miércoles, 25 de octubre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Forma o la Evolución Grupal (IV) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -


(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)




*          La evolución procede desde esas diminutas diversifica­ciones llamadas átomos y moléculas; asciende hasta sus con­glomerados al constituirse en formas, y sigue a través de la construcción de esas formas a otras mayores, hasta formar el sistema solar en su totalidad. Todo prosigue de acuerdo a la ley, y las mismas leyes básicas rigen la evolución del átomo y de un sistema solar. El macrocosmos se repite en el hombre, el microcosmos, y éste a su vez se refleja en los átomos menores.”


*          La forma, según el diccionario, "es la configuración externa de un cuerpo", es decir, la manifestación externa de “algo” subjetivo por medio de “algo” objetivo. Plutarco lo define como:

 "Una idea es un ser incorpóreo que no tiene subsis­tencia propia, pero da forma y figura a la informe ma­teria, y es la causa de la manifestación."

Este concepto podemos aplicarlo desde una pequeña manifestación como la vida que da forma a un átomo, hasta una gran manifestación como la Vida que da forma a un Sistema Solar.

Según el apostol San Pablo: “por medio de cada vida humana o del conjunto de vidas que constituyen un sistema solar, Dios, me­diante la forma, cualquiera sea, está llevando a cabo una idea, un concepto específico, un detallado poema. El hombre es un pensamiento corporificado, y tal es el concepto latente en la definición de Plutarco. Tenemos en ella, primero, la idea de una entidad autoconsciente, después, el pensamiento o propósito que dicha entidad trata de expresar y, finalmen­te, el cuerpo o forma, resultado secuencial.”


*          “Se ha demostrado que los átomos poseen vestigios de mente y una rudimentaria inteligencia. El átomo demuestra po­seer la facultad de discernir y el poder de seleccionar, la capacidad de atraer o repeler.”

Inteligencia es la facultad de pensar o elegir, seleccionar y discernir. En realidad es ese algo abstracto e inexplicable que reside detrás de la gran ley de atracción y repulsión, una de las leyes básicas de la manifestación. Esta fundamental facul­tad de la inteligencia caracteriza a toda la materia atómica y rige también la construcción de las formas o conglomera­ción de átomos.”


*          “En la totalidad de las formas tenemos toda la naturaleza, tal como generalmente se comprende.”

“Ampliemos la idea, desde las formas individuales que constituyen cada uno de los cuatro reinos de la naturaleza, y considerémosla proporcionando esa forma aún mayor denominada reino y observemos a éste como una unidad consciente, formando un todo homogéneo. Así cada reino de la naturaleza puede considerarse como una forma a tra­vés de la cual puede manifestarse determinado tipo o grado de conciencia. También así, el conglomerado de formas animales constituye esa forma mayor o reino animal, que a su vez ocupa un lugar en un cuerpo aún mayor. Por medio de ese reino procura expresarse una vida consciente, y por el conglomerado de reinos trata de manifestarse una Vida subjetiva mayor.”

“A algunos les parece una hipótesis lógica, que así como el átomo químico es una infinitesimal forma o esfera, con un núcleo positivo, que mantiene girando a su alrededor los electrones negativos, también las formas de los reinos de la naturaleza son de análoga estructura, y sólo difieren en grado de conciencia o inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a los reinos como la expresión física de una gran vida subjetiva, y por lógicos pasos llegar a reconocer que cada unidad de la familia humana es un átomo en el cuerpo de esa Vida o Entidad superior, llamada en algunas Escri­turas, el Hombre celestial. Llegamos finalmente al concepto de que el sistema solar es sólo un conglomerado de los rei­nos de las formas y el Cuerpo de un Ser que Se expresa por su intermedio y lo utiliza para llevar a cabo un definido propósito y una idea central.”


*          El proceso de la construcción de formas podría resumirse en tres términos:

involución, o sea circundar de materia la vida subjetiva, método por el cual la Entidad inmanente se posesiona de su vehículo de expresión; evolución, o utilización de la forma por la vida subjetiva, su gradual perfeccionamiento y la final liberación de la vida aprisionada; la ley de atracción y repulsión, por la cual se coordinan el espíritu y la materia, la vida Central adquiere experiencia, expande su conciencia y por el empleo de esa particular forma logra el conocimiento y el control de si misma.

En cada forma existe una vida central o idea, que viene a la manifestación, revistiéndose cada vez más de sustancia, adoptando una forma o configuración adecuada a su necesidad y requerimiento, utilizán­dola como medio de expresión y, con el tiempo, liberándose de la forma circundante, a fin de adquirir otra más adecuada a su necesidad. Así, a través de todo tipo de forma, pro­gresa el espíritu o vida.”

“Tenemos en el primer caso el pro­ceso de involución. En este período se limita la vida dentro de la forma o envoltura, y este lento y prolongado proceso abarca millones y millones de años. En este gran ciclo par­ticipa todo tipo de vida. Concierne a la vida del Logos solar, manifestándose por medio de un sistema solar. Es parte del ciclo de vida del Espíritu planetario, manifestándose por medio de una esfera como nuestro planeta Tierra; incluye esa vida denominada humana, y atrae hacia el camino de su energía a esa diminuta vida que actúa por medio del átomo químico. Es el gran proceso del devenir, que hace posible la existencia y el ser. Después de este período de limitación, de gradual y creciente aprisionamiento y de descenso más profundo en la materia, le sigue otro de adap­tación, donde la vida y la forma se interrelacionan íntimamente; después viene el período en que se perfecciona esa relación interna. Entonces la forma está adecuada a las ne­cesidades de la vida y puede ser utilizada. A medida que la vida interna se desarrolla y amplia, se va cristalizando para­lelamente la forma, y ya no es apropiada como medio de expresión. Después del período de cristalización tenemos el de desintegración. La limitación, adaptación, utilización, cristalización y desintegración, constituyen las etapas que abarca la vida de una entidad o idea corporificada, de grado superior o inferior, que trata de expresarse por medio de la materia.”

Si aplicásemos lo anterior al ser humano se podría decir que:

Al tomar forma física es donde se ve el proceso de limitación, y tam­bién en los primeros días de rebeldía, cuando el hombre hen­chido de deseos, aspiraciones, ansiedades e ideales, es inca­paz de expresarlos o satisfacerlos. Llega después la etapa de adaptación, cuando el hombre comienza a utilizar lo que posee y a expresarse como mejor puede, por medio de las miríadas de vidas e inteligencias menores que constituyen sus cuerpos, físico, emocional y mental. Energetiza su triple forma, obligándola a obedecer sus mandatos y a cumplir sus propósitos; así lleva a cabo su plan, para bien o para mal. A esta etapa le sigue aquella en que utiliza la forma hasta donde es capaz, llegando a lo que denominamos ma­durez. Finalmente, en las etapas posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre reconoce lo inade­cuado de la misma, entonces sobreviene (lo que entendemos como) la muerte, ese momento en que el "aprisio­nado espíritu" escapa de los muros de su forma física.”

“Ideas análogas pueden aplicarse a todas las formas, no sólo a la del cuerpo físico humano; a formas de gobierno, de religión, de ciencia y de filosofía”


*          Para cada uno de los diferentes tipos y grados de áto­mos existe un propósito y una finalidad. Hay una meta para el átomo químico, hay una etapa de realización para el átomo humano, el hombre; algún día el átomo planetario manifestará su propósito fundamental y, eventualmente, se revelará la gran Idea que subyace detrás del sistema solar.”


*          El átomo entra en la construcción de las diferentes formas en distintas épocas y etapas, y cada vez adquiere algo de acuerdo a la fuerza y vida de la entidad que anima esa for­ma y mantiene su homogeneidad. Tomemos, por ejemplo, el átomo que se utiliza en la construcción de una forma del reino mineral; no sólo demuestra mente discernidora y selectiva, sino también elasticidad. En el reino vegetal aparecen estas dos cualidades y además una tercera, podría denominársela sensación rudimentaria. La inteligencia inicial del átomo adquiere algo durante la transición de una forma a otra y de un reino a otro. Acrecienta su respuesta al contacto y su percepción general. Cuando tratemos de la evolución de la conciencia consideraremos más ampliamen­te este punto; pero ahora me limito a demostrar que las formas del reino vegetal construidas por átomos, no sólo denotan discernidora inteligencia y elasticidad, sino tam­bién capacidad de sensación, o de lo que en el reino vegetal corresponde a la emoción o sentimiento, pues la emoción es amor rudimentario. Sigue luego el reino animal, donde las formas animales, no sólo demuestran las cualidades mencionadas, sino el instinto, o lo que algún día florecerá como mentalidad. Finalmente llegamos al ser humano, que muestra todas estas cualidades en un grado superior, pues el cuarto reino es el macrocosmos de los tres reinos inferio­res. El hombre demuestra actividad inteligente, es capaz de sentir emoción y amor y ha agregado otro factor, la volun­tad inteligente. Es la deidad de su propio y pequeño sistema. Y no sólo es consciente sino autoconsciente. Construye su propio cuerpo de manifestación, como lo construye el Logos, aunque en menor escala. Rige su sistema por la ley de atrac­ción y repulsión, lo mismo que el Logos, y energetiza y sin­tetiza su triple naturaleza en una coherente unidad. Es el tres en uno y el uno en tres, lo mismo que el Logos.”


*          “Todo átomo tiene su porvenir en el sistema solar. El átomo ultérrimo tiene ante sí una grandiosa meta, y a medida que transcurren los eones, la vida que lo anima pasará por los sucesivos reinos de la naturaleza, hasta llegar a su meta en el reino humano.”

“Ampliando la idea podemos considerar esa excelsa Entidad vida animadora del planeta, que contiene en Su conciencia todos los reinos de la naturaleza. ¿No sería posible que su Inteligencia, animadora de todo grupo y reino, fuera la meta para el hombre, el átomo humano? Quizás con el correr del tiempo, su actual conoci­miento pueda ser también el nuestro, y para Él y todas esas grandes Vidas que animan a los planetas del sistema solar, constituya la adquisición de esa grandiosa amplitud de conciencia que caracteriza a esa excelsa Existencia que es la vida animadora del sistema solar. Quizá sea verdad que entre los diversos grados de conciencia que se extienden desde el átomo químico y físico hasta el Logos del sistema solar, no haya separaciones ni bruscas transiciones, pero siempre hay una gradual expansión y evolución de una forma de mani­festación inteligente a otra, y siempre la vida dentro de la forma adquiere cualidad por medio de la experiencia.

Cuando hayamos arraigado esta idea en nuestra conciencia, cuando resulte evidente que existe un propósito y orientación que subyace en todo, cuando nos demos cuenta que nada ocurre que no sea resultado de la consciente voluntad de alguna entidad, y que todo lo que sucede tiene un definido objetivo y meta, entonces tendremos la clave de nosotros mismos y de todo lo que vemos suceder a nuestro alrededor en el mundo.”


*          “Resumiendo el pensamiento central de esta conferen­cia, tratemos de reconocer que no existe tal cosa como ma­teria inorgánica, que cada átomo es una vida, que todas las formas son vivientes y que cada una de ellas es la expresión de una entidad inmanente. Comprendamos que esto tam­bién atañe al conglomerado de formas. He aquí la clave de nosotros mismos y quizás la clave del enigma del sistema solar.”

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