viernes, 15 de diciembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Conciencia (VI) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -


(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)
 

*       “El átomo puede considerarse como la Vida central manifestada por medio de la forma esferoidal, expresando la facultad mental; el átomo humano también puede ser considerado como una positiva vida central que utiliza una forma y denota las dis­tintas cualidades ya enumeradas; si nuestra hi­pótesis sobre el átomo es correcta y si estamos en lo cier­to al considerar al ser humano como un átomo, podríamos entonces aplicar este primer concepto al planeta y decir que en el átomo planetario reside una excelsa Vida manifestada a través de una forma, denotando cualidades específicas al llevar a cabo una meta específica; por último podemos extender este concepto a la gran esfera del sistema solar y a la Deidad que mora en ella.”





*          “La palabra conciencia deriva de dos palabras latinas: con, con, y scio, saber, y literalmente significa "aquello por lo cual conocemos". “Trataremos tres tipos de conciencia: conciencia absoluta, conciencia universal y conciencia individual. De los tres, sólo dos pue­den definirse más o menos con claridad.”





*          “La conciencia absoluta, un autor la define como "la conciencia en que existe todo, tanto lo posible como lo actual" y concierne a todo lo que puede concebirse como que ocurrió, está ocurriendo u ocurrirá. Posiblemente, ésta es la conciencia absoluta, y desde el punto de vista humano es la conciencia de Dios, que contiene en sí el pasado, el presente y el futuro. La conciencia universal podría definírsela como la conciencia que piensa en tiempo y espacio, conciencia con ideas de ubicación y suce­sión, involucradas en sí, o, en realidad, conciencia grupal, el grupo mismo formando una unidad mayor o menor. Fi­nalmente, la conciencia individual puede definirse como esa medida de conciencia universal, que la unidad separada puede alcanzar y concebir de sí misma.”





*        “El átomo debe ser considerado en el cuer­po humano como una minúscula entidad, una diminuta vida inteligente y una microscópica esfera activa. Tomemos ahora la pequeña célula como punto de partida y obtendre­mos por su intermedio algún concepto de lo que son estos tres tipos de conciencia, observándolos desde el punto de vista del átomo y del hombre. Para el pequeño átomo en el cuerpo del hombre, la conciencia individual sería su propia vida vibratoria, su interna actividad y todo cuanto específi­camente le concierne. Para la pequeña célula, la conciencia universal podría ser la conciencia de todo el cuerpo fí­sico, observándolo como la unidad que incorpora al átomo. Para el átomo, la conciencia absoluta sería la conciencia del hombre pensante que energetiza el cuerpo, lo cual re­sultaría para el átomo algo tan remoto, desde su propia vida interna, que le sería prácticamente inconcebible e incognos­cible; sin embargo arrastra, dentro de la línea de su volun­tad, a la forma y al átomo que está en la forma y a todo lo que ello concierne. Esto puede aplicarse al hombre, vién­dolo como un átomo o célula del cuerpo de una excelsa Entidad, de allí que podamos aplicar este concepto a tres tipos de conciencia.”

         



*          “La auto-conciencia debe considerarse como la consumación del evolutivo desenvolvimiento de la conciencia en los tres reinos inferiores.





*          “En la materia ató­mica, lo único que podemos afirmar con seguridad es que denota inteligencia, poder de seleccionar y discriminar. És­te es el rasgo predominante de la conciencia al manifes­tarse por medio del reino mineral. En el reino vegetal apa­rece otra cualidad, la de sensación o sensibilidad rudimen­tarias, que responden en forma distinta de la del mineral. En el reino animal, aparece una tercera reacción, el animal no sólo demuestra señales de sensación en acrecentado gra­do, análogamente a la respuesta del reino vegetal, sino que manifiesta señales de intelecto o mente embrionaria. El ins­tinto es una facultad que poseen todos los animales. En estos reinos existen distintos grados y tipos de conciencia, mientras que en el hombre tenemos los primeros síntomas de la autoconsciencia, o la facultad con que el hombre se hace consciente de que es una entidad separada, el impulso inmanente en el cuerpo, que está en proceso de hacerse consciente a través de dicho cuerpo.



El método del desarrollo evolutivo de la conciencia de un ser humano es la repetición, en una vuelta más elevada de la espiral, de las dos etapas observadas en la evolución del átomo, la de la energía atómica y la de coherencia grupal. Actualmente podemos ver en el mundo a la familia humana en la etapa atómica, manifestación que conduce a una meta aún no lograda, la etapa grupal.



Consideremos ahora las etapas del átomo y de la forma, y veamos cómo se desarrolla la conciencia humana, teniendo en cuenta que en el átomo humano está acumulado todo lo adquirido en los tres reinos inferiores de la naturaleza, en las primeras etapas. El hombre es el beneficiario de ese vasto proceso evolutivo que quedó atrás. Comienza con lo adquiri­do, latente en él. Es autoconsciente y tiene ante si una meta definida, el logro de la conciencia grupal. El logro de la autoconsciencia constituye la meta para el átomo sustancia. La finalidad para el hombre consiste en adquirir mayor Conciencia y un campo más amplio.



La etapa atómica que estamos considerando es pecu­liarmente interesante, interesante porque en ella se halla la mayoría de la humanidad. Pasamos allí el indispensable pe­ríodo de la autocentralización, ciclo en que el hombre se ocupa principalmente de sus propios asuntos, de lo que le interesa, y vive su propia vida interna vibratoria, intensa­mente. Durante un largo período y quizás también en la actual etapa (creo que nadie debe ofenderse si no ha alcan­zado la perfección ni la meta), somos intensamente egoístas, y sólo nos interesamos mentalmente de lo que sucede en el mundo y, probablemente, lo hacemos por compasión o des­agrado, o porque es común. A pesar de esta actitud mental, ponemos la atención en lo que atañe a nuestra vida indivi­dual. Estamos en la etapa atómica y somos intensamente ac­tivos respecto a nuestros problemas personales. Si observa­mos las multitudes en las calles de una gran ciudad populo­sa, veremos por todas partes personas en la etapa atómica, centradas en sí mismas, preocupadas únicamente en sus ne­gocios, procurando sus propios placeres, deseando sólo di­vertirse, e incidentalmente preocupadas en los asuntos que conciernen al grupo. Esta etapa es necesaria y protectora, de esencial valor para cada ente de la familia humana. Su comprensión nos hará pacientes con nuestros hermanos que con tanta frecuencia nos provocan irritabilidad.”





*          “Se le ha enseñado al hombre que él evo­luciona y llega a ser consciente, primeramente por medio de los cinco sentidos, después por el desarrollo de la facultad de discernimiento, conjuntamente con el desapasionamiento.”

“El yo oye y respon­de ocultamente a la vibración y se reconoce a sí mismo. Se hace consciente del no-yo y de su tangibilidad por medio del tacto, pero hasta actualizar la visión o consciente reconoci­miento, no se establece la relación entre ambos. El yo utiliza otros dos sentidos, el gusto y el olfato, al hacer sus contactos, pero no son tan esenciales como los tres primeros para desarrollar la percepción inteligente. Por medio de los cinco sentidos podemos efectuar cuantos contactos son posibles en el plano físico; por ellos aprendemos, crecemos, somos cons­cientes, nos desarrollamos, evolucionan los grandes instin­tos, constituyen los sentidos protectores, que no sólo nos permiten relacionarnos con nuestro medio ambiente, sino que nos protegen del mismo.”





*          “He aquí la fina­lidad de la evolución, el logro de la conciencia del verdadero yo por medio del no-yo.”



“Atravesamos un largo período o ciclo de muchas vidas donde nos identificamos con la forma y estamos tan unifi­cados con el no-yo que no vemos la diferencia, ocupándo­nos totalmente de las cosas transitorias y pasajeras. Esta identificación con el no-yo, trae dolores, insatisfacciones y sufrimientos en el mundo; sin embargo, debe recordarse que por medio de la reacción del yo sobre el no-yo, aprendemos inevitablemente y nos apartamos finalmente de lo imper­manente y lo irreal. Este ciclo de identificación con lo irreal va paralelo a la etapa de la conciencia individual. Así como el átomo de la sustancia debe abrirse camino hacia una for­ma y contribuir a vitalizar a una unidad mayor, también mediante la evolución de la conciencia, el átomo humano debe llegar a un punto en que reconozca su lugar en el Todo mayor, y cargar su responsabilidad en la actividad grupal.”



“Por medio del dolor y el sufrimiento, re­conoce que el no-yo es insuficiente, y busca externa e in­ternamente algo que satisfaga más adecuadamente sus necesidades.”



“Por lo tanto, hay indicios de que llega rápidamente la etapa de la forma y los hombres pasan del período atómico a algo infinitamente mejor y más grande. Comienza el hombre a sentir las vibraciones de esa ex­celsa Vida de cuyo cuerpo es un átomo; empieza en pequeña escala a responder conscientemente al magno llamado y a descubrir posibles canales mediante los cuales podrá com­prender a esa excelsa Vida que presiente, pero que no conoce aún. Si persiste en ello hallará al grupo al que pertenece, entonces cambiará su centro. Ya no estará limitado por su propio y pequeño muro atómico, sino que irá más allá, convirtiéndose a su vez, en parte consciente, inteligente y ac­tiva del Todo mayor.”





*          “La etapa en que el hombre al­canza la comprensión grupal y llega a participar conscientemente de las actividades del grupo se logra de dos maneras: por medio de la meditación y por una serie de iniciaciones.





*          “La verdadera meditación requiere intensa concentración mental, máximo control del pensamiento y una actitud equilibrada, que no es negativa ni positiva, sino un punto de equilibrio entre ambos extremos.”





“Cuando hayamos efectuado cierta medida de trabajo en la meditación y cultivado el interés por el grupo y no el propio, cuando des­arrollemos un cuerpo físico fuerte y sano, y controlemos el cuerpo emocional, para que no nos arrastre el deseo, y el cuerpo mental sea nuestro instrumento y no nuestro amo, entonces conoceremos el verdadero significado de la meditación.”



“Cuando el hombre, por la meditación, ha establecido contacto con su grupo al cual pertenece, y es cada vez más consciente del grupo, entonces se halla en la etapa en que puede recibir una serie de iniciaciones, según se las denomina, que son simplemente expansiones de conciencia obtenidas con la ayuda de Quienes alcanzaron la meta, están identificados con el grupo y son parte consciente del cuerpo del Hombre celestial.”



Cuando el átomo de sustancia entró a constituir parte de una forma, fue una iniciación para el átomo, conoció otro tipo de fuerza y se extendió su campo de contacto. Cuando la conciencia de los reinos vegetal y animal se fusionó y pasó del reino in­ferior al superior, constituyó una iniciación; cuando la conciencia del animal se expandió hacia la conciencia del hom­bre, tuvo lugar una iniciación aún mayor. Se entra en los cuatro reinos a través de una iniciación o expansión de conciencia. La familia humana tiene ante sí un quinto reino o espiritual, en el cual se ingresa mediante cierta iniciación. En todos estos casos la iniciación se logró con la ayuda de Quie­nes tienen conocimiento. De manera que en el esquema evo­lutivo no hay grandes separaciones entre un reino y otro, un estado de percepción y otro, sino un desarrollo gradual de conciencia, donde cada uno de nosotros desempeñamos y desempeñaremos nuestra parte. Si recordamos la universali­dad de la iniciación, obtendremos un proporcionado punto de vista. Cada vez que somos más conscientes de nuestro medio ambiente y aumenta nuestro contenido mental, es una iniciación en pequeña escala. Cada vez que nuestro horizon­te se dilata y pensamos y vemos con más amplitud, es una iniciación. En esto reside el valor de la vida y la magnitud de nuestra oportunidad.”



“Esa etapa final, donde recibimos ayuda definida de fuentes externas, no se debe a que los Grandes Seres ansían ayudarnos, llegar a nosotros y tratar de elevarnos; llega porque hemos realizado el trabajo nece­sario y nada puede evitar recibirla, pues nos corresponde por derecho. Quienes llegaron a la perfección, pueden y quieren ayudar, pero Sus manos están atadas si no hemos desempeñado nuestra parte en la tarea. Por lo tanto, nada de lo hecho se pierde para acrecentar nuestra utilidad en el mundo, mejorar nuestros cuerpos, adquirir dominio propio y equipar el cuerpo mental.”


(SIGUIENTE CAPÍTULO)

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