activa en los tres niveles de la percepción humana.

Estos dos movimientos -hacia lo externo y lo interno- constituyen el origen de gran parte de la actual crisis mundial. El efecto de esta “atracción” en dos direcciones, afecta seriamente a las personas sensibles. Son atraídas externamente por la atracción o tirón que ejerce la conciencia de la masa y por la fuerza de la vida política, económica y social de la raza; internamente, por el tirón del mundo de valores superiores, el reino de las almas y el trabajo organizado que realiza la Jerarquía espiritual ayudada por la milenaria conciencia religiosa.” (293)

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“En el proceso de la evolución el centro sacro pasa por esas etapas donde actúa automática e inconscientemente, como sucede con el hombre estrictamente animal; luego viene la etapa en que actúa impulsado por el deseo, el placer y la satisfacción física, cuando la imaginación comienza a ejercer su influencia, y después el período en que hay una consciente subordinación de la vida al impulso sexual, de naturaleza distinta del que mencioné primero. El sexo llega a ser una idea predominante en la conciencia, y muchas personas en la actualidad están pasando por esa etapa. Todos, en algún momento o en alguna vida, pasarán por ella. A esto le sigue el período de transferencia donde la atracción física del sexo y el anhelo de crear físicamente ya no domina tanto, y las fuerzas comienzan a reunirse en el plexo solar. Allí serán controladas en su mayor parte por la vida astral imaginativa, mucho más que por la inconsciencia animal o la vida consciente de deseo. Se mezclarán con las fuerzas del plexo solar y serán gradualmente ascendidas al centro laríngeo, pero siempre a través del centro cardíaco.

Tenemos aquí el punto principal de las dificultades que afectan al místico, quien rápidamente viene al ser y a la actividad funcional. Llega a hacerse dolorosamente consciente de la dualidad, la atracción del mundo y la visión mística; de las posibilidades divinas y las potencias de la personalidad; del amor, en lugar del deseo y la atracción, y de la relación divina, en vez de las relaciones humanas. Sin embargo, el tema todavía continúa interpretándose en términos de dualidad. El sexo aún persiste imaginativamente en su conciencia y no ha sido relegado a un lugar equilibrado como el que ocupan los otros instintos de la naturaleza humana, lo cual da por resultado un interés casi patológico en el simbolismo del sexo y lo que podría denominarse una vida sexual espiritualizada. De ello tenemos grandes ejemplos en los escritos y experiencias de muchos místicos de la edad media. En ellos hallamos expresiones tales como la “desposada de Cristo”, el “matrimonio en los Cielos”, la representación de Cristo como “esposo celestial” y muchos otros símbolos y frases. En el Canto de Salomón tenemos la rendición masculina del mismo acercamiento sexual básico al alma y a su omniabarcante vida.” (294)

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“El despertar del centro ajna que, como hemos visto, es primordialmente el resultado del desarrollo de la personalidad del hombre, hasta lograr la integración, puede conducir (si las energías involucradas no son controladas correctamente) a serias dificultades de la vista, a muchas dolencias auditivas, a diversas formas de neuritis, dolores de cabeza, jaqueca y afecciones nerviosas en distintas partes del cuerpo. También puede producir muchas dolencias vinculadas con el cuerpo pituitario y situaciones sicológicas que emanan de esta importante glándula controladora, además de innumerables y definidas dolencias físicas.” (295)

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“La actividad del centro ajna se acrecentará grandemente durante el siglo venidero, trayendo consigo los problemas concernientes. Su estrecha relación con el cuerpo pituitario y la creciente interacción entre

a. el centro ajna y el cuerpo pituitario y

b. el centro en la cima de la cabeza (abarcando la glándula pineal) y el centro ajna, producirán serios problemas vinculados con el cerebro y los ojos. El centro ajna enfoca la energía que ha sido abstraída de los cinco centros que se hallan a lo largo de la columna vertebral, y es el asiento del poder de la personalidad. De acuerdo a como se emplee ese poder y a la dirección de la fuerza enviada por la personalidad integrada y dirigida a través del cuerpo, así serán afectados los órganos del cuerpo. El plexo solar puede ser estimulado desde ese centro y producir efectos desastrosos; el centro cardíaco puede ser impulsado a una actividad indebida por la imposición de la fuerza de la personalidad, y su energía desviarse hacia abajo y enfocarse en forma egoísta; el plexo solar puede hipervitalizarse de tal manera que todas las fuerzas de la personalidad se dirijan hacia abajo y se subordinen a fines puramente egoístas y separatistas, produciendo así una personalidad poderosa que, al mismo tiempo, detendrá momentáneamente la vida espiritual del hombre. Cuando tiene lugar esta suspensión, las fuerzas del cuerpo que han sido “ascendidas” son impulsadas hacia abajo nuevamente, poniendo al hombre en armonía con la humanidad común que actúa por medio de los centros inferiores, lo cual hace que la personalidad obtenga un gran éxito. Es interesante observar que cuando esto tiene lugar las energías -concentradas en el centro ajna- descienden al plexo solar o al centro sacro, y raras veces al centro cardíaco. El centro cardíaco tiene poder propio para producir lo que se denomina “aislamiento oculto”, porque es el asiento del principio vida. El centro laríngeo en este caso recibe estímulo, pero raras veces en tal grado que produzca dificultades. El hombre es un poderoso pensador creador, polarizado egoístamente, que hace contacto emocional con las masas por medio del plexo solar, y sufre frecuentemente de un fuerte complejo sexual en una u otra forma.” (296)

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“La otra idea sobre la cual quiero llamarles la atención es que el ser humano tiene el poder de ser incluyente en muchas direcciones, del mismo modo que se puede trazar una línea desde el centro del círculo a cualquier punto de la periferia. Debe recordarse que durante casi toda la vida y en la parte más importante de su experiencia humana, sigue siendo el actor dramático que domina el centro del escenario y se ve desempeñando el papel estelar; siempre es consciente de su actuación y de cómo reacciona a esa actuación. Cuando el hombre era poco más que un animal, y estaba en ese estado que anteriormente denominamos conciencia lemuriana y la primitiva conciencia atlante, vivía irreflexivamente; la vida se desplegaba ante sus ojos como un panorama; se identificaba con los episodios descritos y no conocía la diferencia que existía entre él y lo que aparecía en el panorama; simplemente observaba, desempeñaba su pequeño papel, comía, se reproducía, reaccionaba al placer y al dolor, y raras veces o nunca, pensaba o reflexionaba.” (297)

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“Desvitalización. (*) El místico es atraído constantemente “hacia arriba” (tal como considera y aplica el término) hasta el país de sus sueños, la persona de su idealismo o el ideal espiritual (personificado o no) de su aspiración, aplicando a la inversa el proceso normal y saludable del “Camino de la constante materialización de lo Real”. Vive totalmente en el mundo de su aspiración, deslizándose de la vida del plano físico, llegando a ser no sólo impráctico sino negativo en dicho plano. Lleva todas las fuerzas de su vida hacia arriba, de manera que el cuerpo físico y la vida en el plano físico sufren. Técnicamente, las fuerzas del plexo solar no son llevadas hacia arriba, al centro cardíaco como debería ser, ni la energía del corazón se derrama en amor desinteresado por la humanidad; todas se enfocan y distribuyen en el nivel más elevado de la conciencia astral y son enviadas a nutrir las fuerzas del cuerpo astral. Por lo tanto, revierten el proceso normal, y el cuerpo físico sufre grandemente por ello.

Un estudio sobre la vida de los santos y los místicos revelará muchas de estas dificultades e incluso los casos relativamente raros donde se presta un servicio definido a la humanidad, cuyos móviles consisten frecuentemente (podría decir generalmente) en satisfacer un requisito u obligación, que sirva al místico y le otorgue una recompensa y satisfacción emocionales. Esta desvitalización fue a menudo tan excesiva que no sólo produjo debilidad nerviosa, trances y otros desórdenes patológicos, sino que a veces acarrearon la muerte.” (298)

(*) Problemas del Desarrollo de la Visión Mística.

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“Desapego. (*) Constituye una de las principales dificultades sicológicas que conducen al fenómeno común de la separatividad. Es una de las más difíciles de manejar. El místico que sólo puede ver su visión y la registra únicamente en términos de formas simbólicas, deseo sexual, angustiosas aspiraciones y una intensa “vida de deseos”, de sueños y anhelos, que oportunamente puede interrumpir las correctas relaciones, tanto en sí mismo (por un lado su cuerpo físico, por otro su vida emocional y su mente ocupada en otra cosa) como en su medio circundante, además de las responsabilidades ambientales, vive totalmente en el mundo de su propia creación -desapegado, inconmovible e impasible ante las demandas humanas y los asuntos naturales. Esto a veces también se produce por el deseo no reconocido de eludir la responsabilidad, el dolor, la irritabilidad, que produce la vida diaria, y las caricias de quienes lo aman; puede haberlo traído de otra vida en que ha pasado experiencias místicas y que en ésta debe trascender y sobrepasar permanentemente, pues ya ha servido un propósito útil y realizado un trabajo necesario. Este tipo de desapego es erróneo.” (299)

(*) Problemas del Desarrollo de la Visión Mística.

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“c. ENFERMEDADES VINCULADAS CON LAS CONDICIONES GRUPALES

Este tema lo trataré brevemente debido a que el trabajo grupal -entendido esotéricamente- es relativamente nuevo, y también el individuo que en la actualidad trabaja en un grupo, apenas es afectado por estos factores, en razón de su integración relativamente parcial. Me refiero a su integración en el grupo. Las personas están todavía tan aisladas dentro de sus personalidades que se cierran en muchos casos al estímulo, efectos e impulsos grupales. Sólo cuando se descentralizan y, por lo tanto, responden más fácilmente a las ideas, al idealismo y al aura grupales (con su inhalación, exhalación y vivencia también grupales) pueden sucumbir y sucumbirán a las dificultades que impone la vida grupal. Hoy, a la figura central de la vida grupal, a la personalidad dominante o alma, es a quien se dirigen la vida y los pensamientos grupales, con todas las consecuencias que esto implica. El individuo sobre quien gira la vida grupal (si puedo emplear tal término) es la víctima del grupo y el que paga el precio de cualquier debilidad grupal. La expresión de la actitud grupal halla salida en él y a veces es prácticamente muerto por el grupo. En la actualidad no existe un grupo perfecto. Todos están en la etapa experimental y compuestos, en gran parte, por unos pocos acuarianos, innumerables piscianos y numerosas personas que están en la etapa de transición entre ambos. El guía o guías de los nuevos grupos son generalmente del tipo más puro de la nueva era, o carácter acuariano, que es posible obtener actualmente. Esto explica el fracaso del grupo, por regla general, ya para comprender al dirigente o colaborar con los nuevos ideales como se desea. El dirigente es un precursor en el nuevo campo del pensamiento y de la intención y, por lo tanto, sufre el castigo de su osadía y de su espíritu emprendedor.

No tengo la intención de ocuparme aquí de las dificultades del grupo porque no es mi tema. Sólo estoy considerando las dificultades (a veces son enfermedades físicas) y los problemas del individuo que es sensible a la presión y vida grupales -algo muy diferente de los problemas comunes de los místicos del pasado. Éstos sólo pueden ser estudiados e investigados hoy, considerando las vidas, la condición física, los problemas, las dificultades y la muerte de los líderes de los grupos. Les llamo la atención sobre esto. Los miembros del grupo -aunque no quieran reconocerlo- todavía no están dispuestos a sufrir mucho por la vida, la emanación y la energía grupales, porque aún no se han integrado suficientemente en el grupo…” (300)

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“Enfermedades y Problemas Evocados por el Pensamiento Dirigido del Grupo

Es evidente que la principal y más importante de estas dificultades surge de la crítica grupal, ya sea verbal o fuertemente sentida. La crítica puede estar fundada en muchas cosas, pero generalmente tiene sus raíces en la envidia, en la ambición reprimida u orgullo del propio intelecto individual. Cada miembro de un grupo, especialmente los que pertenecen al círculo inmediato del dirigente o dirigentes, son propensos a erigirse en jueces. La responsabilidad no es de ellos, no conocen los problemas como realmente son, por lo tanto, les es fácil criticar. Deberemos recordar aquí que la crítica es un veneno virulento. En todos los casos perjudica a su debido tiempo al que critica y -debido a que ha sido dirigido verbalmente- perjudica mucho más al que ha sido criticado. Cuando hay móvil puro, verdadero amor y una gran medida de desapego, los cuerpos sutiles de aquel que es atacado pueden permanecer inmunes, pero los efectos físicos serán muy definidos, y cuando hay una debilidad física o limitación, allí se localizará el veneno proyectado.

La crítica que no ha sido verbalmente difundida es muy peligrosa, porque está poderosa y fuertemente enfocada, aunque no ha sido dirigida individualmente; surge continuamente como chorro constante enviado en aras de la envidia, la ambición y el orgullo, porque ha habido una captación personal de una supuesta situación y el que crítica cree que comprende correctamente y que podría -si se le ofrece la oportunidad- actuar debidamente. Cuando la crítica se emite y se expresa en palabras se refuerza, por consiguiente, mediante la colaboración de los que han sido influenciados por la crítica, y las consecuencias de este pensamiento dirigidos grupalmente pueden ocasionar un desastre físico y la desintegración del cuerpo físico del dirigente o de los dirigentes. Esto quizás podrá ser algo nuevo para algunos, y hará que la mayoría de quienes componen los grupos de la nueva era detengan sus pensamientos y libren a sus guías del impacto desastroso de sus críticas.

Aquí no me refiero al odio, aunque a menudo está presente, ya sea consciente o inconscientemente, sino que se “erigen en jueces” de las vanas murmuraciones que parecen tan necesarias para el miembro común del grupo. Se asemeja al aliento de la muerte que no sólo mata al líder por el veneno acumulado y la angustia, sino que también puede matar la vida grupal y hacer abortar el esfuerzo que podría ser, si se le dedicara la debida colaboración y tiempo, un agente constructivo a través del cual la Jerarquía podría trabajar.

De todas partes y de todos los grupos le llegan al dirigente del grupo oleadas de críticas, pensamientos ponzoñosos, falsas ideas, vanas habladurías destructivas, imputación de móviles, envidia y odio inexpresados, ambiciones frustradas de los miembros de un grupo, resentimientos y deseos insatisfechos de destacarse, ser reconocido por el líder o líderes, o el deseo de verlo reemplazado por ellos mismos o por alguien, más otros tipos de egoísmo y orgullo mental. Esto produce resultados en el cuerpo físico del líder y frecuentemente en el cuerpo emocional. Por lo tanto, la responsabilidad de un miembro del grupo es muy grande, y muy pocas veces la reconoce o acepta. Resulta difícil apreciar los efectos desastrosos cuando una persona es el blanco de las críticas del grupo y cuando el pensamiento dirigido de un grupo de personas se enfoca en uno o dos individuos.

Cuanto más evolucionado sea el dirigente del grupo, mayor será el dolor y el sufrimiento. Las personas que pertenecen al primer rayo, que tienen por naturaleza “una técnica para aislarse”, sufren menos que la mayoría, pues saben cómo detener estas corrientes de fuerza dirigidas y cómo desviarlas y -cuando no son personas profundamente espirituales- pueden devolverlas a los que las originaron y provocar así grandes desastres en sus vidas. Las personas que pertenecen al segundo rayo no trabajan ni pueden hacerlo de esta manera. Son absorbentes por naturaleza y atraen magnéticamente todo lo que en su medio ambiente va dirigido hacia ellos. Esta es la razón por la cual el Cristo sufrió la pena de muerte. Fue muerto no sólo por Sus enemigos, sino por Sus seudo amigos.

Aquí podrán muy bien preguntar: ¿ Qué puede hacer un conductor o grupo de dirigentes en estas circunstancias desgraciadamente anormales y comunes? Nada, sino continuar con el trabajo. Retirarse dentro de sí mismo; decir la verdad con amor cuando se ofrece la oportunidad, rehusar amargarse por el dolor que le ocasiona el grupo y esperar hasta que sus miembros aprendan la lección de colaborar, de guardar silencio, de saber apreciar amorosamente y de captar y comprender inteligentemente los problemas que enfrentan todos los dirigentes de grupos, en estos días difíciles e individualistas. Ya llegará ese momento.

Luego tenemos el reverso de este problema que debe enfrentar la mayoría de los dirigentes de grupo. En esta situación contraria, el guía es vencido (si puedo utilizar tal palabra) y oprimido por la devoción de ciertos miembros del grupo. Los guías del grupo casi pueden ser aniquilados por el amor que demuestra la gente hacia la personalidad, pero esto no es de naturaleza tan ponzoñosa como las dificultades ya mencionadas, porque -aunque constituye un obstáculo que conduce a innumerables formas de dificultades, malas interpretaciones y reacciones grupales-, se produce por el amor, no por la separatividad y el odio. Trae lo que se denomina esotéricamente la invalidación “de aquel que trata de servir y lo ata de pies y manos.

Trataré otra dificultad muy importante, porque es una actividad grupal llevada a cabo como un todo y no el acto de un individuo o de un puñado de individuos dentro del grupo. Me refiero a la forma en que hoy el grupo agota la vida de su líder o dirigente. El cordón umbilical (hablando simbólicamente) rara vez se corta entre el dirigente y el grupo. Esto constituye el mayor error cometido por los grupos de la era pisciana. Permanecían siempre vinculados a él o -cuando los impulsaba el odio o el desagrado- truncaban violentamente el vínculo y rompían las relaciones causando gran angustia e innecesario sufrimiento al grupo y al dirigente. En la nueva era, el cordón será tempranamente cortado en la vida del grupo, pero el líder o el grupo de líderes permanecerán siendo durante largo y tiempo (como la madre y el hijo) la inspiración guiadora, la fuerza amorosa protectora y un venero de instrucción y enseñanza. Cuando esto sucede el grupo puede emprender su camino y vivir su vida como un agente autodirigido, aunque el líder haya partido para el más allá, o se produzca un cambio en el liderazgo por una u otra razón.” (301)

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(292) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo. Los problemas de los guías, de los sueños y de la depresión. (pág. 368)
(293) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo. Los problemas de los guías, de los sueños y de la depresión. (pág. 393)
(294) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. a. Problemas que Surgen del Despertar y el Estímulo de los Centros. (pág. 404)
(295) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. a. Problemas que Surgen del Despertar y el Estímulo de los Centros. (pág. 408)
(296) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. a. Problemas que Surgen del Despertar y el Estímulo de los Centros. (pág. 421)
(297) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. b. Desarrollo de los Poderes Síquicos. (pág. 424)
(298) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. b. Desarrollo de los Poderes Síquicos. Problemas del Desarrollo de la Visión Mística. (pág. 455)
(299) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. b. Desarrollo de los Poderes Síquicos. Problemas del Desarrollo de la Visión Mística. (pág. 455)
(300) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. c. Enfermedades Vinculadas con las Condiciones Grupales (pág. 467)
(301) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. IV. Enfermedades y Problemas de los Discípulos. c. Enfermedades Vinculadas con las Condiciones Grupales. Enfermedades y Problemas Evocados por el Pensamiento Dirigido del Grupo (pág. 468)



(CONTINUARÁ)

martes, 19 de febrero de 2019

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (XXIX) - Tratado de los Siete Rayos. VOL. 2 - Psicología Esotérica II (VI)


Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XXVIII)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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Tratado de los Siete Rayos. Vol. 2 - Psicología Esotérica II (1942)


“Sin embargo, el verdadero sentido de la separatividad y las dificultades realmente serias, surgen cuando han ocurrido dos cosas:

1. La autoconciencia del hombre ha llegado a esa etapa donde sus deseos son tan dominantes y apremiantes que llega a percibir la fuerza de los mismos; simultáneamente se da cuenta de que es incapaz de satisfacerlos y a la vez reconoce que cierto aspecto de sí mismo no quiere en realidad satisfacerlos. Entonces lo embarga el sentido de frustración, y dolorosamente percibe lo que desea y lo que llegaría a ser si satisficiera y saciara sus deseos, siendo entonces impelido hacia dos direcciones: la mente centralizada en el deseo lo mantiene en el reino del anhelo, de la esperanza y del deseo, mientras que su cerebro y su naturaleza física lo convencen de que no es posible lograr lo que desea y, si lo lograra ¿lo desearía realmente? Esto es verdad respecto al hombre cuyo objetivo es satisfacer sus deseos materiales o aquel que responde a la satisfacción del deseo intelectual o espiritual. En el primer caso, la separación empieza a aparecer en los aspectos inferiores de su naturaleza de deseo. En el segundo, aparece en los aspectos superiores, pero, en ambos casos, las líneas de separación están bien definidas, Ha comenzado el conflicto y tiene por delante dos posibilidades:

a. Una eventual pasividad, de tal naturaleza, que la vida termina en futilidad, profunda depresión y en un sentido de frustración, que va desde la vida sumisa que acepta todo, hasta los diferentes caminos de escape que empujan al hombre a un mundo de ensueño, al país de la ilusión, a un estado negativo e, incluso, al borde de la muerte, mediante la propia destrucción.

b. Un encarnizado conflicto basado en no querer ser moldeado por las circunstancias y el medio ambiente. Esto lleva al hombre al éxito, a la satisfacción de sus deseos o se destruye, en la rueda de la vida, física o mentalmente.

2. La separación también se produce cuando el hombre no emplea el intelecto que Dios le ha otorgado y es incapaz de elegir entre lo esencial y lo no esencial, la dirección correcta y las metas erróneas, las distintas satisfacciones que apelan a los variados aspectos de su naturaleza inferior y, en su oportunidad, entre la dualidad superior y la inferior. Debe aprender a captar la diferencia entre:

a. El sometimiento a lo inevitable y al apremio de su propio deseo.

b. El reconocimiento de la capacidad y de la potencialidad. Muchos conflictos se resolverían resumiendo, comprendiendo y utilizando correctamente el acervo reconocido, eliminando las metas imposibles y la consiguiente e inevitable frustración. Cuando esta parte del conflicto ha sido superada, entonces la potencialidad puede surgir como un reconocimiento y convertirse en una expresión de poder.

c. El reconocimiento de las metas individuales y grupales y la habilidad de ser social o antisocial. Mucho se está realizando en este sentido, pero se sigue haciendo hincapié sobre el individuo y no sobre el grupo. Cuando esto sucede, somos responsables de los grupos antisociales.

He mencionado sólo tres de los innumerables reconocimientos posibles, pero la eliminación de las separaciones de la cual son responsables dará por resultado la liberación de gran parte de quienes sufren. Quizás podría decirse que la liberación de esa mayoría, cuya separación radica principalmente en el reino de la naturaleza de deseo, que conduce a un sentido de frustración y a perder el interés por la vida, podría ser curada:

1. Atendiendo el equipo físico y las glándulas, particularmente la glándula tiroides, además de la regulación del régimen alimenticio;

2. atendiendo la coordinación física del paciente, la cual es la expresión externa de un proceso interno de integración y mucho podrá lograrse mediante el entrenamiento;

3. interpretando la vida y el medio ambiente, en términos de valores. Reflexionen sobre esto;

4. Por la descentralización que se obtiene:

a. proporcionando el aliciente, la educación y el entrenamiento vocacional apropiados;

b. cultivando el poder de reconocer y satisfacer la necesidad circundante, despertando así el deseo de servir y proporcionando ese sentido de satisfacción, resultado del cumplimiento y de la valorización;

c. trasmutando lenta y cuidadosamente el deseo en aspiración.

5. Por la reorientación hacia metas más elevadas y por el desarrollo del sentido de la correcta dirección, lo cual implica:

a. El cultivo de una visión más amplia;

b. la formulación de un programa interno inteligentemente recopilado y adecuado al correspondiente grado de evolución, pero no tan evolucionado que sea imposible cumplirlo, y

c. la supresión de esos pasos y actividades que están destinados a fracasar.

6. Más adelante, cuando se haya captado algo de lo antedicho, debe tener lugar la búsqueda y el desarrollo de cualquier facultad creadora, satisfaciendo así el deseo de contribuir y de llamar la atención. Gran parte del esfuerzo artístico, literario o musical, se funda en el deseo de ser el centro de atención y no en la verdadera capacidad creadora, que es el sentido del “yo, el actor dramático”. Esto, correctamente empleado y desarrollado, es de real valor e importancia.

7. La eliminación del sentido del pecado, de la desaprobación, con sus secuelas: rebeldía, sospecha y complejo de inferioridad.” (287)

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“Hemos considerado en parte el problema de las separaciones a las que está sujeto el hombre, y hemos visto que el proceso evolutivo o humano, en último análisis, era una serie de unificaciones; cada paso dado adelante significó reunir ciertos tipos de energía a fin de que su fusión pudiera proporcionarnos una persona más completa. ¿Puedo enunciar aquí algo interesante? El problema mismo tiene sus causas en el hecho de que existe un Observador. Este Observador, en ciertas etapas del desarrollo normal del hombre, se da cuenta de que existen separaciones y sufre porque las hay en su propia conciencia. Comprende que es víctima de las divisiones de su naturaleza, sin embargo -y esto es muy importante- el hombre en el plano físico es incapaz de comprenderlas, o aparentemente eliminarlas sin la ayuda del alma, el Observador, el aspecto superior de sí mismo. Un hombre, por ejemplo, que sufre de la disociación que existe entre la parte emocional sensoria de sí mismo y el aspecto mental, es consciente de la necesidad, de la frustración y de los intensos sufrimientos y dificultades, y necesita no obstante la ayuda comprensiva del sicólogo entrenado o de su propia alma, antes de que pueda tener lugar la fusión, y él, como individuo, “sea hecho de nuevo”.

La misma verdad es aplicable en lo que atañe a las separaciones que existen en el hombre, pero tres de ellas son de gran importancia:

1. La separación entre la mente y la naturaleza inferior -física, vital, astral o emocional.

2. La separación entre el hombre y su medio ambiente que –una vez subsanada y eliminada- lo convierte en un ser humano responsable y en un buen ciudadano que acepta su medio ambiente y le dedica lo mejor de sí mismo. De esta manera fortalece su carácter y aumenta su capacidad, como resultado de la interacción definida entre ambos -él y su medio ambiente.

3. La separación entre el hombre (la personalidad) y el alma, que produce sucesivamente:

a. Una dominante personalidad egoísta.

b. Un místico práctico, consciente de la necesidad de fusionarse y unificarse.

Análogos estados de conciencia existen en el adolescente y en el hombre que se va integrando al trabajo que debe realizar en su vida y también en el aspirante reflexivo. Esto sucede aunque sus pensamientos, propósitos y ambiciones estén egoístamente polarizados o espiritualmente orientados. El sentido de separatividad, la necesidad de ser orientado, el proceso de tender el puente y el esencial sentido de haber logrado la realización, son idénticos en ambos casos.

Cuando el sicólogo enfrenta estas situaciones debería regirse por ciertas reglas y ciertas premisas generales que eventualmente deberían ser aceptadas por el sujeto que constituye el caso-problema. Estas mismas reglas y premisas pueden ser consideradas y aceptadas por el hombre que sin la ayuda de un sicólogo entrenado ha sido capaz de entrenarse a sí mismo y de eliminar las separaciones. Tales premisas fundamentales son:

1. Que toda dificultad sicológica es universal y no única. Considerarla única -con su tendencia separatista y su consabida soledad- es, a menudo, el factor omniabsorbente. Hace que la personalidad se sienta demasiado importante, y esto debería rechazarse definitivamente.

2. Que la crisis enfrentada indica progreso y oportunidad y no desastre y fracaso. El paciente (¿puedo emplear este término?) debe comprender que la raza ha progresado hasta alcanzar su actual punto de evolución por haber pasado crisis similares. Así también progresa el ente humano individual. En último análisis, las crisis sicológicas indican los pasos progresivos dados en el Camino, trayendo la necesidad de realizar un esfuerzo y, al mismo tiempo, un sentido de adquisición y liberación cuando fueron superadas, vencidas y resueltas.

3. Que el poder para lograr la necesaria integración y dar fin a un ciclo en que se siente la dualidad, reside dentro del hombre mismo, porque:

a. El desasosiego, la falta de coordinación, el dolor y la angustia, son síntomas de aspiración, quizás incomprendida, pero existentes. Son reacciones de los aspectos integrados contra ese aspecto que está tratando de integrarse.

b. El aspecto a integrarse es esencialmente más poderoso que los aspectos inferiores que están a la expectativa, pues ellos son negativos o receptivos, y el que debe ser comprendido y aceptado es positivo y dinámico. De allí el sentimiento de desasosiego.

4. Que la capacidad innata de esa criatura imaginativa, el hombre, para actuar “como si”, contiene la solución del problema. Si emplea la imaginación creadora puede tenderse y construirse el puente entre el aspecto inferior y el superior. “Como el hombre piensa, anhela y quiere” así es él. Tal es la enunciación de un hecho inmutable.” (288)

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“En todas partes los hombres aspiran a obtener libertad, comprensión mutua, buenas condiciones de vida, correctos modos de pensar grupales y personales y correctas relaciones externas e internas. Este hecho generalmente se reconoce. La humanidad está hastiada y cansada de los malsanos modos de vivir, de la explotación de los indefensos, del aumento del descontento y de la centralización del poder en manos erróneas y egoístas. Ansía la paz, correctas relaciones, adecuada distribución del tiempo y la comprensión y empleo correcto del dinero. Estas modalidades poco comunes son de naturaleza profundamente espiritual.

¿Qué resultados han traído dichos desarrollos en el gobierno espiritual subjetivo y en el mundo de los asuntos humanos?

Ante todo y en forma predominante, la evocación de un Acercamiento conjunto: uno lo constituye el anhelo y el deseo de la Jerarquía de solucionar el problema humano, el reajuste del sufrimiento humano y también el correcto surgimiento del gobierno espiritual (gobierno de correctos valores) ; el otro consiste en la determinación del hombre de crear correctas condiciones y situaciones ambientales donde puedan desarrollarse adecuadamente los seres humanos y percibirse y reconocerse los verdaderos valores. Es aquí donde la Jerarquía y la humanidad están unificadas. No tiene gran importancia que infinidad de seres humanos estén tan poco desarrollados que no puedan captar debidamente estas aspiraciones, pues trabajan inconscientemente para lograr los mismos fines que la Jerarquía.” (289)

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“Los problemas de la meditación y sus resultados: la Iluminación.

Ante todo quisiera señalar que cuando empleo aquí la palabra meditación lo hago en una de sus acepciones. El intenso enfoque mental que produce indebido énfasis mental, actitudes equivocadas y un vivir antisocial, es también una forma de meditación, pero realizada totalmente en la periferia de la pequeña zona mental de determinado individuo. Esta enunciación es real e importante, lo cual restringe e impide todo contacto con otras zonas de percepción mental, provocando un intenso estímulo mental unilateral, de índole particularmente poderoso, que no tiene salida, excepto hacia el cerebro, mediante la naturaleza de deseo. La meditación que mencionaremos en esta parte del estudio se refiere al enfoque y a la actitud mentales que tratan de relacionarse con lo que existe más allá del mundo mental del individuo. Constituye parte de un esfuerzo que lo pondrá en contacto con los mundos que están más allá del fenoménico y del ser. Expongo esto así a fin de impartir las ideas de expansión, inclusión e iluminación. Tales expansiones y actitudes no deberían convertir al hombre en un ser antisocial, o aprisionarlo en una celda fabricada por sí mismo. Deberían convertirlo en un ciudadano del mundo; inducir en él el deseo de mezclarse y fusionarse con sus semejantes; despertarlo a las más elevadas premisas y realidades, y arrojar luz en los lugares oscuros de su vida y en los de la entera humanidad. Los problemas que surgen como resultado de la iluminación, son prácticamente contrarios a los que acabamos de considerar, no obstante, constituyen a su vez verdaderos problemas que deben ser enfrentados, porque las personas inteligentes del mundo están ahora aprendiendo a meditar en amplia escala. Muchas cosas inducen a esta tendencia hacia la meditación. A veces la fuerza de la circunstancia económica obliga al hombre a concentrarse y la concentración es uno de los primeros pasos en el proceso de la meditación; otras, es el anhelo de realizar un trabajo creador que lleva al hombre a perseguir algún tema o materia, para expresar su creatividad. Si los hombres sólo se interesaran en forma académica por el poder del pensamiento, o si por una vislumbre de la visión se convirtieran en estudiantes de la verdadera meditación (mística u ocultista), tendríamos el hecho de que surgirían serios problemas, aparecerían condiciones peligrosas y, la naturaleza inferior, en cada caso, evidenciaría la necesidad de adaptarse a los impulsos o demandas superiores o, si no lo hicieran, sufrirían como consecuencia muchas dificultades. Deben hacerse los reajustes necesarios, o sobrevendrán inevitablemente desórdenes sicológicos, sicopáticos y nerviosos.

Quiero recordarles, nuevamente, que la razón de esto radica en que el hombre ve, conoce y comprende más de lo que es capaz de hacerlo como una simple personalidad que actúa en los tres mundos, estando por lo tanto, en un verdadero sentido, ajeno al mundo de la actividad del alma. Ha “dejado entrar” energías más fuertes que las fuerzas que él generalmente percibe. Son intrínsecamente fuertes aunque aparentemente no son las más fuertes debido a los hábitos muy arraigados y a los antiguos ritmos de las fuerzas de la personalidad con las cuales entra en conflicto la energía del alma. Necesariamente esto conduce a tensiones y dificultades, y a no ser que exista una adecuada comprensión de esta lucha, podrán producirse terribles resultados que el sicólogo entrenado deberá estar preparado para enfrentarlos.” (290)

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“El hombre que sufre por las revelaciones de la luz en los tres mundos (particularmente en el mundo astral) está haciendo realmente dos cosas:

1. Permanece en una condición relativamente estática en lo que concierne a su progreso superior; observa el confuso caleidoscopio del plano astral con interés y atención. Quizás no esté activo en ese plano ni se identifique conscientemente con el mismo, pero por el momento satisface su interés, mental y emocionalmente, mantiene su atención y despierta su curiosidad, aunque al mismo tiempo lo critique. Por lo tanto, pierde el tiempo rodeándose continuamente de nuevas capas de formas mentales, resultado de su pensamiento sobre lo que ve u oye. Esto es peligroso y debería terminarse con ello. Es necesario que todos los aspirantes y discípulos se interesen inteligentemente por el mundo del espejismo y de la ilusión, para poder liberarse de su esclavitud, pues de lo contrario nunca lo comprenderán ni controlarán. Una dedicación prolongada en esa vida y una completa absorción en sus fenómenos son peligrosos y esclavizantes.

2. El interés evocado en estos casos indeseables es tal, que el hombre

a. llega a estar completamente sometido al espejismo,
b. desciende (hablando simbólicamente) a su nivel,
c. reacciona sensoriamente a sus fenómenos, a menudo con placer y deleite,
d. evoca las antiguas facultades de clarividencia y clariaudiencia,
e. se convierte en un síquico inferior y acepta todo lo que le revelan los poderes síquicos inferiores.” (291)

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(287) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. a. Problema de la Separatividad. (pág. 324)
(288) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. a. Problema de la Separatividad. (pág. 327)
(289) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo. (pág. 345)
(290) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo. Los problemas de la meditación y sus resultados: la Iluminación. (pág. 355)
(291) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. c. Problemas del Estímulo. Los problemas de la meditación y sus resultados: la Iluminación. (pág. 364)



(CONTINUARÁ)

miércoles, 6 de febrero de 2019

EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO (XXVIII) - Tratado de los Siete Rayos. VOL. 2 - Psicología Esotérica II (V)


Este artículo es la continuación de El Dolor y el Sufrimiento (XXVII)

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Como en otras ocasiones, para realizar este estudio he intentado hacer una recopilación exhaustiva de extractos de todos los libros del Maestro y de Alice A. Bailey (25) que tratan sobre estos temas, aunque dada la extensión de toda la obra del Tibetano, podría ser que faltase algún fragmento.

Cada fragmento viene precedido por el título del libro, capítulo y/o sección de donde procede el texto, por si se desea ampliar la información mas allá de lo relacionado estrictamente con el tema.

Las conclusiones (cuando las haya) son personales, por tanto, como tales no tiene porque estarse de acuerdo con las mismas. Son reflexiones e interpretaciones propias de los extractos del Tibetano.

En la última entrada que se publique sobre el tema, si lo deseáis, podréis descargaros la recopilación completa en un documento en formato pdf.

Espero que la lectura de estos artículos (que iré publicando progresivamente al ser demasiado extensa toda la recopilación) pueda seros de utilidad.


Dani

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Tratado de los Siete Rayos. Vol. 2 - Psicología Esotérica II (1942)


“Se dice que transcurre mucho tiempo entre la primera iniciación y la segunda (donde culmina la Crisis de Apropiación en el sendero ascendente). Hay aquí también una analogía de los primitivos acontecimientos, pues ha transcurrido mucho tiempo desde que tuvo lugar la individualización, técnicamente entendida, que fue el primer gran acercamiento del alma ocurrido en días de Lemuria o en crisis anteriores en el planeta muerto, la Luna. Así como la forma del hombre animal tuvo que alcanzar cierto grado de desarrollo, también la forma humana tiene que alcanzar hoy el nivel de integración de la personalidad antes de que pueda repetir conscientemente el Acercamiento de Apropiación.

Luego tiene lugar en la vida del aspirante un período en el que pasa del sendero de probación al del discipulado, resultado de la actividad que, en la vida de la personalidad individual, es el reflejo del Acercamiento de Aceptación, que se produce en el campo de batalla del plano astral. Allí el discípulo acepta conscientemente, el inevitable proceso de transmutación que debe efectuarse antes de que la personalidad pueda llegar a ser un instrumento apto para el alma. Permanece entre los pares de opuestos, aprendiendo el secreto de la dualidad y fijo en el punto medio, como Arjuna, busca el camino de salida, y eventualmente acepta la tarea que tiene por delante. Ésta es la etapa de sumisión, a la cual todo discípulo se somete.

Mediante la aceptación, el aspecto astral de la personalidad se pone en línea con el propósito divino del alma que mora internamente, lo cual no es una débil y negativa sumisión ni una penosa y afable aceptación de la así denominada Voluntad de Dios, sino la positiva y dinámica posición o actitud, en el campo de batalla de la vida. Esta actitud reconoce, correctamente, como hizo Arjuna, las exigencias de los dos ejércitos (el del Señor y el de la Personalidad) y mientras acepta la realidad del caso, el discípulo permanece firme y lucha lo mejor que puede por obtener el privilegio de la comprensión y la actitud correcta. Así como el alma en días lejanos accedió y dio el “toque de aceptación” a la obligación asumida, cuando tuvo lugar el acercamiento de apropiación, y las demandas de la personalidad al alma se hicieron cada vez más definidas, ahora la personalidad invierte el proceso y reconoce las demandas del alma. Esto marca, como puede verse, una etapa bien definida en la vida del aspirante, producida por el desdichado sentido de dualidad, causa del malestar y el sufrimiento en la vida de todo discípulo.” (282)

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“Se observará también que los rayos que rigen a la mente incluyen a un rayo que vincula la naturaleza mental con el rayo del sistema solar, el rayo cósmico del amor. Este rayo vinculador es el cuarto Rayo de Armonía, que significa también Armonía a través del Conflicto, rayo muy importante, porque nos da la clave del problema del dolor y del sufrimiento.” (283)

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“Por lo tanto, el problema del aspirante de sexto rayo es liberarse de la esclavitud de la forma (aunque no de ella) y permanecer tranquilamente en el centro, así como el discípulo de tercer rayo debe aprender a hacerlo, aprendiendo a obtener amplitud de visión y un correcto sentido de proporción. Siempre carece de estas dos cualidades, hasta que llega el momento en que se afirma y se alinea con las visiones, las formas verdaderas y los sueños de la realidad y descubre que detrás de todas ellas se hallan Dios y sus semejantes. Sólo entonces se puede confiar en que trabajará con el Plan.

El alineamiento producido por este “modo pacífico de estar quieto” provoca lógicamente una crisis y es muy difícil que el aspirante la resuelva. Durante esta crisis le parece que ha sido desposeído de todo incentivo, móvil, sensación, estima de los demás y hasta del propósito de la vida. El concepto de “mi verdad, mi maestro, mi idea, mi modo”, lo abandona y no tiene con que reemplazarlo. Por pertenecer al sexto rayo y estar, por lo tanto, vinculado al mundo de la vida síquica astral, el sexto plano, es peculiarmente sensible a sus propias reacciones y a las ideas de otros, en lo que a él y a sus verdades concierne. Se siente tonto y cree que los demás piensan que lo es. La crisis es por lo tanto grave, porque tiene que lograr un completo reajuste del Yo con el yo. Su fanatismo, devoción, su manera frenética de impulsarse a si mismo y a los demás, sus esfuerzos perdidos y su falta de comprensión del punto de vista que sostienen otros han desaparecido, pero todavía nada los ha reemplazado. Lo embarga el sentido de futilidad y el mundo oscila bajo sus pies. Entonces debe permanecer quieto en el centro, fijar los ojos en el alma y cesar toda actividad durante un breve período de tiempo, hasta que irrumpa la luz.

Es interesante observar que cuando el Maestro Jesús estaba en la cruz experimentó (en una vuelta de la espiral mucho más elevada de lo que le es posible al discípulo) la máxima culminación de dicha crisis, aunque en Su caso -por estar sintonizado con Dios y con todos los hijos de Dios- tuvo que sufrir todos los padecimientos de los discípulos del mundo y toda la agonía que implica la percepción astral del sufrimiento expresado en las agonizantes palabras “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”.

Pero al encarar la futilidad y al enfrentarse a sí mismo se entregó a la vida que está en el centro, y allí se mantuvo equilibrado y quieto y, aunque alerta, la luz irrumpirá y revelará al discípulo lo que necesita saber. Así aprende a expresar ese amor incluyente que es su principal requisito y a abandonar la actitud estrecha y centrada que hasta entonces ha considerado como amor. Acepta todas las visiones, si sirven para elevar y confortar a sus hermanos; acepta todas las verdades si son medios de revelación para otras mentes, y acepta todos los sueños, si pueden servir como incentivo para sus semejantes. Participa en todo ello, no obstante mantiene su equilibrada posición en el centro.” (284)

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“…el desarrollo humano se efectúa por una serie de integraciones, de procesos de coordinación o síntesis, implicando (especialmente cuando la inteligencia comienza a controlar) el sentido de separación o dualidad. Estas integraciones, en lo que se refiere a la humanidad, subyacen en un pasado lejano, tienen lugar en la actualidad y lo tendrán en el futuro.

Integraciones Pasadas.

Entre los cuerpos animal y vital.
Entre ambos y la naturaleza sensoria de deseo.
Entre estos tres y la mente concreta inferior.

Integraciones Presentes.

Entre los cuatro aspectos mencionados, produciendo así una personalidad coordinada.

Integración Futura.

Entre la personalidad y el alma.

Existen otras integraciones superiores a las cuales no me referiré aquí. Se alcanzan mediante los procesos de la iniciación y el servicio. Debe recordarse que en la historia racial han tenido lugar en forma inconsciente, muchas de estas integraciones como resultado del estímulo de la vida, del impulso evolutivo, de los procesos normales del vivir, de la experiencia por medio del contacto con el medio ambiente y también de la satisfacción, que conduce a la saciedad de la naturaleza de deseos. Pero llega un momento en el desarrollo racial, como en las vidas de los individuos, en que el ciego proceso de la pasividad evolutiva se convierte en un viviente esfuerzo consciente, y es exactamente en este punto donde se halla la humanidad hoy. De allí la comprensión del problema humano en términos de la sicología moderna; el sufrimiento tan ampliamente extendido de los entes humanos en todas partes; el esfuerzo que debe realizar la educación moderna, y de allí también la aparición en amplia escala en todos los países, del creciente número de tres tipos de personas, los que:

a. son conscientes de la separación;
b. están realizando la integración con mucho sufrimiento y grandes dificultades, más
c. esas personalidades o individuos integrados, que son dominadores.” (285)

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“La dificultad reside hoy en que tenemos, en todas partes, personas que se hallan en diferentes etapas del proceso integrador; todas se hallan en un “estado de crisis” y proporcionando, por lo tanto, los problemas de la sicología moderna.

Estos problemas pueden clasificarse en forma precisa en tres grupos principales:

a. Los Problemas de la Separatividad. son a su vez de dos tipos:

1. Los problemas de integración.
2. Los que surgen de un sentido de dualidad.

Este sentido de dualidad, resultado de la separación realizada, abarca desde las dificultades de la doble personalidad que sufren tantas personas, hasta las del místico, por su énfasis puesto en el que ama y el amado, en el que busca y el buscado, en Dios y Su hijo.

b. Los Problemas de la Integración producen la mayoría de las dificultades de las personas más evolucionadas.

c. Los Problemas del Estímulo surgen como resultado de una síntesis e integración logradas, produciendo, en consecuencia, una desacostumbrada afluencia de energía, la cual puede expresarse como desmedida ambición, sentido de poder, deseo de influencia personal, o como poder y fuerza verdaderamente espirituales. Sin embargo, en todos los casos es necesaria una comprensión y manejo cuidadoso de los fenómenos resultantes.

De estos problemas además surgen:

1. Los Problemas Mentales. Aparecerán ciertos complejos definidos cuando se haya logrado integrar la mente con los tres aspectos inferiores y será útil reflexionar sobre ello.

2. Las Enfermedades de los Místicos. Conciernen a esas actitudes de la mente, a las complejas ideas y “empresas espirituales” que afectan a quienes se inclinan al misticismo o se dan cuenta del dualismo espiritual, al cual se refirió San Pablo en la Epístola a los Romanos.

“Sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido bajo el pecado.

Porque lo que hago no lo entiendo, pues el bien que quiero no hago; sino hago lo que aborrezco.

Y si hago lo que no quiero, consiento que la ley es buena.

De manera que no soy yo quien lo hace sino el pecado que mora en mi.

Porque sé que en mí (es decir en mi carne) no mora el bien, porque en querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mi.

Así que, queriendo hacer el bien, descubro la ley: que el mal está en mi.
Porque según el hombre interno, me deleito en la Ley de Dios.

Mas veo otra ley en mis miembros rebelándose contra la ley de mi mente y me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

Miserable de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» (Romanos VII, 14-24.)” (286)
           
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(282) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. I. Apropiación de los Cuerpos. (pág. 216)
(283) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. I. Apropiación de los Cuerpos. (pág. 226)
(284) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. II. La Coordinación de la Personalidad. a. Siete Técnicas de Integración. Sexto Rayo. (pág. 289)
(285) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. Introducción. (pág. 313)
(286) CAPITULO II. El Rayo de la Personalidad. III. Algunos Problemas Psicológicos. a. Problema de la Separatividad. (pág. 315)